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El Retablo Mayor de esta parroquia
cacereña se organiza en tres alas, pues debe amoldarse al ábside poligonal que lo
cobija. Se articula, además, en cinco calles, cuatro entrecalles, banco y tres cuerpos;
su parte superior se remata con tres áticos.
Alonso Hipólito se encargó de la estructura y
escultura del retablo. En 1560, una vez finalizada esta primera etapa, se contrató a
Pedro de Aguirre para que lo dorase, labor que ya debía de estar finalizada en 1567.
Entre 1563 y 1567, el más famoso pintor extremeño del momento, Luis de Morales, el Divino,
realizó las pinturas, que aún hoy se conservan.
El trabajo del afamado pintor, consistió en doce
tablas grandes y ocho pequeñas. La presencia de Morales en otros lugares, así como el no
muy elevado coste del trabajo ejecutado, que no superó los 400 ducados, hace pensar que
parte de las pinturas eran realizadas por sus oficiales de taller.
Los temas tratados aluden de forma narrativa al
Nuevo Testamento, desde la Anunciación a la Virgen, al nacimiento, infancia, pasión,
muerte y resurrección de Cristo (Adoración de los pastores, Adoración de los magos,
Presentación en el templo, Oración en el huerto, Caída con la cruz a cuestas camino del
Calvario, Descendimiento, Ecce Homo, etc). El
ciclo se concluye con el Pentecostés, o la visita del Espíritu Santo a la Virgen
y los apóstoles, para concederles el don de lenguas. Otras escenas más sencillas y
pequeñas, de santos y profetas, completan la pintura del retablo.
Frente a los cuadros de carácter devocional, de
fondo neutro y de pocas figuras, que caracterizan buena parte de la obra del pintor, en
casi todas las tablas de este retablo podemos observar que también fue capaz de crear
composiciones más complicadas, y repletas de personajes, a los que rodea de paisajes y
arquitecturas.
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