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El campo
España en el siglo XVII es un país fundamentalmente agrícola y ganadero, con un
menor desarrollo industrial y comercial que otros países europeos, que se benefician de
ello.
La agricultura se vio perjudicada tanto por las
frecuentes sequías, que llevaban la miseria a los campos españoles, asolados también
por los impuestos y rentas, como por los privilegios de la Mesta, que favorecían la
ganadería.
Los grabados de G. Braun y F. Hogenberg dan
testimonio de la actividad agrícola y ganadera en la España del XVII.

Por su parte, el cuadro de Castelo es muestra de
la naturaleza embellecida del jardín, en contraste con la dura realidad del campo.

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La ciudadMadrid
y Sevilla son las dos grandes e importantes ciudades de la España del siglo XVII.
La primera por ser
la Corte, con todo lo que significa la presencia del Rey y del complejo aparato
burocrático; la segunda, por ser el puerto de Indias, con una actividad floreciente. Por
su parte, Barcelona y Valencia son ciudades con importantes puertos y actividad comercial
e «industrial». Toledo, donde vivió algún tiempo Calderón, mantenía el recuerdo del
esplendor de haber sido capital del Imperio y también su importancia religiosa.
Gran desarrollo tuvo el teatro en Madrid, Sevilla
y Valencia, memorables fueron los autos sacramentales de Toledo, activa la vida de
academias poéticas, e importante la vinculación de pintores como Velázquez, Murillo,
Ribera, El Greco
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Las gentes: una sociedad estamentalLa estructura de la España del siglo XVII es la de
una sociedad estamental, con una pirámide jerárquica cuya cúspide ocupa el rey e
inmediatamente después un grupo de altos nobles, de Grandes de España, con lujo,
riquezas y privilegios, que contrastan, drásticamente, con la mala situación de amplios
sectores de la sociedad.
Pero los prejuicios de nobleza atraviesan
medularmente esta sociedad, como muestran, por ejemplo, los hidalgos pobres, pero
orgullosos de estar en los márgenes de la nobleza.
Entre la nobleza y la población marginal de
pícaros, delincuentes, trotamundos de la vagancia
, hay muchos escalones en la
pirámide estamental: distintos grados de nobleza, profesiones liberales, clero, pueblo
trabajador
Los prejuicios de limpieza de sangre, honor como patrimonio del alma
(frente al honor estamental), determinadas formas de entender la religión
,
organizan la convivencia en esta sociedad estamental.
 
El cuadro de Martínez del Mazo (Vista
de la ciudad de Zaragoza) muestra distintos estratos de esta compleja
sociedad del XVII, mientras que el mismo autor, en La cacería del
tabladillo en Aranjuez, nos descubre el esplendor del lujo y boato de la aristocracia,
también presente en el porte y figura del duque de Pastrana en el cuadro de Carreño, en
abierto contraste con el zorrero (Rizzi) y la vieja friendo huevos (Velázquez).
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La religión católicaEn los ideales de convivencia en la España del XVII el
honor, como queda dicho, y la religión católica, con no pocas contradicciones y poder de
control e imposición, ocupan un lugar preeminente. La religión es sistema articulado y
coherente que organiza la vida y está siempre presente.
Hay una
religiosidad popular que se manifiesta en multitud de formas y costumbres arraigadas de
fiestas y ritos, de prácticas de la vida diaria y especialmente en la devoción a santos
y vírgenes, que llenan España de fiestas, ermitas y romerías.
La iglesia postridentina se esfuerza, por su
parte, en organizar la piedad popular por los cauces de ceremonias, sacramentos,
catequesis
, con pactos, según las necesidades. Los cuadros de Carreño,
Rubens o Herrera, muestran la espectacularidad ceremonial de una misa, la personificación
de la Eucaristía, el triunfo del Sacramento. Calderón de la Barca en sus autos
sacramentales mediante el simbolismo, la alegoría y la belleza formal de su
verso dio estructura teatral a dogmas, historia y ética de la religión católica.
Pero además de la labor de catequesis y
educación, el control, mediante el Tribunal del Santo Oficio, fue, como veremos, una dura
realidad.
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