| Catedral | ![]() |
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Consagrada a Santa María de Regla, esta catedral
es el ejemplo más representativo de la introducción de la arquitectura gótica francesa
en nuestro país, aunque también se trata de una de las más afectadas por las
intervenciones restauradoras desde el siglo XIX. Se levantó sobre una antigua sede
prerrománica cuyo origen se remonta al siglo X.Los siglos XI y XII, entre los obispados de Pelayo (1065-1085) y Manrique de Lara (1181-1205), constituyen un periodo de gran actividad constructiva, en el que se suceden sendas ampliaciones románica y tardorrománica; esta última, a fines del siglo XII, coincide cronológicamente con uno de los momentos más fecundos para las catedrales del reino de León. En la renovación tardorrománica, relacionada con Manrique de Lara, se siguió trabajando durante las primeras décadas del siglo XIII. En torno a mediados de este siglo se debió de decidir la sustitución de esta iglesia por otra de dimensiones mucho mayores. En su materialización desempeñó un importante papel el obispo Martín Fernández (1254-1289), muy bien relacionado con el rey Alfonso X. Durante su episcopado se acumulan el mayor número de datos en relación con la fábrica gótica. Tiene tres naves de cinco tramos, un transepto muy profundo y una cabecera con girola y capillas radiales de seis lados. El coro primitivamente se situó en el presbiterio. La transición de la zona recta del templo a la radial se realiza por medio de un tramo estrecho, que se encuentra también en la catedral de Reims, con cuya planta siempre se ha comparado la de León. No obstante, es menor el desarrollo de sus naves en longitud y la forma de las capillas radiales de la cabecera está más próxima a la de Amiens. El alzado de la catedral leonesa remite también a la arquitectura gótica del Norte de Francia. La nave central organiza sus paramentos en tres pisos: arquerías de separación de naves, triforio y cuerpo de luces o claristorio. Existe una correlación perfecta entre empujes y respuestas; se logró una vertical visual continua al prolongar, sin solución de continuidad, arcos y nervios hasta el suelo. Se busca más la diafanidad del espacio que la elevación excesiva. La creación de ese espacio interior diáfano fue posible gracias a la apertura del triforio hacia el exterior y a la supresión total del muro bajo las bóvedas. El cierre, en fin, de esos huecos con magníficas vidrieras, permitió la transformación del espacio interior, de acuerdo con los principios espirituales que informaron el origen de la arquitectura gótica. De influencia francesa, con ciertas peculiaridades, es también la composición y la misma escultura que preside su pórtico occidental, la fachada norte (que sirve de tránsito al claustro desde la iglesia), o la portada meridional. |
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