Sepulcro gótico de San Juan |
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En 1474, los Condes de Haro don Pedro Fernández de Velasco y doña Beatriz
Manrique mandaron hacer un nuevo sepulcro para san Juan de Ortega, que iba a ser colocado
en la iglesia. Diez años después, el sepulcro ya estaba terminado. Sin embargo, el
traslado de los restos del santo a su nuevo emplazamiento se suspendió, por la ausencia
del obispo burgalés en la ceremonia. Los monjes decidieron que el cuerpo del santo
permaneciese en la capilla de San Nicolás y se llevase allí el sarcófago, que se
instaló el 23 de marzo de 1474. Durante las restauraciones efectuadas en el decenio de
1960, se traspasó al lugar que hoy ocupa en el centro del templo.
Se trata de un sepulcro de tipo baldaquino. Sobre
un alto basamento decorado con relieves alusivos a la vida y milagros del santo, se
dispone la imagen yacente en alabastro de Juan de Ortega, vestido como canónigo regular.
A su vez, encima de éste se levanta el baldaquino propiamente dicho, compuesto por una
serie de seis pilastras que apean unas bovedillas de crucería y arcos conopiales con el
intradós decorado con tracerías. Las pilastrillas presentan en sus peanas las figuras,
realizadas ya en el barroco, de seis santos que guardan estrecha relación con la Orden
Jerónima (santa Marta, santa Paula, santa Eustaquia, san Paulino de Nola, san Eusebio
Cremonense y el propio san Jerónimo). Por último, las pilastrillas se rematan en
pináculos, con ángeles portadores de los escudos de la familia que encargó el sepulcro,
entre los cuales se dispone una crestería calada.
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