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Basílica de
San Isidoro

Portada del Cordero   Portada del Perdón   Panteón Real   Museo de la Colegiata

pulse aquí para ampliar la imagenEl templo legionense de San Isidoro es una edificación  fundamental dentro de la conformación y difusión de las  formas del románico en el noroeste peninsular.

Los datos históricos sobre su proceso de construcción son numerosos, pero bastante confusos. Alfonso V (999-1027) erigió un modesto templo con muros de mampostería, dedicado a los santos Juan Bautista y Pelayo. Se dispuso en él un cementerio regio.

Fernando I y su esposa doña Sancha, hija de Alfonso V,  transformaron el edificio e incluyeron entre los titulares a san Isidoro, cuyas cenizas habían trasladado en 1063. Pronto comenzó a conocerse el templo con el nombre del último de sus patronos.

La hija de ambos, doña Urraca, continuó prestando especial atención a la vieja fundación familiar, constituida ya entonces en panteón real de la dinastía. Doña Urraca fue responsable de nuevas obras y ampliaciones en la iglesia desde los primeros años del siglo XII, que concluyeron con una solemne consagración el 6 de marzo de 1149.

pulse aquí para ampliar la imagenLa planta de la iglesia responde a un viejo prototipo monástico y catedralicio, con tres naves de seis tramos cada una, amplio crucero de una sola nave acusado sobre las colaterales y cabecera de tres ábsides semicirculares (el central sustituido por un gran presbiterio gótico). Los abovedamientos son de aristas para las naves laterales mientras que la nave central se cubre con bóveda de cañón.

En el interior, destaca el modo en el que se ha articulado la nave central con el fin de dotar al edificio de una sensación de mayor altura: una gran arquería de arcos de medio punto peraltados y, sobre ella, una secuencia de ventanas enmarcadas tanto superior como inferiormente por sendas impostas de motivo ajedrezado, que suavizan la impresión de gravidez que genera el cañón de la cubierta.

Destacan también los dos grandes arcos que comunican con los brazos del crucero. De gran diafanidad y altura, su intradós polilobulado de raigambre hispanomusulmana confiere una nota de exotismo. A los pies, y con acceso únicamente desde el interior del templo, se halla adosado el Panteón Real.

El ingreso desde el exterior se realiza a través de dos importantes portadas historiadas, abiertas en el muro meridional: la portada del Cordero y la portada del Perdón, ambas de los primeros años del siglo XII.

Algunas de las dependencias del templo son sede actual del Museo de la Colegiata.




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