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Juan José Arreola

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   Por M. Ángeles Vázquez y Luis Miguel Madrid

   


«... déjame, Juan José, olvidarte mientras te recuerdo, déjame recordarte mientras te olvido...»
Fernando del Paso

«... es un escritor de primer orden mundial el que hemos perdido...»
Augusto Monterroso

Aquella tarde convertida por la oscuridad en plena noche fue la señalada para que, por fin, conociéramos al maestro Arreola. Era unos de esos magos de la palabra escrita, extrañamente desconocido lejos de Jalisco por gracia de la poca vista de las editoriales. Teníamos la oportunidad de asistir a una de sus clases magistrales en la Universidad de Guadalajara, en México, un regalo que esperábamos con cara de confesionario. Pero no llegaba y en la espera desesperada en la misma puerta supimos que su ausencia se debía al vértigo, aunque en algún rumor se dijo que intentaría llegar. Nos quedamos mirando las alturas apoyados en la barandilla de noviembre, queriendo comprender la naturalidad de aquel suceso del 94.

Caricatura de Arreola realizada por Augusto MonterrosoArreola consiguió refrendar el intento apareciendo entre los árboles, como esquivando el viento de costado, después sobrevoló a ciegas los cinco escalones donde lo aguardábamos y aterrizó en el aula.

«Ha sido el vértigo, pero ya se me está pasando», dijo cuando nos vio sentados y a él mismo ya amarrado a la firmeza rectangular de aquella mesa. Confirmó de nuevo la quietud de los espacios mirándonos las caras y entonces comenzó su discurso con la viveza en los ojos de los seres que escudriñan aún sabiéndolo todo. Nos turbó, a nosotros nos turbó.

Trató de describir el vértigo de su tardanza y para ello se recordó viajando a lomos de un viejo avión, continente abajo y se regodeó con limpieza en sus paradas. Escritores, conversaciones, estilos y artes pasaron con la fluidez que el tiempo usa para reducir los grandes acontecimientos a la inmensidad de un instante. El cuento retrató conversaciones literarias, juegos de escrituras y magias irrepetibles. Las contó con maestría épica, en cantos sabiamente encadenados por versos largos como el pañuelo de un ilusionista y con la elegancia sublime de un viejo rey ajedrecista. Hasta que volvió al viejo avión que lo devolvió a Guadalajara y, de pronto, allí, en la mesa rectangular de aquella pequeña aula frente a catorce ojos alucinados se sintió tan inseguro que se tuvo que levantar porque aquel largo viaje le había devuelto el temblor del vértigo.

A la hora en que esa misma noche se ponía con color de día seguíamos admirando los brillos de sus ojos y su lengua, el desmesurado encanto acumulado en aquellos 76 años de cabellos mareados y voz ajena a los catálogos. Habíamos comprendido la razón de su apodo de juglar y sonreímos ante la insistencia en corregir que tenía aquel maestro de los viajes de cuento. Mejorar aquel improvisado alarde de literatura nos parecía inhumano.

El vértigo y sus variantes lo acompañaron a cualquier lugar que se moviera: la altura de los techos, los cielos claros, los movimientos curvos, en forma de ola o aquel otro que sacudió la vida de Arreola desde muy pronto, a los diez años sentía ya esa marea que después se vino a llamar inspiración, era un sentimiento de poeta futuro, una circunstancia inevitable y que sin remedio hubo de aceptar. Y otro más de la misma especie y también fundamental que él mismo se diagnosticó: miedo al éxito1, del que huyó permanentemente y venció a medias.

De todos estos vértigos vamos a intentar hablar en este monográfico. Con el respeto debido a la obra sincera de un escritor imprescindible, original. Un autodidacta que se convirtió en intelectual de puro ilustrado. Con esta Historia del vértigo queremos añadir un paso en el camino que lleva a conocer ese otro vértigo que producen las palabras cuando están bien colocadas.

 

Notas
 
  * Que sirva este homenaje a Juan José Arreola como recuerdo al profesor de la Universidad Complutense de Madrid, Jesús Benítez, estudioso hasta la exageración del maestro y sobre todo, amigo que nos enseñó a sobrellevar con placer sus propios vértigos intelectuales y los de muchos otros geniales escritores latinoamericanos poco conocidos en España: «Por la pasión que nos provocó mientras vivió y desde aquí, dedicamos esta monografía a su memoria».  

1. Memoria y olvido. Vida de Juan José Arreola (1920-1947) contada a Fernando del Paso, México D.F.: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Ediciones Mexicanas, 1994, 1.ª edic., p. 11.

 

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