Retablo Mayor |
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Desde 1496 hasta 1499 estuvieron trabajando en este retablo Gil de Siloé y Diego
de la Cruz, este último pintor burgalés que acompañaba siempre al maestro en los
contratos en que la obra exigía policromía.Es una composición extraordinariamente original, sin precedentes
conocidos en la historia de la escultura (aunque sí en la miniatura). La idea general se
asemeja a un gran tapiz con un esquema geométrico muy riguroso, compuesto por un gran
círculo central de rueda de ángeles que rodean a una magnífica Crucifixión, otros
cuatro círculos interiores y otros cuatro exteriores más pequeños con distintas
escenas. En la zona inferior, la estructuración
corresponde más a la manera de componer tradicional: predominan las verticales,
potenciadas por cuatro esculturas de santos de gran tamaño.
El hilo conductor de la iconografía del retablo
es la exaltación de la Eucaristía. Yarza nos resalta el paralelismo de este retablo con
los versos de Montesinos: «Oh, Hostia de hermosura/ cuan cercana es tu figura/ de los
ángeles en rueda». Se contemplan aquí diversos momentos de la Pasión, con la presencia
de la Trinidad. Los evangelistas, san Pedro, san Pablo, los cuatro padres de la Iglesia,
santa Catalina, san Juan Bautista, la Magdalena y Santiago el Mayor, testifican con su
presencia el sacrificio, son los pilares de la Iglesia. También están presentes las
armas de la Corona, sostenidas por ángeles, y los retratos de los monarcas, en relieve.
De madera policromada y obra de taller (con las
desigualdades en calidad que ello significa), constituye una obra única de la escultura
burgalesa, digno acompañante de los sepulcros reales a
los que sirve de fondo.
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