|
|

Nota: Pulse sobre las imágenes
para verlas ampliadas.
|
 |
La escena
Espacios:
El Buen Retiro
Varios son los espacios teatrales en
el Madrid de Calderón. Es cierto que los dos corrales de comedias el de la Cruz y
el del Príncipe serán los lugares propios y específicos para la representación
teatral, que ha llegado a la madurez de la profesionalización. Pero ello no significa que
hayan desaparecido otros espacios teatrales, todavía con una importancia significativa:
la calle era lugar de representación, pero también hubo teatro en interiores (salones
nobiliarios, casas particulares, conventos, etc.). A los teatros comerciales antes
mencionados, Cruz y Príncipe, se suma en 1640 uno nuevo, mejor dotado para la puesta en
escena: el Coliseo del Buen Retiro, que, entre otras, va a albergar esplendorosas
representaciones de la obra de Calderón de la Barca.
El Palacio
del Buen Retiro ofrece un resumen, en excelencia, de los espectáculos y diversiones del
Madrid del siglo XVII.
Como lugar de placer para el rey
acoge, además del teatro, espectáculos de lucha de animales, volatines, magia, juegos y
prácticas deportivas. Esto además del gran espectáculo-participación de la fiesta
cortesana, que, junto al cortejo, los carros triunfales, arquitecturas efímeras, etc.,
incluye toros, juegos de cañas, sortija, torneos, etc. Por otra parte, el Buen Retiro fue
lugar de recreo cortesano (caza, galanteo, banquetes
), como corresponde a un palacio
para la diversión y no para el gobierno. |

|
Escenografía del teatro cortesano Los espacios
escénicos del teatro cortesano ofrecen una gama rica de posibilidades, frente a las
limitaciones del corral de comedias. Además de la mayor riqueza escenográfica, el propio
lugar escénico ofrece muchas
y variadas formas de espectacularidad.
El jardín puede ser el lugar ideal
para que en una fiesta de teatro en el crepúsculo, hacia la noche, se articulen
sensaciones de vista, oído, olfato, en una perfecta simbiosis. Bastaría recordar
representaciones como las de La gloria de Niquea, de Villamediana, en el Jardín de
la Isla, o la de El vellocino de oro, de Lope de Vega, en el Jardín de los Negros,
en Aranjuez; incluso con la posibilidad de utilización escénica del río Tajo (hay otros
testimonios de teatro de jardín y teatro en las riberas de ríos).
El estanque del Palacio del Buen
Retiro, como mentido mar, conoció esplendorosas fiestas teatrales, en las que se
utilizaron barcos para la música y para la familia real, la isla central para la
representación, etc.
También los privados salones de la
realeza, como el salón Dorado, fueron no sólo el marco adecuado para complejas puestas
en escena de costosos medios, complicados efectos y espectaculares resultados, sino para
intercambios, en la envolvente teatralidad barroca, del rey y su corte aristocrática.
Otro tipo de consideración merecen
las representaciones en el Coliseo del Buen Retiro, que se inaugura en 1640, cuando ya
llevaban años funcionando el corral de la Cruz y el del Príncipe. Ofrece mayor comodidad
para el espectador, mejores condiciones acústicas y visuales y mayores posibilidades
escénicas, de acuerdo con su condición de coliseo.
Pero, aunque en recinto real, es
también teatro público, lo que nos llevaría a unas consideraciones no pertinentes aquí
en cuanto a la comparación de corral y coliseo.
El teatro cortesano se caracterizaba
por la espectacularidad visual y auditiva, muy costosa, coherente con los temas y con la
tensión embellecedora de la palabra teatral. Maquinaria, efectos escénicos, bastidores,
perspectiva, rico vestuario, etc., conseguían los buscados efectos de fiesta y regocijo
para los sentidos, y para ello colaboraban importantes escenógrafos como Fontana, Lotti,
Baccio del Bianco
, pintores, y los propios dramaturgos, con detalladas acotaciones
escénicas, abundantes e ilustrativas, frente a lo que era habitual en la comedia de
corral, aunque ésta también irá evolucionando hacia mayores cotas de espectacularidad,
llegando a los conocidos excesos del siglo XVIII.
Son extraordinariamente escasos los
testimonios gráficos que nos han llegado de estas puestas en escena cortesanas.
Pero los pocos que conocemos (Andrómeda y
Perseo; Los celos hacen estrellas; La fiera, el rayo y la piedra; Ypodamia
y Pelope) nos muestran la belleza de bastidores en perspectiva, el lujo del
vestuario, los efectos de la maquinaria escénica y
hasta la riqueza significativa del telón.
Por otra parte, hay una amplia
documentación que apoya con datos lo que los pocos testimonios visuales nos muestran. |

|
Escenografía del auto sacramentalEn torno al Corpus y su octava se ponían en escena, por
los años que nos ocupan, los autos sacramentales, acompañados de sus correspondientes
loas, entremeses y mojigangas. La representación se hacía en tablados a los que llegaban
los carros con los actores y el rico y complicado aparato escénico.
Estaba
sometida en época tan pagada de jerarquía y honor estamental a un riguroso y
detallado orden, con un perfecto diseño de ocupación del espacio urbano: rey,
autoridades de Consejo, religiosas, municipales, comisarios y pueblo general.
Por numerosos documentos de la
época (aparte de las memorias de apariencias) conocemos el empeño que ponía el
municipio en que este espectáculo anual alcanzara el máximo esplendor escénico de texto
y representación, para lo que atendía, con minucioso detalle, al estado de los carros,
la escenografía, el vestuario, los gigantes, la tarasca, las danzas, y tenía que
aprobar, tras la muestra, la representación.

Resultaba muy costoso para el
municipio este magno espectáculo de adoctrinamiento y exaltación eucarística,
testimonio de la colaboración entre el poder político y religioso en una época de fe
controlada. Pero, desterrando la idea de una cultura teológica y poética del
pueblo general, cabe preguntarse por la efectividad buscada de una fiesta teatral como la
del auto, de tan complicados conceptos teológicos y difíciles mecanismos de
significación. Hay, sin embargo, razones suficientes para afirmar que conseguían, en
distintos planos, sus intenciones y no gastaban su dinero de pólvora en salvas. |

|
Dramaturgos del Siglo
de OroLope de Vega (1562-1635)
Lope
Félix de Vega Carpio, nacido
y muerto en Madrid, conoce en su vida tres reinados: Felipe II, Felipe III y Felipe IV.
Con Felipe II inicia la
hazaña de crear con la comedia nueva el teatro nacional; con el segundo llega a la
madurez de piezas teatrales memorables (Fuente Ovejuna, Peribáñez y
el comendador de Ocaña, El villano en su rincón), los poemas de Rimas
Humanas y Rimas sacras, poemas épicos, novela pastoril (Los pastores de
Belén), bizantina (El peregrino en su patria); con el tercero da a luz, en su
desencantada vejez, tragedias como El castigo sin venganza, poemas de diversos
temas y géneros, novela corta (Novelas a Marcia Leonarda) y la
excelente novela dialogada La Dorotea, con sus múltiples elementos
autobiográficos.
Fue la vida de Lope, sin demasiado
sosiego para el estudio, un ajetreado itinerario por esposas y amantes (Elena Osorio,
Isabel de Urbina, Juana Guardo, Micaela Luján, Marta de Nevares
), sin que faltara
la experiencia militar, ni la sincera religiosidad cuando a los cincuenta y dos años se
hiciera sacerdote, ni el servicio a la nobleza con las habituales sumisiones. Por encima
de todo está, sin embargo, el gran poeta, desde la comedia a los íntimos poemas de amor.
Lope cultivó
con maestría los distintos géneros literarios del XVI-XVII: poesía amorosa,
religiosa, épica
; novela pastoril, dialogada, bizantina, etc.; pero con
alcanzar en su obra cotas de perfección su gran memorable hazaña fue la creación
del teatro nacional, de la comedia nueva, que sirvió de norma, pauta y modelo a los
dramaturgos posteriores y en la que nos dejó obras inolvidables.
Lope de Vega recoge y canaliza las expectativas
de un público, creando un teatro adecuado para mantener y renovar la asistencia a los
lugares fijos de representación, en busca de una «verosimilitud moderna»: incumple las
unidades aristotélicas, mezcla lo trágico con lo cómico, utiliza tensiones,
suspensiones, contrastes, polimetría, tres actos, desenlace feliz, pluralidad de niveles,
datos de la vida real para dar credibilidad a un mundo de «aventura», etc. Los grandes
conceptos de amor, honor, rey, etc., dan sentido a una variedad de temas y motivos:
historia, capa y espada, mitología, hagiografía, enredo, costumbres, etc. Este entramado
se hace altura de verso y dramaturgia en piezas memorables como El mejor alcalde, el
rey; Peribáñez y el Comendador de Ocaña; Fuente Ovejuna; El
villano en su rincón; El caballero de Olmedo; El acero de Madrid, etc. |

|
Tirso de Molina (1579-1648) Fray Gabriel Téllez, fraile
mercedario que conocemos como Tirso de Molina para
el teatro, es, dentro de la órbita de Lope de Vega, uno de los dramaturgos más
originales
e importantes del siglo XVII español, pero su carrera se trunca en 1625, bastantes
años antes de su muerte, al prohibirle la Junta de Reformación escribir teatro. Crece a
partir
de entonces su importancia en la orden de la Merced. Se señalan como rasgos de su obra la
claridad en la trama, la agudeza satírica, la profundización en los caracteres, su feminismo,
y su maestría en el uso del lenguaje en distintos registros y niveles...
Aportó al
drama bíblico tragedias como La venganza
de Tamar; al teatro hagiográfico piezas como La dama del olivar; al histórico
diversas obras como La prudencia en
la mujer; a la comedia de enredo Don Gil de las calzas verdes
Pero es
sobre todo recordado por El burlador
de Sevilla (el mito de don Juan), cuya paternidad hoy le discuten, y por El
condenado por desconfiado.
|

|
Francisco de Rojas (1607-1648) Aunque en el fondo siga estando Lope
de Vega, hay en el quehacer de este dramaturgo toledano ciertos rasgos que lo aproximan al
modo de hacer de Calderón, como son el uso de soliloquios y contrastes, su barroquismo
formal, sus continuadas metáforas... Por otra parte, demuestra Rojas asimismo una notable
capacidad para un cierto costumbrismo, con conseguidas escenas de gran comicidad y bien
delineados personajes caricaturescos en los márgenes de la comedia de figurón, tan del
gusto también de la época.
Cultiva Rojas en su teatro la variedad habitual de temas
y géneros: capa y espada (Entre bobos anda el juego),
santos (Nuestra Señora de Atocha), historia (El desafío
de Carlos V), la dualidad amor-honor (Sin honra no hay amistad), el auto
sacramental (La viña de Nabot)
, y también una forma de tragedia (Del rey
abajo, ninguno; o
Las áspides de Cleopatra).
|

|
Agustín
Moreto (1618-1669) La crítica
ha calificado a Moreto como «el Alarcón de la época de Calderón» por el sentido moral
que se encuentra en su teatro y la forma que se define en sus obras. Se le considera
dentro del modo de hacer calderoniano, pero es fundamental destacar en su trabajo de
dramaturgo, por otra parte, su capacidad para refundir con originalidad obras ajenas y su
habilidad para delinear situaciones de comicidad y crear tipos cómicos, figurones, y dar
nuevos sentidos y alcances al bien conocido gracioso.
Moreto
cultivó la variedad de géneros y motivos en el teatro del XVII: vida de
santos (San Francisco de Siena), historia (Los jueces
de Castilla), honor (El defensor de su agravio),
enredos y amores (El parecido en la Corte; El desdén, con el desdén),
figurón (El lindo don Diego), temas cervantinos (El
licenciado Vidriera)
, y también teatro menor de loas, entremeses,
bailes
|
|
|
|

| Índice |
| Portada del CVC |
| Obras de referencia | Actos culturales | Foros | Aula de lengua | Oteador |
| Rinconete | El trujamán |
| Enviar comentarios |
Centro Virtual Cervantes
© Instituto Cervantes (España), 2000-. Reservados todos los derechos.
|
|