Monasterio de Santa María la Real de las Huelgas |
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Hacia 1180 el monarca castellano Alfonso VIII y su esposa Leonor Plantagenet
decidieron fundar un monasterio de monjas cistercienses. Aquella fundación, dependiente
en principio del monasterio de Tulebras (Navarra), desde 1187, por deseo de los reyes, se
convierte en casa madre de todas las abadías femeninas en territorio de Castilla y León.
Fue, además, escogida como panteón real. Es Santa María la Real de las Huelgas una
auténtica ciudad-monasterio, muy próxima al Hospital del Rey y situada, prácticamente,
sobre el Camino de Santiago en su salida hacia Palencia.
Las distintas construcciones se articulan en
torno a dos claustros. El más antiguo, tardorrománico, se conoce con el nombre de Claustrillas.
A él se abrirían en origen las primitivas dependencias monásticas. Las arquerías
claustrales se han relacionado con un maestro Ricardo, al que Alfonso VIII paga, en 1203,
por su trabajo en las obras del monasterio. En el ángulo nororiental se encuentra la
capilla de la Asunción, resto de la iglesia primitiva, más tarde remodelada. Este primer
conjunto claustral debió de levantarse a lo largo de las dos últimas décadas del siglo
XII y forma hoy parte de la clausura monástica, de manera que permanece cerrado al
visitante. Muy cerca se encuentra la capilla de Santiago.
Poco después comenzaron las obras de la iglesia
actual, con el anexo claustro de San Fernando. La iglesia, de grandes dimensiones para lo
que es habitual en una abacial femenina, cuenta con tres naves, largo transepto y cinco
ábsides en la cabecera (poligonal, el central, y rectos, al exterior, los laterales).
Todos se cubren con bóvedas de nervios. Los sepulcros de la familia real castellana se
distribuyeron por las tres naves.
Al norte de la iglesia se dispuso un atrio y una capilla funeraria dedicada a san Juan. A lo largo de todo el muro perimetral de este lado se desarrolla un pórtico que aloja monumentos funerarios; algunos pertenecen también a diferentes miembros de la realeza; otros son de dudosa atribución. Al sur se levantó el claustro, junto con las
dependencias necesarias para la vida de la comunidad organizadas en torno a las galerías
claustrales.
Hacia el este, se construyeron la sacristía, el
paso a la huerta y la sala capitular. Esta es la dependencia más llamativa, con cuatro
esbeltos soportes circulares en el centro sobre los que voltean nueve tramos de crucería
a gran altura. Toda la panda occidental estaba ocupada por una enorme cilla (bodega o
almacén), hoy Museo de telas. Quedan también restos de la
sala de monjas, refectorio, y muros perimetrales de cocina y calefactorio, en la panda
meridional. Otra construcción destacable es la capilla del Salvador, al suroeste.
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