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LiteraturaLa
literatura española conoce en el siglo XVII uno de los momentos más
esplendorosos de su historia, haciendo merecido el calificativo de Siglo de Oro. En todos
los géneros literarios hay creadores de excepción. En la prosa literaria bastaría
recordar al creador de la novela moderna, Miguel de Cervantes con su Quijote, pero
están, también, Quevedo, Gracián, que, además de a la novela (El Buscón, El
Criticón
) contribuyeron, con la cima de su estilo barroco, a la prosa
política, religiosa, filosófica, lo mismo que Saavedra Fajardo, los historiadores de
Indias, etc. La cúspide en poesía la ocupa, indudablemente, Luis de Góngora con la
belleza barroca suprema de sus Soledades, Fábula de Polifemo y Galatea, Sonetos,
pero hay en el XVII una invasión poética, que alcanza desde poetas importantes
(Villamediana, Bocángel, Jáuregui
) a la poesía visual de la fiesta, los pasquines
poéticos, los billetes amorosos, etc., además del desbordante mundo de la poesía oral.
En teatro baste con decir que es la época de Lope de Vega y de Calderón de la Barca,
como se verá. |

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Miguel de Cervantes: Don Quijote de la Mancha (1605 y 1615)
Es obvio que la
obra más traducida después de la Biblia pertenece en excelencia al canon de la
literatura universal y es patrimonio de la humanidad. Miguel de Cervantes Saavedra
(1547-1616) publica en 1605 la primera parte de Don Quijote y en 1615, la segunda.
Con ello no sólo pone las bases de la novela moderna, sino que aporta a la cultura
universal una obra de inevitable referencia.La
primera hazaña literaria de Cervantes es que su obra asume, para superarlos y apartarse
de ellos, los distintos modelos novelescos vigentes (pastoril, morisca,
caballerías
).
Cervantes crea la novela moderna con un héroe
problemático, cuyo pensamiento, vida y actividad no caben en los patrones literarios en
vigencia, pues bajo aparentes situaciones de comicidad hay una profunda meditación sobre
la vida, sobre la España del momento, una destrucción de la realidad, que congela la
sonrisa y despierta pensamiento y meditación.
Alonso Quijano es un hidalgo manchego pobre que a fuerza
de leer y leer un género novelesco de moda como la novela de caballerías se propone
convertirse en caballero andante con su caballo Rocinante, su escudero Sancho, su
lanza vieja
para arreglar un mundo de injusticias con unos medios
desproporcionados para los fines y una continuada confusión de realidad y fantasía
(necesaria para su aventura): los molinos son gigantes; los rebaños, ejércitos; Aldonza,
Dulcinea
Frente a los míticos nombres y lugares de famosas novelas de caballerías
como Amadís de Gaula, Belianís de Grecia, Cirongilio de Tracia, Lindamarte de
Armenia
, un hidalgo flaco, don Quijote, recorriendo la tierra pobre y concreta de la
Mancha y otros lugares de España, buscando aventuras que le den fama y meditando siempre
sobre la vida, realidad, apariencia
, con el contrapunto de sabiduría popular y
«sentido de la realidad» de su escudero Sancho Panza.
Pero en el
pensamiento de Cervantes hay mucho más contenido que una aparente contraposición
locura/cordura, realidad/apariencia, pues a la postre, lo que lleva a cabo es una
destrucción de las certezas, de los límites de la realidad, que es una subversión mucho
más profunda que los ataques directos, descalificaciones, etc.
Y ese es el desasosiego que lleva el Quijote al
lector moderno. Todo ello con la maestría de un gran novelista que utiliza la ironía,
distanciamiento, literatura dentro de la literatura, distintas voces del narrador, etc.
Esa era
la búsqueda de libertad de Miguel de Cervantes. |
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Francisco de Quevedo (1580-1645) Francisco de Quevedo
Villegas, de sólida formación cultural y ajetreada vida en las fidelidades políticas,
fue uno de los más importantes escritores españoles del Siglo de Oro. Cultivó una gran
variedad de géneros y dio forma literaria a multitud de temas, pero siempre con un
dominio de la lengua, una capacidad para la agudeza satírica y crítica y una bien
definida y mantenida postura social, política y religiosa, que dan a toda su creación un
sello inconfundible, un sello que en forma simplificadora, pero útil, ha recibido el
nombre de conceptismo.
La obra poética de Quevedo es extensa (una parte
importante está recogida en El Parnaso español, de 1648, y en Las tres
últimas musas castellanas, de 1670), y múltiple en motivos y temas: ascéticos,
políticos, amorosos, satíricos, críticos, burlescos
La misma variedad temática, siempre
vestida con su
estilo inconfundible y la actitud que va de la meditación profunda a la burla mordaz,
encontramos en su prosa,
desde la novela picaresca Vida del Buscón a su
prosa ascética y política (La cuna y la sepultura; Providencia de
Dios; Política de Dios, gobierno de Cristo, tiranía de Satanás; Vida de
Marco Bruto), sin olvidar, claro, la excelente prosa satírica y burlesca de
las Premáticas; de las Cartas del Caballero de la Tenaza, de los
magníficos Sueños, etc.
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Diego de Saavedra Fajardo (1584-1648)Diego de Saavedra Fajardo desarrolló en el siglo XVII
una importante actividad política como diplomático durante los reinados de Felipe III
y Felipe IV.
También lo
más importante de su creación literaria se centra en la prosa política, así su libro Introducciones
a la política y razón
de estado del Rey Católico don Fernando; Locuras de Europa; Corona gótica,
castellana y austriaca, pero su obra más importante es Idea de un príncipe
político cristiano representada en cien empresas,
que dentro del género de la literatura de educación de príncipes, con la «técnica»
de la empresa (dibujo acompañado de un lema, desarrollado después en el capítulo), da
consejos al príncipe, lejos del maquiavelismo
y en los márgenes de la moralidad cristiana.
Dentro de la sátira y crítica está su República
literaria en la que, mediante el, tantas veces utilizado, procedimiento del sueño,
critica el mundo literario. |

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Baltasar Gracián (1601-1658)La obra literaria del jesuita aragonés, que tuvo unas difíciles
relaciones con su orden, es una de las cimas de la prosa barroca, en la «agudeza» de
estilo y pensamiento.
A las conocidas obras de
formación y educación (El héroe, El político, El discreto,
Oráculo manual) suma un sustancioso tratado de estética barroca (Agudeza
y arte de ingenio), un manual para la comunión (El comulgatorio) y su densa
novela alegórico- simbólica (El Criticón), concebida como un itinerario de sus
protagonistas Andrenio, la naturaleza, y Critilo, la cultura por España y
otros países, a través de las distintas edades de la vida, ofreciendo una profunda y
desencantada meditación sobre la existencia.
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Luis de Góngora (1561-1627) El escritor
cordobés Luis de Góngora y Argote es con
su obra poética la quintaesencia y perfección del barroco literario español, modelo de
escritores en su siglo y de generaciones posteriores hasta nuestros días, con el periodo
excepcional de los poetas de la Generación del 27: Lorca, Alberti, Salinas, Alonso,
Aleixandre, Guillén, Diego, etc.
Además de la obra cultista, oscura, de calculada
dificultad para iniciados, con agudas polémicas en el siglo, hay también en la
producción de Góngora poesía de raigambre tradicional y popular en letrillas,
romances
, con toda la fuerza evocadora de poemas como «La más bella niña», «Que
se nos va la Pascua, mozas», «Amarrado al duro banco», «Lloraba la niña», «No son
todo ruiseñores», etc. También destaca su poesía menor satírica y humorística con
gracia e ingenio.
Aunque Góngora es capaz de mostrar su maestría poética
en distintos niveles y registros, su nombre y fama están unidos a la poesía mayor de los
sonetos, Fábula de Polifemo y Galatea y Soledades (1613), Panegírico al
duque de Lerma (1617), por ejemplo. Poesía culterana voluntariamente oscura y
difícil, que suscita en la época la admiración reverente de iniciados y seguidores,
pero también violento rechazo desde los distintos frentes estéticos. Góngora busca la
belleza máxima, estilizando
y universalizando los diferentes elementos de
la realidad en un mundo metafórico en el que es difícil entrar, pero del que el poeta
nos da las claves necesarias para desvelar los secretos formales.
La mitología, los cultismos, las figuras
retóricas, el ritmo, sonoridad, color, sensaciones, son puestas al servicio de la causa
de crear un mundo nuevo de belleza inusitada. Pero no hay que olvidar como insisten
los estudiosos de su obra que su poesía no es una filosofía secreta ni un mundo
conceptual complejo, sino el punto de llegada de la poesía renacentista del XVI, en el
que desarrolla y lleva a sus últimas consecuencias recursos y hallazgos anteriores. |

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Juan
de Jáuregui (1583-1641)La
actividad creativa del sevillano Jáuregui no sólo incluye diversos géneros (poesía,
traducción, preceptiva), sino que muestra en su evolución las distintas corrientes
poéticas del siglo XVII, y el gusto barroco por la síntesis de las artes, pues
Jáuregui fue también pintor.
Tradujo
la Aminta de Tasso y la Farsalia de Lucano, pero es fundamental destacar su
primera actitud polémica y crítica con la obra de Góngora (Antídoto contra la
pestilente poesía de las «Soledades»), y con Quevedo, discípulos de Lope de Vega y
otros. Sin embargo, hay que tener presente que su antigongorismo (presente también en sus
Rimas, 1618) evolucionará hacia la creación poética más
próxima al poeta cordobés en Orfeo (1624).
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Fiesta cortesanaEn el ámbito de las celebraciones de la España del Siglo de Oro pueden
distinguirse varios tipos de fiestas: la popular, la sacramental y la cortesana.
La popular es la del calendario festivo
de los días grandes de la religión católica muchas veces cristianización de
antiguas ceremonias paganas, que van jalonando el año con una compleja y variada
articulación de ceremonias litúrgicas y expansiones populares en un rico folclore que
llega hasta nuestros días. La sacramental es la gran fiesta anual de celebración del
Corpus, a la que contribuyó, decisivamente, Calderón con sus autos sacramentales.
Interesa aquí la fiesta cortesana
que, como en las distintas cortes europeas, llena de esplendor las calles para
conmemorar acontecimientos civiles o religiosos con las arquitecturas reales
adornadas, arquitecturas efímeras de arcos, obeliscos, pirámides, carros triunfales,
poesía visual, etc.
Es fundamental el rico
cortejo-procesión, que da significado a esta «escenografía» dispersa y es en sí mismo
espectáculo de magnificencia, aunque aparezcan también, en contraste, cómicas, lúdicas
y festivas mojigangas, además de «cortejos temáticos» serios.
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Diversiones de la fiesta cortesana: toros
y juego de cañas La fiesta popular incluía sus propias
diversiones y pasatiempos (juegos, romerías, bailes
), pero interesan aquí y ahora
las diversiones de la fiesta cortesana.
Vinculados a la fiesta cortesana había
ejercicios de lucimiento y competición para la nobleza. En ellos ponía en juego su
destreza, habilidad y valor, que se convertían en espectáculo para el pueblo, el cual
contemplaba sin participar. Tal era el sentido de corridas de toros, juegos de cañas,
juegos de sortija y otros.
La corrida de toros como muestran los dos
cuadros anónimos era forma de exhibición de valor para los nobles, con distintos rituales
de juego con el toro, y siempre con lujo de vestidos, comitiva, gesto y porte. Después el
toro podía quedar a merced del pueblo. El juego de cañas, recuerdo sin riesgo de los
torneos medievales, era ejercicio y espectáculo muy estimado. Participaban los nobles por
cuadrillas, ricamente engalanadas, con un ritual preciso, que regía las formas de
arrojarse y esquivar las cañas: así lo muestra el cuadro de Juan de la Corte.

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