FAETÓN.
¡Valedme, cielos!, que es
de vuestros claustros desdoro
que a ellos los celos se atrevan;
o perdonadme si rompo
de la carrera la línea,
alterando el orden todo
del día, que he de seguirla,
o morir en su socorro.
Mas ¿qué es esto? Los caballos
desbocados y furiosos, |
viéndose abatir al
suelo,
soberbios extrañan otro
nuevo camino
Y no, ¡ay triste!,
en esto resulta sólo
el desmán, sino en que ya
la cercanía del solio
de la ardiente luz de tantos
desmandados rayos rojos
montes y mares abrasa.Pedro Calderón
de la Barca
El hijo del Sol, Faetón, I, 1901 |