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Se trata del mejor sepulcro que se ha conservado en la Península Ibérica del románico
maduro (1170-1150). Procede del monasterio de monjas benedictinas de Santa Cruz de la
Seros en cuya capilla septentrional se conservó hasta 1622. El abandono en el que se
encontraba la iglesia aconsejó su traslado al nuevo monasterio, en el que se habían
establecido las monjas en la población de Jaca. Perdida la tapa, nos queda la caja sepulcral decorada por sus cuatro lados. En el
principal se incluyen tres escenas: dos laterales subordinadas a la central. En esta
última aparece una representación del alma de la difunta como una figura desnuda
asexuada envuelta en una mandorla que es sustentada por dos ángeles.
La escena lateral izquierda,
enmarcada por un arco de medio punto, representa un cortejo fúnebre compuesto por un
obispo con báculo y dos clérigos portando un incensario, una naveta y un libro
sacramental. La escena derecha, también bajo arco, incluye otras tres figuras, que deben
de corresponderse con la difunta sentada sobre una silla, portando un libro en su mano
derecha y acompañada de dos damas. En la cara inversa se representa el combate de dos
jinetes y Sansón desquijarando al león. Finalmente, los frentes menores: un crismón
(representación simbólica de Cristo) al que se decora como si se tratara de una pieza de
orfebrería, y dos grifos afrontados sobre sus cuartos traseros.
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