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Borges y la aventura de la cuarta dimensión

por Rodolfo Mata

La relación de Borges con la cuarta dimensión se inició a través de su contacto con el expresionismo y su afición por las matemáticas. En 1934, en el artículo «La cuarta dimensión» (1), comenta Una nueva era del pensamiento (1888) del excéntrico científico y filósofo Charles Howard Hinton (1853-1907), e incluye la «primera lección» del ABC de la cuarta dimensión de Claude Bragdon (1866-1946), teósofo y arquitecto creador de una estética del hiperespacio. Borges fundió dicho artículo con otro sobre la «paradoja de Epiménides» (2) para la nota sobre Mathemathics and the imagination (1940) de Kasner y Newman, libro que leyó profusamente (3). Conservó la mención de Hinton y en la nota siguiente, sobre Pain, Sex and Time, al hablar sobre evolución de la conciencia, mencionó que para Ouspensky los animales perciben el mundo en forma bidimensional, incapaces de concebir volúmenes (4).

 

 

Ficciones también alberga evidencias de la cuarta dimensión. La «Posdata 1947» de «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius» dice que la carta que elucida el misterio de Tlön estaba en un libro de Hinton, propiedad de Herbert Ashe, el ingeniero de ferrocarriles que, al morir, deja el misterioso tomo XI de la First Encyclopaedia of Tlön. Asimismo, uno de los principios de la geometría de Tlön es el desconocimiento de las paralelas, tema importantísimo en las geometrías no-euclidianas. También, el sorprendente idioma de Tlön, en el que se señala para un hemisferio el reemplazo de sustantivos por verbos —luna se dice lunecer o lunar— mientras en el otro hemisferio los sustantivos son sustituidos por adjetivos —luna se dice aéreo-claro sobre oscuro-redondo— puede tener un antecedente en el Tertium organum (1911) de P. D. Ouspensky. Según este místico y filósofo ruso, para entender adecuadamente las relaciones temporales que establece la cuarta dimensión sería necesario un lenguaje sin verbos: si la vida en la tercera dimensión equivale al movimiento en la cuarta, el movimiento en la tercera desaparece en la cuarta (5). Otro paralelismo surge de los propios títulos. Si el Tertium organum se presenta como continuación del Organum de Aristóteles y del Novum organum de Bacon y como «clave para los misterios del mundo»; el Orbis Tertius, nombre de la secta que creó Tlön, puede tener su propia serie de antecedentes en el universo ficcional y haber sido concebido como una clave para entender los misterios de la ficción.

Borges vuelve a mencionar el Tertium organum en «El tiempo y J. W. Dunne» (6) para referirse a las ideas del porvenir y discordar con la concepción del tiempo como una «cuarta dimensión del espacio». En el cuento policiaco La muerte y la brújula, los escritos de Ouspensky reaparecen como trasfondo de la lucha entre el positivismo y el conocimiento intuitivo, a pesar de que Borges no menciona explícitamente al autor. Se ha señalado que este cuento puede entenderse como una aplicación de las ideas del Tertium organum acerca del conocimiento (7). Aunque la propuesta parece forzada, pues se basa en conceptos generales (Treviranus y Lönnrot representan el sentido común y el positivismo mientras que el Tetrarca de Galilea y Scahrlach encarnan el conocimiento intuitivo, el verdadero) y en simples analogías de origen numérico (3 vs. 4), los textos mencionados, en donde Borges cita a Ouspensky, corroboran que Borges leyó a Ouspensky con bastante detalle, a pesar de que nunca le atrajeron las doctrinas teosóficas en sí mismas.

 

 

El cuento «There are More Things», de El libro de arena (1975), contiene la alusión más importante que Borges hace a Hinton y a la cuarta dimensión. Es un típico relato de horror de seres de otra dimensión, escrito al estilo de H. P. Lovecraft, a quien está dedicado: una casa se convierte en puerta para otras dimensiones, después de que el tío del narrador muere y la vende a un sujeto extraño que le hace reformas insólitas y la mantiene cerrada. Borges menciona a Hinton para referirse a las aficiones del tío, quien, como Herbert Ashe, es ingeniero de ferrocarriles. Es él quien inicia al narrador en las «perplejidades» del idealismo de Berkeley, las paradojas eleáticas y los tratados de Hinton donde se «quiere demostrar la realidad de la cuarta dimensión del espacio, que el lector puede intuir mediante complicados ejercicios con cubos de colores» (8). A pesar de que Borges habla de los «falaces cubos de Hinton», su mención crea el clima adecuado para la fantasía dimensional.

El tema de la cuarta dimensión también está presente en la obra de Borges a través de las colecciones que dirigió y prologó: «La Biblioteca de Babel» y «Biblioteca Personal de Jorge Luis Borges» reeditaron obras de H. G. Wells, Hinton, Kasner y Newman, y Alexander Gunn (9). Aunque el prólogo de una antología de Wells dice que «El caso Plattner y La máquina del tiempo aprovechan las posibilidades patéticas de la cuarta dimensión» (10), no cabe duda que Borges termina aceptando el tema en su escritura. En suma, tanto en el artículo «La cuarta dimensión» como en el prólogo a los Relatos científicos de Hinton, se percibe que lo que le molestaba eran las estrategias explicativas que siguieron tanto Hinton como Bragdon y Ouspensky. Estos autores suponían que abstracciones geométricas como el punto, la línea y el plano eran reales para proponer la existencia de una cuarta dimensión.

 

 

Este artículo forma parte de la investigación El papel de la ciencia en las vanguardias latinoamericanas que desarrolló en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México.

(1) Cf. Jorge Luis, «La cuarta dimensión» en Revista Multicolor de los Sábados, suplemento del diario Crítica, Buenos Aires, nº 40, 5 de diciembre de 1934, recogido en Irma Zangara (invest. y recop.), Borges en Revista Multicolor, Atlántida, Buenos Aires, 1995, pp. 29-32.

(2) Cf. Jorge Luis Borges, «Dos antiguos problemas» en Revista Multicolor de los Sábados, suplemento del diario Crítica, Buenos Aires, nº 40, 5 de diciembre de 1934, en Irma Zangara, Borges en Revista Multicolor, pp. 27-29.

(3) Cf. Jorge Luis Borges, «Notas» en Discusión (1935), Obras completas, p. 276.

(4) Cf. Jorge Luis Borges, Obras completas, p. 278. P.D. Ouspensky (1878-1947), Tertium organum, pp. 229-233.

 

 

(5) Cf. P. D. Ouspensky, Tertium organum, cap. X, Routledge and Kegan, Paul, London, 1973, p. 99-109.

(6) Cf. Jorge Luis Borges, Otras inquisiciones en Obras completas, pp. 647-648. Las preocupaciones filosóficas de Borges con el tiempo lo llevaron a comentar el libro de Dunne An Experiment with Time (1927). Al encontrar que algunas experiencias memorables parecían premoniciones, Dunne propuso que los sueños tomaban sus asuntos tanto del pasado como del futuro. Realizó un experimento en el que puso a un grupo de personas a escribir las imágenes de sus sueños para ver si reconocían algunas de ellas en el futuro.

(7) Cf. Ema Lapidot, Borges y la inteligencia artificial, Editorial Pliegos, Madrid, 1990, p. 99.

(8) Jorge Luis Borges, El libro de arena, Emecé Editores, Buenos Aires, 1975, p. 68.

(9) «La Biblioteca de Babel» incluye una selección de los Scientific Romances de Hinton y una antología de cuentos de H.G. Wells, La puerta en el muro, que contiene «El caso Plattner». La máquina del tiempo y El hombre invisible, de Wells, Mátemáticas e imaginación, de Kasner and Newman y El problema del tiempo de J. Alexander Gunn forman parte de la colección «Biblioteca Personal. Jorge Luis Borges».

(10) H.G. Wells, La puerta en el muro, sel. y prol. de Jorge Luis Borges,  Siruela, Madrid, 1984, p. 11.



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