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Todavía
se mantiene en pie buena parte del recinto amurallado que circundaba la villa, en algunos
puntos realizado con aparejo de buenos sillares y en otros con cal y canto. La potencia de
la fortificación se aprecia por el grosor (que llega a alcanzar en ocasiones los tres
metros) de sus lienzos, rematados en almenas, y por los cubos que la jalonaban, de trece
metros de altura. Contaba
con cuatro grandes puertas, abiertas en los puntos cardinales. La del este o de Santa
María (también llamada de San Martín), de arco apuntado y con dos hornacinas con
imágenes de la Virgen, es la única que se conserva casi intacta; por ella se accede al
cementerio. Al oeste, se alzaba el Arco de San Agustín, del que únicamente persisten los
lienzos laterales. Por la del sur entraban los peregrinos, llamada por ese motivo del
Camino o de Santiago, y se salía por la del norte hacia el puente sobre el Esla; recibe
por ello esta puerta el nombre de Arco del Puente o del Portazgo.
Las partes más
antiguas de la muralla datan de la segunda mitad del XII. Corresponden a esta época las
zonas realizadas con sillares. El resto es bastante posterior: sabemos que en 1357 el rey
Pedro I de Castilla ordenó contribuir a la reparación de las murallas de Mansilla a
ciertos pobladores de la comarca que andaban en litigios con el concejo de la villa.
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