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El pueblo nació al calor de una capilla y
alberguería allí establecidas en torno a 1115 por san Juan de
Ortega. A medida que pasaban los años, las numerosas personas que acudían a
venerar el cuerpo del fundador iban quedándose de modo permanente en las cercanías del
hospital, siempre con la autorización de los canónigos que lo regían. Así, fue
naciendo un núcleo de población que recibiría en 1202 un privilegio de Alfonso VIII.
Este documento, que hacía «aforados» a los que moraban en el lugar y les daba
libertades y normas para su gobierno, aunque les recordaba el vasallaje que debían al
monasterio, ha sido considerado como el momento en que el pueblo queda constituido como
tal, tomando el nombre del monasterio. Poco a poco el poblado fue creciendo y, cuando los
jerónimos se establecieron en el monasterio, el obispo de Burgos se comprometió a
alejarlo del convento, algo que nunca llegaría a realizarse.
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