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conocimiento tenía de Luis Buñuel cuando usted comienza la carrera cinematográfica?
En realidad, cuando me decidí a hacer cine el conocimiento que tenía de Buñuel era muy
somero. Sabía de su condición de exiliado, que había ganado el premio al mejor director
en Cannes, conocía Los olvidados, y poco más. No había visto sus películas
porque era un desconocido para mi generación. Sus trabajos más importantes no habían
llegado a España por razones obvias. Luego fui leyendo libros, los Cahiers du Cinéma
y, bueno, toda una serie de publicaciones. Fui descubriendo progresivamente quién era
Buñuel.

SALVADOR DALÍ: LUIS BUÑUEL.
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Su primer encuentro... La primera
vez que me encontré con él en persona fue en el mes de noviembre de 1960. Un día de
otoño vino a Madrid porque iba a dirigir Viridiana. Sáenz de Heredia, director de
la Escuela de Cine, nos propuso conocerlo. Nos reunió en un restaurante donde ellos
solían comer antes de la guerra y que Buñuel deseaba visitar de nuevo. De manera que
Sáenz de Heredia organizó una cena durante la cual el director de Viridiana
estuvo muy simpático, muy hablador. Nos contó muchas anécdotas. De algunas de ellas me
sigo acordando.
De sus días mexicanos. Hablando de
México contó algo muy curioso. Dijo que antes de la Guerra Civil no se había interesado
absolutamente por Hispanoamérica, que le parecía un mundo muy ajeno y que no sentía lo
mismo de Europa sobre todo de Francia y también de Estados Unidos, que
visitó varias veces y en donde había estado a punto de trabajar. Así que cuando le
surgió la posibilidad de

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hacer Gran
Casino no dudó en marcharse a México, aunque apostilló: «Me quedé en México de
casualidad. Porque llegué una noche, o un atardecer, desde Los Ángeles, me fui al hotel,
cené y me metí en la cama hasta la mañana siguiente. Cuando me levanté abrí el
periódico, lo leí y me dije: me voy de este país». Nos explicó que su decisión se
debía al hecho de haber leído en la sección de sucesos una noticia que se titulaba Muere
por preguntón. Nos la relató con sumo detalle. Resulta que un señor había sido
asesinado por el portero de una finca, en un número concreto de una calle determinada...
La razón no era otra que el referido señor se había dirigido al portero preguntando por
un tal González; ese portero le remitió a otro número de la calle y tan pronto como
preguntó allí por el mismo González, volvieron a enviarle al portal donde había
comenzado su búsqueda. Así, de un número de la finca a otro, anduvo varias veces. Hasta
que después de mucho insistir, el portero se contrarió aduciendo que él sabía muy bien
quiénes vivían en la finca que guardaba..., se indignó hasta tal punto que sacó una
pistola y lo mató. Entonces, añadió Luis Buñuel: «Comprenderán ustedes que en cuanto
leí aquello dije: Me voy de este país».
Y contó otras muchas anécdotas. Se
mostró todo el tiempo muy simpático y excitado. No sé si es que le gustaba reunirse con
nosotros, que éramos entonces la última promoción de los estudiantes de cine, o
simplemente con Sáenz de Heredia, con quien se llevaba muy bien a pesar de sus tremendas
diferencias políticas. De hecho, Buñuel le había salvado la vida, o había contribuido
a salvársela, en el Madrid de la guerra.
Usted también conoció a José Rubia
Barcia con quien había colaborado Buñuel. Me marché a Los Ángeles en el año 1976
y una de las primeras personas que conocí allí fue José Rubia Barcia. Era muy amigo de
Buñuel y había trabajado con él en los estudios de la Warner. Habían escrito
juntos un argumento con la intención de vendérselo a La Universal. Entonces le
presentaron el argumento de La novia de los ojos ensangrentados. Se trataba de un
argumento de película de terror, hecho absolutamente al modo más tradicional. Según
decían Rubia Barcia y el propio Buñuel, lo habían escrito cínicamente para ver si La
Universal, que era una compañía que se había especializado en ese tipo de cine, podía
hacer con eso una película.
Cuarenta años después, ¿qué
significó para los directores de su generación? ¿Qué relación tuvieron con su obra?
Para los de mi generación prácticamente nada porque, insisto, de Buñuel teníamos una
noticia cultural. Pero no habíamos visto sus películas. El más influido por él, porque
había visto varios de sus trabajos y le seguía más de cerca, era Carlos Saura. Los
demás sabíamos de su existencia, que era importante. Tal vez alguno conocía alguna
película, pero nada más. En mi generación Buñuel, por los menos en lo que a influjo en
nuestras películas se refiere, no contaba nada. Excepto quizá, repito, en Saura. Y
tampoco sé hasta qué punto.

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