Más allá del acta de nacimiento, este centenario de Luis
Buñuel celebra el conjunto de la personalidad de un artista universal que, metáfora
también del siglo y de la historia del país en que le tocó nacer, hizo su obra angular
allá donde pudo enraizar su desarraigo.
A través de 32 películas que, por encima
y a veces a pesar de las condiciones de producción, de los temas impuestos, de los
países en que se rodaron y cuantos obstáculos el séptimo Arte es capaz de interponer
entre el móvil del creador y la plasmación final de la idea en imágenes y
sonido, Buñuel logró una obra de insólita coherencia. «Yo soy de los directores del
mundo el que más se expresa a través de sus películas como él es», llegaría a decir
en los años finales de su vida, en una declaración a tener muy cuenta a la hora de
aproximarse a su cine.
Desde la Secretaría de Estado de Cultura,
el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales y la Filmoteca Española
ha querido celebrar el Centenario bajo la insignia de una idea central: conseguir que la
obra del cineasta sus películas sea accesible para los ciudadanos de hoy para
las generaciones futuras.
Con esta intención, ya en 1996, se
adquirió el archivo personal del director, constituido por documentos, guiones, cartas,
su biblioteca personal, fotografías y objetos relacionados con su carrera. Desde hace
muchos años la Filmoteca Española ha venido dedicando un esfuerzo continuado a la
preservación de las películas, con el fin de que su filmografía completa se conserve y
pueda ser vista en España.
En un cineasta de las características y la
genialidad de Buñuel, el acceso directo a su obra y a los documentos que permiten su
estudio es el mejor homenaje que se le puede rendir.
La exposición que organiza el Instituto
Cervantes con su carácter internacional e itinerante lejos de distraer la
atención y sustraer protagonismo a lo que en verdad cuenta, su cine, tiene la virtud de
mostrar en toda su complejidad la peripecia humana de D. Luis Buñuel en sus vertientes
históricas y culturales, y de ilustrar en su vertiente visual, lo que podría definirse
como el núcleo poético de la obra del autor que Carlos Fuentes señalaría como «gran
destructor de las conciencias tranquilas».
Sin pretensiones de exhaustividad, la
exposición deja la puerta abierta a nuevas y sugerentes aproximaciones, porque, si bien
la bibliografía sobre Buñuel es amplia y variada, y se verá complementada por cuantas
publicaciones surjan a la sombra de este centenario, no es menos cierto que nos
encontremos ante una realización personal y una trayectoria difícilmente domesticables
y, en cambio, susceptibles de ser sometidas a nuevas lecturas a través de los años.
Ese cine, que el propio Buñuel definiría
como «instrumento maravilloso para la expresión de la poesía y los sueños» tiene una
presencia viva en esta propuesta, llevada a su forma final con un rigor y una dedicación
encomiables. De ahí, también, que nos satisfaga haber podido colaborar en ella y de que
estemos seguros de que la contemplación de sus logros resultará gozosa para cuantos,
inconscientes del peligro, se asomen a su interior.
José María Prado
Director de la Filmoteca Española |