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¿Cómo podemos averiguar la antigüedad de los fósiles y de los utensilios de piedra fabricados por nuestros antepasados? Las rocas sedimentarias están organizadas en capas o estratos y niveles, y el estudio de su disposición y composición se denomina estratigrafía. La datación de las rocas y de los fósiles y evidencias arqueológicas que contienen recibe el nombre de geocronología.

Uno de los trabajos esenciales en la investigación de la Prehistoria es establecer un marco temporal, lo más fidedigno posible, que permita la correcta interpretación de las evidencias obtenidas durante la excavación de los yacimientos.

Para conocer la antigüedad de los fósiles los científicos aplican una serie de técnicas que tienen en cuenta las propiedades físicas de elementos como el carbono, el uranio o el argón. En la naturaleza, estos elementos se encuentran en formas diferentes denominadas isótopos. La transformación de un elemento en su isótopo ocurre en un tiempo constante y conocido. Así, todo se reduce a estimar la proporción de isótopos en la roca cuya edad queremos averiguar.

 

 

También existen métodos de datación relativa, que permiten conocer la posición temporal de cada uno de los estratos y su antigüedad aproximada. Uno de estos métodos es la bioestratigrafía, que estudia la presencia de ciertas especies y de asociaciones particulares de especies fósiles en los estratos. Estas asociaciones son características de una época determinada. Las especies más utilizadas en bioestratigrafía son los micromamíferos.

Otro método de datación relativa es el paleomagnetismo, que ha sido muy utilizado en todos los yacimientos de la sierra de Atapuerca. Este método se basa en los cambios del campo magnético experimentados por la Tierra en los últimos millones de años, que afectan a las propiedades magnéticas de los minerales que se depositan en las rocas sedimentarias.

 


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