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  Atapuerca

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Los puntos más elevados de la sierra de Atapuerca, el alto de Matagrande y el alto de San Vicente, tienen una altitud máxima de 1079 metros sobre el nivel del mar y apenas de unos 160 metros de altitud sobre el nivel del río Arlanzón, que discurre por sus proximidades.

La sierra de Atapuerca pertenece a la cordillera Ibérica y tiene una clara relación con los Montes de Oca, que se levantan en la cara norte de la sierra de la Demanda. Su forma es alargada y el eje mayor tiene dirección noroeste-sureste. Está formada por rocas del Mesozoico y rodeada por rocas más modernas formadas durante el Terciario. Si consultamos un mapa de geografía física veremos que la sierra de Atapuerca aparece como una elevación aislada, en una situación estratégica. Cuando los primeros homínidos llegados a la península Ibérica decidieron moverse entre las dos cuencas fluviales a través del corredor de La Bureba, la sierra de Atapuerca debió de representar para ellos una verdadera atalaya y observatorio de los terrenos de caza circundantes.

La sierra de Atapuerca está llena de cavidades que comenzaron a formarse durante el Mioceno, hace entre siete y cinco millones de años. El conjunto de galerías interiores del sistema de Cueva Mayor y Cueva del Silo tiene una longitud de 3700 metros y representa una de las cavidades más importantes de la cuenca del Duero.

 

 

La roca caliza se disuelve por la acción del ácido carbónico, que se forma cuando reaccionan el agua y el CO2 que producen las plantas. El ácido carbónico reacciona con el carbonato cálcico de la roca y se forma bicarbonato cálcico, que es soluble en agua. Este tipo de erosión da lugar a un tipo de formación geológica que recibe el nombre de karst. Las arcillas, limos y arenas de la roca caliza quedan liberados y son arrastrados por el agua.

Si el agua que se mueve por el interior del karst no tiene suficiente energía para arrastrar los sedimentos, estos pueden depositarse en las cavidades. Si las cuevas acaban por abrirse al exterior también se depositarán en ellas los restos orgánicos de los seres vivos (huesos, cornamentas, polen, excrementos, huellas, etc.) Así, con el paso del tiempo, en una cavidad puede llegar a formarse un verdadero yacimiento de fósiles. Cuando en una cavidad quedan enterrados los restos de las actividades de los homínidos o sus propios restos esqueléticos, se forman yacimientos arqueológicos.

 


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