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Buñuel, 100 años Entrevistas


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¿Cuándo se encontró con Luis Buñuel? Vi varias veces a Luis Buñuel en la época en que estuve trabajando en Chicote, allá por el año 1965. Cuando venía a España se hospedaba en el hotel Plaza y al mediodía solía ir a tomar los dry martinis a Chicote. Era un hombre muy peculiar. Iba siempre rodeado de todo lo que era su mundo, el mundo del cine. Y era un hombre que cuando no le gustaba el dry martini que le poníamos, se iba y no decía ni adiós. Entonces comentábamos: «Hoy hemos hecho algo malo». Volvía a los dos o tres días, o aprovechando una de sus visitas a Madrid. Casi siempre pasado el mediodía, a la una o una y media de la tarde. Otras veces se marchaba y nos despedía con una reverencia... Parece que le estoy viendo ahora mismo, con su mochila de cuero. Y decíamos: «Hoy hemos acertado...».



CAP DE CREUS, 1929

Don Luis tenía sus teorías sobre el dry martini. Era un hombre muy entendido. Su actitud hacia nosotros dependía del hielo que poníamos en su bebida preferida. Quizás no estaba a cero grados, o le habíamos dado más golpes de lo debido batiéndolo y se había aguado un poco. Como tenía el paladar tan exquisito, captaba la diferencia rápidamente. Le gustaba tomarlo con una aceituna. Solía decir que los dry martinis que se tomaba en el hotel Plaza eran los mejores, aunque Chicote era la Capilla Sixtina del dry martini.

¿Les explicó cómo los hacía él? Lo sabíamos. Le gustaba  que  le  echáramos Noilly-Prat, que es muy

 

francés. Y le gustaba una ginebra seca. Solía tomar ginebra española, una ginebra catalana no muy conocida fuera del mundo de la coctelería o de la hostelería. Siempre la pedía. Procurábamos que el hielo estuviera a cero grados, lo lavábamos para evitar alguna esquirla o alguna blandura; después se escurría bien y se lavaba con vermut francés, de manera que el aroma quedara impregnado en el hielo. Hecho esto se escanciaba la ginebra, la que había pedido el cliente, y dábamos los toques justos. Pero esos toques, en realidad no se puede decir si son siete, tres, cuatro... Es una cosa intuitiva que tiene que saber el barman. Luego ha habido variantes y ahora hay una gran cantidad de dry martinis. A Buñuel le gustaba con una aceituna. Pero creo que queda mucho más rico poniéndole una corteza de limón porque lo enriquece: abre los poros, suelta todos sus aromas. La aceituna no aporta gran cosa, aunque al final está muy rica, evidentemente. Pero bueno, era su forma y su gusto. Cuando él lo hacía así, tendría sus razones.

Y luego ya no vino, ¿o fue usted quien se cambió de bar? No, yo seguí en Chicote; estuve trabajando allí 32 años. Y dentro de esa época le vi varias veces. Como vi a Ava Gardner y he visto a infinidad de personajes. Buñuel era un hombre agradable. Yo creo que el dry martini es uno de los aperitivos más finos y ricos que hay. Además, estimula los jugos gástricos y de alguna manera te abre el apetito. Yo creo que él era un hombre tan inteligente que sabía lo que tenía que tomar.



CADAQUÉS, 1929

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