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El encuentro con el productor Serge
Silberman y el guionista Jean-Claude Carrière será decisivo en la última
cinematográfica de Buñuel, iniciada con Diario de una camarera (1964) y
fundamentalmente construida en Francia, aunque el calandino mantuvo siempre la residencia
en México. Después de las dificultades económicas que condicionaron el final,
inacabado, de Simón del desierto, contará con los medios apropiados para
prolongar su actividad creadora. A partir de Belle de jour (1966), primer gran
éxito comercial y León de Oro en el festival de Venecia, le llegan distinciones,
premios y el definitivo reconocimiento público: Oscar a la mejor película
extranjera (El discreto encanto de la burguesía, 1972), Concha de Oro en
el Festival de San Sebastián y Premio Nacional de las Artes de México por su obra
cinematográfica (1972).
Si en Belle de jour se suceden los
elementos reales e imaginarios de ascendencia surrealista hasta alcanzar un sorprendente e
inédito final abierto, la religión, tema recurrente en la producción anterior del
cineasta, volverá a La vía láctea (1969) en la que presenta un debate
intelectual entre el dogma cristiano y algunas herejías, lo que no impidió el éxito
comercial de la película. En 1969 comienza el rodaje de Tristana, recreación de
la novela homónima de Pérez Galdós, permitiéndose la licencia de elegir su muy
apreciada ciudad de Toledo por escenario y de imbricar en la trama recuerdos de su niñez
y juventud.
La trayectoria artística de Buñuel se
completa con tres últimas obras: El discreto encanto de la burguesía, coherente
ponderación de verosimilitud y fantasía teñida de
humorada insolente;
El fantasma de la libertad (1974), homenaje al azar, y Ese oscuro objeto del
deseo (1977), donde el autor realiza un logrado compendio de sus obsesiones
predilectas, los temas y motivos que confieren extrema singularidad a su filmografía.
El 29 de julio de 1983 el gran cineasta
español del siglo XX moría en un hospital de la capital mexicana. Un año antes había
publicado Mi último suspiro. |
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