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Un cráneo incompleto, sin huesos faciales, encontrado en 1994 en Ceprano (Italia) es la única evidencia de Homo antecessor en otros lugares de Europa. El rastro de esta especie se pierde en la noche de los tiempos y no tenemos pruebas directas de la presencia de homínidos en Europa hasta una época muy posterior, hace entre 400 000 y 500 000 años, ya en el Pleistoceno medio.

¿Qué ocurrió con Homo antecessor en Europa?¿Evolucionó esta especie en nuestro continente para dar lugar a una especie distinta? ¿Desaparecieron sus poblaciones con la llegada de nuevos inmigrantes? ¿Se mezclaron con estos últimos? Todas estas preguntas aún deben ser averiguadas por la ciencia. De momento tenemos que conformarnos con saber que hace medio millón de años Europa fue poblada por una especie distinta, tal vez más numerosa, que llegó a colonizar latitudes más septentrionales y que poseía conocimientos técnicos más avanzados: sus herramientas eran más sofisticadas y llegaron a controlar el uso del fuego.

Los nuevos pobladores se incluyen en la especie Homo heidelbergensis, nombrada en 1908 a raíz del descubrimiento de la mandíbula de Mauer en la localidad alemana de Heidelberg. Los miembros de esta especie evolucionaron en Europa en condiciones de un relativo aislamiento debido a las glaciaciones que asolaron el hemisferio norte durante el Pleistoceno medio.

La península Ibérica fue uno de los rincones de Europa donde los homínidos encontraron refugio durante los momentos más fríos del Pleistoceno medio.

 

Las herramientas del Homo heidelbergensis se fabricaban siguiendo pautas bien establecidas, para llegar a formas estandarizadas, como los bifaces o hachas de mano, los hendedores y los picos. Esta tecnología recibe el nombre genérico de Modo técnico 2 (o simplemente Modo 2), y se caracteriza por la selección cuidadosa de las materias primas, pre-determinación de los objetos e incorporación de conceptos abstractos, como la simetría. Originalmente, esta tecnología se denominó Achelense, epónimo de la ciudad francesa de Saint Acheul, donde fue hallada por primera vez.

En la sierra de Atapuerca se han encontrado numerosas herramientas fabricadas según esta tecnología en el yacimiento que ocupa el complejo de cavidades formado por la Covacha de los Zarpazos, Galería y la Boca Norte de Tres Simas, muy próximo a la cueva de la Gran Dolina.

Las excavaciones en el yacimiento de la Sima de los Huesos han proporcionado un registro de más de 4000 restos humanos de la especie Homo heidelbergensis. Este conjunto excepcional representa más del 90 por ciento de los fósiles de esta especie y ha permitido averiguar mucho de lo que ahora sabemos sobre la evolución humana en Europa durante el Pleistoceno medio.

El acceso a la Sima de los Huesos es muy complicado y la excavación se realiza en condiciones de gran dificultad.

Se han realizado numerosas dataciones del yacimiento por medio de los isótopos del uranio. Gracias a estas investigaciones ahora sabemos que los homínidos de la Sima de los Huesos vivieron en la sierra de Atapuerca hace aproximadamente 400 000 años.

La colección de fósiles humanos de la Sima de los Huesos incluye más de 500 dientes y varias docenas de restos más o menos completos de mandíbula y maxilar. Este material se analiza cada año con mucho detalle para realizar la identificación de los individuos que poco a poco se van exhumando del yacimiento. Hasta la campaña de 2003 se han identificado un mínimo de 28 individuos: un niño de unos 3 ó 4 años, catorce adolescentes de entre 11 y 18 años y trece adultos de entre 19 y no más 40 años. Este mismo material permite una estimación del sexo de algunos individuos, con todas las dificultades que ello implica en una especie casi desconocida para la ciencia. Por el momento, se puede concluir que los dos sexos están representados en una proporción similar.

Todos los indicios llevan a una misma conclusión: los homínidos hallados en la Sima de los Huesos fueron depositados en ese lugar recóndito de la Cueva Mayor por otros miembros de su especie. La intencionalidad de ese comportamiento se nos escapa, si bien la presencia junto a los cadáveres
de una única herramienta de cuarcita roja, muy bien configurada y sin huellas de uso nos lleva a plantear hipótesis muy atrevidas sobre un posible ritual en aquella época tan remota de la historia de la humanidad.

 


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