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El origen de la población de Jaca se encuentra en un castrum ubicado a orillas
del río Aragón. En 1035, el rey Ramiro I instaló en él la sede del nuevo reino de
Aragón. Un fuero concedido por su sucesor, Sancho Ramírez, entre 1063 y 1077 pone de
relieve la importancia adquirida por la población. Desde esta última fecha, con la sede
episcopal instalada, comienza a construirse la catedral. Además, llegó a contar con
cinco iglesias parroquiales (San Nicolás, San Ginés, Santiago, San Saturnino y San
Jaime) y dos hospitales (Espíritu Santo y San Juan).
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En 1096 la conquista de Huesca al poder musulmán
pone fin a la capitalidad de Jaca. A fines del siglo XI la documentación permite saber
que la villa estaba constituida por dos áreas principales: la antigua, conocida como de
San Nicolás, y el llamado Burgo Nuevo, al exterior de las murallas. Ya a fines del siglo
XVI, la fortificación de la plaza mediante una ciudadela pone fin a la existencia de este
último. En este periodo se instala en la población la comunidad de monjas procedente de
Santa Cruz de la Seros. A este nuevo monasterio de benedictinas, edificado en el solar de
la iglesia de San Ginés, fue trasladado el sepulcro románico de la infanta doña Sancha.
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