Escalera Dorada |
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En el acta capitular del 4 de noviembre de 1519 se recogió esta noticia: el
obispo «quería tornar a fazer la escalera conforme a una traza que mostró Diego de
Syloe». El prelado es Juan Rodríguez de Fonseca, que había llegado a Burgos en 1514 y
que, muy pronto, vivió un abierto enfrentamiento con el cabildo. El motivo, la entrada
norte a la catedral y la escalera interior que salvaba el desnivel entre la calle y el
pavimento del templo. El obispo había mandado derribar esta escalera porque por allí entraba el aire frío y además las gentes aprovechaban la abertura para atravesar la ciudad de un extremo a otro, llevando consigo el ganado. En su lugar decidió abrir otra, al nivel de la iglesia, en el lado oriental del transepto; sería la puerta de la Pellejería, en la que trabaja Francisco de Colonia desde 1516. El cabildo mostró su rechazo, sobre todo porque el prelado había utilizado, sin consultar, parte de las rentas de la iglesia para financiar las obras. Quizá fue en desagravio que Rodríguez de Fonseca pensó reconstruirla en mejores condiciones. El artista, casi recién llegado a la ciudad, había trabajado en el sepulcro de Luis de Acuña. El resultado, una interesante obra artística. De espectacular e ingeniosa se califica esta escalera renacentista, sobre todo después de su reciente restauración. La obra permitía salvar tan considerable altura sin invadir el espacio del transepto y sin entorpecer el acceso desde Pellejería. Se inicia con un primer tramo central de escalones que terminan en meseta semicircular; de aquí parten, a derecha e izquierda, sendos ramales divergentes, e inmediatamente ascienden otros dos tramos, ahora convergentes, que confluyen en una meseta final, volada hacia el interior sobre una base poligonal, delante ya de la Coronería. El espacio que queda bajo los dos primeros ramales ascendentes se aprovechó para abrir unos arcosolios, y al fondo de la primera meseta central, se practicó otro gran arco muy profundo, rematado por entablamento, a modo de arco triunfal. Todo está decorado con magníficos relieves que se adecuan al nuevo lenguaje renacentista, igual que la robusta reja de hierro sobredorado, obra del francés Hilario. Por encima de todo ello, en el muro testero del transepto, la puerta quedó definitivamente cerrada. |
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