El Pórtico de la Gloria |
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Constituye la entrada oeste de la
catedral, a la que se abre mediante tres grandes puertas, cuyos arcos voltean sobre cuatro
robustos pilares en cuyos fustes se adosaron imágenes de cuerpo entero denominadas estatuas-columna. Considerada como la gran portada historiada del período, en ella se sintetiza todo un ideario escatológico. El peso de la representación recae en las mencionadas
estatuas, adosadas a las columnas de las jambas que enmarcan los tres vanos: imágenes de
apóstoles, patriarcas y evangelistas enviados por Dios para difundir su mensaje, como
demuestran los rótulos de las cartelas que portan y que quedan convertidos, por su
posición en el conjunto, en intermediarios entre los peregrinos, a sus pies, y la gran
visión de la divinidad que ocupa el tímpano, sobre ellos.
Desde el punto de vista estilístico suponen la cota más alta a la que llegó la plástica románica peninsular. Los personajes constituyen un grupo animado, en el que las distintas figuras, individualizadas en sus rasgos, se giran, conversan entre sí, e incluso sonríen, en una escultura donde la nota dominante es el naturalismo, diametralmente opuesto al realismo de las primeras manifestaciones del estilo. Los brillantes colores con que fueron
policromados contribuyeron a dar vitalidad y dinamismo al conjunto.
De las tres puertas, únicamente la central
dispone de tímpano y en él se talló el Juicio Final, según la visión apocalíptica de
san Juan, presidida por Cristo en majestad rodeado por la corte celestial y ángeles que
portan los instrumentos de la Pasión. La imagen se completa con la representación de los
veinticuatro ancianos del Apocalipsis, que tocan instrumentos
musicales.
Florones y otros motivos vegetales con grandes
hojas carnosas (que contribuyen a dar efectos lumínicos de claroscuro) son la decoración
única de las arquivoltas de los vanos laterales. Soporta el peso del tímpano central el parteluz, presidido por una imagen monumental de Santiago
el Mayor sobre una columna de mármol, en cuya cara anterior se figura el Árbol de Jesé,
y el conocido Santo dos Croques en la interna.
Toda la obra del Pórtico se debe al Maestro Mateo, el artista más importante de su tiempo, que firmó su creación en los dinteles de los arcos tras su colocación, en 1188. |
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