Centro Virtual Cervantes

Actos culturalesNombres propios

Borges 100 años

InicioEnviar comentarios


Borges y Argentina

Los amigos de Borges

por Óscar Peyrou

Aunque después de la muerte de Jorge Luis Borges sus amigos se multiplicaron evangélicamente como los panes y los peces, lo cierto es que sólo tuvo dos íntimos durante la mayor parte de su vida: los escritores Adolfo Bioy Casares y Manuel Peyrou, y cada uno de ellos desempeñenó una función diferente en la relación.

Con Bioy se trataba de una amistad a la inglesa, que excluía las confidencias; la que mantuvo con el segundo, en cambio, incluyó las confesiones más íntimas y personales. Cuando Borges necesitó la ayuda de un psiquiatra —así lo reveló Estela Canto—, fue Peyrou quien se lo recomendó. Roberto Alifano incluye en su libro sobre Borges unas palabras que este le dictó acerca de Peyrou: «Era un hombre muy reservado, pero aceptaba y alentaba las confidencias. Creo que fue una de las pocas personas a quien me atreví a hacérselas».

Tras la muerte de su amigo en 1974, Borges escribió un poema que lleva por título «Manuel Peyrou» y que publicó luego en Historia de la noche: «Suyo fue el ejercicio generoso / de la amistad genial. Era el hermano / a quien podemos, en la hora adversa, / confiarle todo o, sin decirle nada, / dejarle adivinar lo que no quiere / confesar el orgullo (...)».

Es conocida la manera en que Borges conoció a Bioy Casares en la casa de Victoria Ocampo. Casi nadie recuerda, en cambio, como nació la amistad con Peyrou. La relató él mismo durante un homenaje que le hicieron al autor de El Aleph en 1969:

«Yo empecé a concurrir a lugares donde se reunían escritores y una noche, en un bar alemán de la calle Corrientes cerca de Pueyrredón, alguien me presentó a Borges. Fue la presentación formal, que consiste en darse distraídamente la mano y decir las palabras y las frases convencionales. La verdadera presentación ocurrió unas horas después, por obra de una sombra o de una presencia del pasado. Salimos y Borges me preguntó hacia dónde iba. Repuse que hacia el norte, a lo cual él respondió que también tomaría ese rumbo. Cuando íbamos por la calle Pueyrredón noté que a mi lado vagaba una presencia invisible pero estimulante, la sombra de que hablé. Era el recuerdo de un uruguayo, Jules Lafforgue y yo incité un verso de ese poeta francés nacido bajo el Trópico, como él mismo dijo. Borges inmediatamente completó el verso y recitó otros. Allí, para mí se produjo una confusión del tiempo y del espacio o un estado nebuloso en el que yo no sabía, en mi exaltación, si caminaba por Pueyrredón o por la calle llamada Rimbaud, Lafforgue o Baudelaire. Al llegar a las Heras, donde él vivía y como no habíamos terminado de recitar poemas a voz en cuello, Borges se ofreció a acompañarme hasta mi casa. La operación se repitió varias veces, pero no se agotó mi impulso de recitar poemas franceses y, sobre todo, de oírselos a él. En esos viajes de tres cuadras hacia un lado y de tres cuadras hacia el otro, que duraron algo así como unas horas, llamamos la atención hasta de un vigilante que estaba en la esquina (...)»

Aparte de estos amigos muy cercanos —y de Silvina Ocampo, la mujer de Bioy—, que lo fueron desde el principio de la década de los treinta hasta el fin, otros que giraron en la órbita de ese grupo —en distintas épocas y por diversos espacios de tiempo— fueron Carlos Mastronardi, Emma Risso Platero, Francisco Luis Bernárdez, Xul Solar, Enrique Amorín, Ricardo Güiraldes, Oliverio Girondo, Norah Lange, Elvira de Alvear, Ulises Petit de Murat, los hermanos Dabove, Gloria Alcorta, Estela Canto, María Esther Vázquez y Néstor Ibarra.

Macedonio Fernández no fue estrictamente amigo sino una especie de mentor de Borges, y únicamente durante unos años, hasta que se distanciaron por razones políticas.

Curiosamente, Fernández se graduó de abogado en la Universidad de Buenos Aires en 1897, junto a los padres de Borges y Peyrou.


 

AnteriorSubirSiguiente


| Borges, Argentina y España |

| Portada del CVC |
| Obras de referencia | Actos culturales | Foros | Aula de lengua | Oteador |
| Rinconete | El trujamán |

| Enviar comentarios |

Centro Virtual Cervantes
© Instituto Cervantes (España), 1999-. Reservados todos los derechos.