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Buñuel, 100 años Entrevistas


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¿Qué recuerda de su primer trabajo con Luis Buñuel? Luis Buñuel era un hombre a quien admiraba mucho. Contó conmigo por primera vez en Diario de una camarera. Don Luis tuvo la amabilidad de no proponerme nunca dos veces seguidas el mismo personaje. Fui sacristán en Diario de una camarera, responsable de un albergue en La vía láctea. Esta película se rodó precisamente en un albergue cerrado por la policía porque se había descubierto que era un lugar bastante discreto como para servir de casa de citas.



BELLE DE JOUR, 1969.

En Belle de jour, usted hizo de mayordomo e intervino además en El discreto encanto de la burguesía y en El fantasma de la libertad... Era un mayordomo celestinesco y en El fantasma de la libertad uno de los monjes. Recuerdo que por entonces yo había dejado de fumar y, en un momento dado, Buñuel me dijo: «Señor Musson, encienda usted un cigarrillo»; yo le respondí: «¿Es para usted muy importante que lo haga?», y él replicó: «Pues sí, porque ya que vende indulgencias, deforma las plegarias, etc.» Le expuse mis temores por volver a fumar. Comprendió de inmediato mi incomodidad y añadió: «Si es así, no fume, fumarán los otros». En Ese oscuro objeto del deseo interpreté el papel de un malvado inspector que echaba a Carole Bouquet y a su madre a la... Carole Bouquet comenzaba su carrera cinematográfica. Había hecho una serie de televisión, pero creo que ésa fue su primera película.

¿Cómo filmaba Buñuel? ¿Cómo era su relación profesional con los técnicos? Casi siempre filmaba un solo plano de cada escena, cosa que preocupaba a Silberman, el productor. También vi algunos planos para los que realizaba varias tomas, pero muy a menudo, cuando al final de la primera parecía satisfecho, se pasaba al plano siguiente, lo cual era indudablemente un tanto imprudente, pero estaba seguro de sí mismo. Cuando yo hablaba con los técnicos, les preguntaba su opinión sobre los métodos de trabajo del cineasta y éstos me decían: «Lo verdaderamente formidable en él es que su técnica está tan preparada y es tan segura que el montaje dura apenas dos días. Unimos los planos y ya está, no hay nada más que hacer».

 

Al respecto, recuerdo un hecho anecdótico que tuvo lugar al final del rodaje de Belle de jour, cuando ya había finalizado de interpretar mi papel, cuando acababa de echar a Catherine Deneuve a mojarse bajo la lluvia... Aquel día, por la tarde, me disponía a volver a casa. Me dirigí a Buñuel para darle las gracias y él apostilló: «Será como un rito —decía lo mismo a todo el mundo, por eso lo repito—, pero Sr. Musson, ha estado muy bien, lo felicito, estará en mi próxima película». Y añadió a continuación: «Desgraciadamente, ésta será la última». En este mismo film, Belle de jour, hay un episodio gracioso que quiso incluir el propio Buñuel. Supe tiempo después que durante la película, en varios momentos se oían maullidos. Este animal era un símbolo erótico en el Antiguo Egipto y él lo sabía porque tenía una cultura extraordinaria. Creo que era sinceramente ateo, pero conocía hasta tal punto las Sagradas Escrituras que las citaba admirablemente. Aunque en la novela de Kessel, que inspiró la película, no aparecen ni maullidos ni gatos (y tampoco en «Belle de jour»), me hizo decir esta frase, que no estaba en absoluto prevista: «Señor Duque, ¿tengo que soltar los gatos?», e hizo responder a Marshall : «Váyase a paseo con sus gatos».

¿Cuál es su opinión sobre Buñuel como director? Cuando trabajo como actor sé pertinentemente que estoy bajo las órdenes de un director; por tanto, intento ser lo más dócil posible. Con alguien como don Luis, era muy agradable decirse: «Tan sólo tengo que ser obediente, tan sólo he de fiarme de él». Se comportaba con gran cortesía, con una gran amabilidad... Si se le proponía alguna idea siempre estaba abierto a ella. Luis Buñuel dirigía de una forma muy eficaz. Y además de todo eso, siempre tenía al mismo director de fotografía, al mismo cámara, al mismo ingeniero de sonido..., y tenía siempre un equipo de actores al que era fiel. Éstos, por su parte, también le eran fieles. Lo mismo cabe decir de sus técnicos. Trabajaba siempre con los mismos... No había dudas con él. Tan sólo teníamos que proporcionarle una pasta lo suficientemente maleable para que él pudiese trabajarla a su guisa y hacer de nosotros lo que quisiera. Nos podíamos dejar llevar con toda confianza y era muy agradable porque, efectivamente, siempre tenía razón.

¿Y en cuanto a las indicaciones se refiere? Me parecían las necesarias, así que no me planteaba ninguna duda en la medida en que yo aportaba el físico del personaje, mis capacidades como actor... Hablaba del personaje, pero no se extendía en demasía porque, una vez más, respetaba los plazos y no quedaban flecos sueltos en el escenario. Cuando había hecho una toma, dos, o como mucho tres, era ya suficiente y se pasaba al plano siguiente. Estábamos en manos de un maravilloso técnico y de un buenísimo director de actores.

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