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El
descubrimiento de algunos de los yacimientos más conocidos
en la actualidad, como los de las cuevas de la Gran Dolina, la
Galería y la Sima del Elefante, fue posible gracias a la excavación
a finales del siglo XIX
de una trinchera en la ladera oeste de la sierra de Atapuerca
para el paso de un
ferrocarril minero.
El
profundo tajo realizado en la sierra dejó al descubierto diferentes
cavidades del karst, algunas totalmente colmatadas por sedimentos.
Una parte de los yacimientos desapareció con esta monumental
obra de ingeniería, pero gracias a ella conocemos hoy día
unos yacimientos excepcionales que hubieran pasados inadvertidos
para la ciencia.
Los
yacimientos estuvieron expuestos durante muchos años, y algunos
científicos, como Francisco Jordá, catedrático de la Universidad
de Salamanca, Miguel Crusafont, director del Instituto Paleontológico
de Sabadell, Lawrence Straus y Geoffrey Clark, profesores
de la Universidad de Alburquerque en Nuevo México, llevaron
a cabo trabajos esporádicos de excavación en los años 50 y
60.
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Estos últimos y José María Apellániz, profesor de la Universidad
de Deusto, también realizaron excavaciones en el portalón de entrada a la Cueva
Mayor, donde se ha localizado una ocupación muy importante de la Edad del
Bronce.
En
1976, el investigador Trinidad de Torres y su equipo realizaron
un importante descubrimiento en el yacimiento de la Sima de
los Huesos. Este sitio se encuentra a menos de un kilómetro
de la trinchera del ferrocarril, en el interior del complejo
de Cueva Mayor-cueva del Silo, la cavidad más importante de
la sierra de Atapuerca. El hallazgo de casi una veintena de
restos fósiles humanos en la Sima de los Huesos resultó decisivo
para las investigaciones en la sierra de Atapuerca. En 1978,
el paleontólogo Emiliano Aguirre comenzó un proyecto de excavaciones
e investigaciones sistemáticas en diferentes yacimientos de
la trinchera del ferrocarril y de la Cueva Mayor que continúa
en la actualidad.
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