En
la actualidad, el área geográfica donde se ubica la sierra
de Atapuerca está bajo el dominio del clima mediterráneo,
aunque también recibe influencia del océano Atlántico. De
este modo, la sierra de Atapuerca se encuentra en una zona
de transición de dos ecosistemas diferentes. Se trata de lo
que los ecólogos denominan un ecotono, una zona que
se caracteriza por una biodiversidad muy rica, en la que se
pueden encontrar especies animales y vegetales características
de los dos ecosistemas.
La
sierra de Atapuerca está situada en el extremo occidental
del corredor de La Bureba, que enlaza las cuencas hidrográficas
del Duero y el Ebro.
El
corredor de La Bureba es un paso natural entre las cordilleras
Cantábrica e Ibérica. En esta última se alza majestuosa la
sierra de la Demanda, con los picos de San Millán, Salineros
y San Lorenzo, de más de 2000 metros de altitud.
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Durante
miles de años, el corredor de La Bureba ha sido escenario
de migraciones de especies animales y poblaciones de homínidos,
que se desplazaban desde regiones mediterráneas hacia la Meseta
y viceversa. En la actualidad todas las vías de comunicación
pasan por el corredor de La Bureba, incluido el Camino de
Santiago, que atraviesa la sierra de Atapuerca después del
descanso obligado en San Juan de Ortega.
La
sierra de Atapuerca está cubierta de encinas (Quercus
ilex), también llamadas carrascas o chaparras, quejigos
(Quercus faginea), rosas silvestres y gamones. Estas
plantas crecen bien en los suelos pobres que se forman en
el sustrato calizo de la sierra. Se trata de una mancha de
vegetación típica del clima mediterráneo, que destaca entre
los inmensos campos cultivados de cereales (sobre todo de
trigo y cebada).
En
las praderas de los alrededores de la sierra crecen los robles
melojos (Quercus pyreanica), que necesitan suelos ácidos
y silíceos, mientras que según ascendemos hacia la sierra
de la Demanda encontramos pinos, hayas, nogales, castaños
y abedules, que necesitan ambientes más húmedos.
El
clima ha sufrido variaciones importantes en el hemisferio
norte durante el último millón de años. En las épocas en las
que el hielo cubría buena parte de Europa, la península Ibérica
tenía un clima más frío y seco que no representaba un obstáculo
para la supervivencia de las especies. Por ese motivo, se
puede decir que península Ibérica ha sido siempre una zona
refugio que ha preservado su biodiversidad sin grandes
alteraciones durante el último millón de años. Los yacimientos
de Atapuerca han conservado el testimonio de esa continuidad
de la vida en la región, con pequeños cambios en la composición
de las comunidades animal y vegetal.
Durante
la excavación de los yacimientos de Atapuerca se toman muestras
de sedimento para obtener el polen de las plantas mediante
procesos químicos realizados en laboratorios especializados.
De este modo se ha podido averiguar que hubo periodosS más
secos y fríos que el actual, en los que predominaban los pinos
y las Cupresáceas (cipreses, enebros y sabinas); periodos
templados y húmedos, con predominio de abedules, castaños,
hayas y nogales; y periodos de un clima templado muy similar
al actual, con predominio de encinas, robles, quejigos, olivos
silvestres y vid silvestre.
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