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Calderón y el Siglo de Oro

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El campo

España en el siglo
XVII es un país fundamentalmente agrícola y ganadero, con un menor desarrollo industrial y comercial que otros países europeos, que se benefician de ello.

La agricultura se vio perjudicada tanto por las frecuentes sequías, que llevaban la miseria a los campos españoles, asolados también por los impuestos y rentas, como por los privilegios de la Mesta, que favorecían la ganadería.

Los grabados de G. Braun y F. Hogenberg dan testimonio de la actividad agrícola y ganadera en la España del XVII.

           «Barcelona civitates orbis terrarum», por G. Braun y F. Hogenberg (Colonia, 1572-1617)                          «Écija civitates orbis terrarum», por G. Braun y F. Hogenberg (Colonia, 1572-1617)

Por su parte, el cuadro de Castelo es muestra de la naturaleza embellecida del jardín, en contraste con la dura realidad del campo.

«La casa de campo», por Félix Castelo, (1595-1651) Museo Arqueológico Nacional de Madrid



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La ciudad

Madrid y Sevilla son las dos grandes e importantes ciudades de la España del siglo XVII.

«Milagro de la Virgen de Atocha en las obras de construcción de la Casa de la Villa», Anónimo, Museo Municipal de MadridLa primera por ser la Corte, con todo lo que significa la presencia del Rey y del complejo aparato burocrático; la segunda, por ser el puerto de Indias, con una actividad floreciente. Por su parte, Barcelona y Valencia son ciudades con importantes puertos y actividad comercial e «industrial». Toledo, donde vivió algún tiempo Calderón, mantenía el recuerdo del esplendor de haber sido capital del Imperio y también su importancia religiosa.

«La Cárcel de Corte de Madrid», Anónimo, Ministerio de Asuntos Exteriores (Madrid)

«Plaza Mayor de Madrid», Anónimo, Museo Municipal de Madrid

Gran desarrollo tuvo el teatro en Madrid, Sevilla y Valencia, memorables fueron los autos sacramentales de Toledo, activa la vida de academias poéticas, e importante la vinculación de pintores como Velázquez, Murillo, Ribera, El Greco…

«Barcelona», por A. van den Wyngaerde (1563) Biblioteca Nacional de Viena

«Barcelona», por A. van den Wyngaerde (1563), Biblioteca Nacional de Viena

«Vista de Toledo», por Domenicos Theotocopoulos, El Greco (1541-1614), Museo del Greco (Toledo)

«Valencia», por A. van den Wyngaerde (1563), Biblioteca Nacional de Viena

«Hispalis, civitatis orbis terrarum» Sevilla, por G. Braun y F. Hogenberg (Colonia, 1572-1617)

«Vista de Sevilla», Anónimo, Museo de América de Madrid



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Las gentes: una sociedad estamental

La estructura de la España del siglo XVII es la de una sociedad estamental, con una pirámide jerárquica cuya cúspide ocupa el rey e inmediatamente después un grupo de altos nobles, de Grandes de España, con lujo, riquezas y privilegios, que contrastan, drásticamente, con la mala situación de amplios sectores de la sociedad.

Pero los prejuicios de nobleza atraviesan medularmente esta sociedad, como muestran, por ejemplo, los hidalgos pobres, pero orgullosos de estar en los márgenes de la nobleza.

Entre la nobleza y la población marginal de pícaros, delincuentes, trotamundos de la vagancia…, hay muchos escalones en la pirámide estamental: distintos grados de nobleza, profesiones liberales, clero, pueblo trabajador… Los prejuicios de limpieza de sangre, honor como patrimonio del alma (frente al honor estamental), determinadas formas de entender la religión…, organizan la convivencia en esta sociedad estamental.

«Vista de la ciudad de Zaragoza», por J. B. Martínez del Mazo (ca. 1611-1667), Museo del Prado (Madrid)«La cacería del tabladillo en Aranjuez», por J. B. Martínez del Mazo (ca. 1611-1667), Museo del Prado (Madrid)

 

 

 

El cuadro de Martínez del Mazo (Vista de la ciudad de Zaragoza) muestra distintos estratos de esta compleja sociedad del XVII, mientras que el mismo autor, en La cacería del tabladillo en Aranjuez, nos descubre el esplendor del lujo y boato de la aristocracia, también presente en el porte y figura del duque de Pastrana en el cuadro de Carreño, en abierto contraste con el zorrero (Rizzi) y la vieja friendo huevos (Velázquez).

«El Duque de Pastrana», por Juan Carreño de Miranda (1614-1685), Museo del Prado (Madrid)

«Vieja friendo huevos», por Diego Velázquez (1599-1660), National Gallery (Edimburgo)

«El zorrero del Rey», por Francisco Rizi (1614-1685), Duques de Alba (Madrid)



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La religión católica

En los ideales de convivencia en la España del XVII el honor, como queda dicho, y la religión católica, con no pocas contradicciones y poder de control e imposición, ocupan un lugar preeminente. La religión es sistema articulado y coherente que organiza la vida y está siempre presente.

«El triunfo de la Eucaristía sobre la Idolatría», por Peter Paul Rubens (1577-1640), Museo del Prado (Madrid)Hay una religiosidad popular que se manifiesta en multitud de formas y costumbres arraigadas de fiestas y ritos, de prácticas de la vida diaria y especialmente en la devoción a santos y vírgenes, que llenan España de fiestas, ermitas y romerías.

La iglesia postridentina se esfuerza, por su parte, en organizar la piedad popular por los cauces de ceremonias, sacramentos, catequesis…, con pactos, según las necesidades. Los cuadros de Carreño, Rubens o Herrera, muestran la espectacularidad ceremonial de una misa, la personificación de la Eucaristía, el triunfo del Sacramento. Calderón de la Barca en sus autos sacramentales —mediante el simbolismo, la alegoría y la belleza formal de su verso— dio estructura teatral a dogmas, historia y ética de la religión católica.

Pero además de la labor de catequesis y educación, el control, mediante el Tribunal del Santo Oficio, fue, como veremos, una dura realidad.

«Triunfo del Sacramento», por Francisco Herrera, el Mozo (1627-1685), Hermandad Sacramental del Sagrario de la S. I. Catedral (Sevilla)

«Fundación de la orden trinitaria», por Juan Carreño de Miranda (1614-1685), Museo del Louvre (París)

«Los novísimos», Anónimo, Iglesia de Santa Eulalia (Paredes de Nava)


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