Catedral |
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Hacia 1098, Alfonso VI donó a santo Domingo un solar para que edificara una
primera iglesia, que fue consagrada en 1106 por el obispo de Nájera, don Pedro Nazar, y
dedicada al Salvador y a Santa María en el misterio de la Asunción. La gran afluencia de
peregrinos, que acudían para venerar el cuerpo del santo fundador, hizo que pronto se
quedase pequeña. Así, hacia 1158 según unos autores, o diez años más tarde con
la colocación de su primera piedra por el monarca Alfonso VIII se emprendieron las
obras de construcción de una nueva iglesia. Consta de tres naves con transepto, y está rematada hacia oriente
por una cabecera con girola de siete tramos (a los que se abrían tres absidiolos
semicirculares, de los que hoy sólo se conserva el central). Sobre la cabecera se dispuso
una sorprendente tribuna cubierta con cuarto de cañón. Estas obras debían de estar ya
bastante avanzadas hacia 1180, cuando comenzaron a celebrarse allí los primeros oficios y
se produjo el traslado de la sede episcopal desde Nájera.
Cabecera y transepto se realizaron en este momento del tardorrománico, aunque el trazado original fue muy transformado entre fines del siglo XV y principios del XVI, debido a un desplome y a los trabajos de recubrimiento de la capilla mayor con una espectacular bóveda estrellada (realizada entre 1529 y 1531 por Juan de Rasines). Destacan en esta zona, los frentes de las pilastras del deambulatorio, en los que se talló, a modo de retablo de piedra, un Árbol de Jesé. Las naves corresponden ya al estilo gótico; sus
muros están realizados con sillares de arenisca, al igual que los soportes. Los soportes
son de núcleo cruciforme con columnas adosadas en los frentes y en los codillos; sobre
ellos voltean las bóvedas de crucería: cuatripartita sencilla, en las laterales, y
octopartita, en la central. En el siglo XIV, las obras llegaron ya hasta los pies del
templo y se realizaron el claustro y la sala capitular.
En el interior, cabe destacar, en el brazo norte del transepto, el retablo de Damián Forment, y en el sur, el sepulcro de Santo Domingo y el gallinero, testimonio del famoso milagro. En el exterior llama la atención la torre exenta, de sesenta y nueve metros, construida por Martín de Beratúa y acabada hacia 1766. |
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