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Hace
800 000 años la cueva de la Gran Dolina era una cavidad rellena
solo en parte por sedimentos. El vestíbulo de esta cavidad
se utilizó entonces por los homínidos como un gran campamento
central de referencia, que servía de refugio para evitar los
rigores del clima y el peligro de los predadores. En su interior
los grupos de homínidos realizaban actividades cotidianas,
como fabricar herramientas y compartir el alimento procedente
de la caza y de la recolección de plantas y pequeños animales.
Después
de sus festines, los homínidos abandonaban en la cueva los
huesos troceados, golpeados y raspados de animales como ciervos,
jabalíes, gamos o bisontes, que habían cazado en el entorno.
Con el paso del tiempo, los restos quedaron cubiertos por
los sedimentos y dio comienzo su proceso de fosilización.
Pero mezclados con estos huesos, se han encontrado también
los restos óseos de seis homínidos.
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Los
huesos de dos niños, dos adolescentes y dos adultos muy jóvenes
aparecen también troceados, con marcas de descarnado y golpes
producidos con utensilios de piedra. La conclusión del estudio
de estos fósiles humanos es muy clara: en aquel campamento
se practicó un canibalismo que, con toda seguridad, carecía
de cualquier intención ritual. Es muy probable que un grupo
de homínidos cazara y diera muerte a otro grupo, que luego
devoraron como una presa más en un acto de puro canibalismo
gastronómico.
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