BALTASAR. Ya para
la excelsa torre
montes sobre montes juntan,
y la cerviz de la tierra,
de tan pesada coyunda
oprimida, la hacen que
tanta pesadumbre sufra,
bien que con el peso gima
bien que con la carga cruja.
Crece la máquina, y crece
la admiración, que la ayuda
a ser dos veces mayor, |
pues no
hay gentes que no acudan
a su edificio, hasta ver
que la inmensa torre suba
a ser támbico pilar;
a ser dórica columna,
embarazo de los vientos
y lisonja de la luna.
Ya con la empinada frente
la esfera abolla cerúlea,
y con el cuerpo en el aire;
tanto estorba como abulta;
Pedro Calderón de la Barca
La cena del rey Baltasar, III, 162 |