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Juan José Arreola

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  Por M. Ángeles Vázquez

   
Juan José Arreola comienza editando sus textos en los periódicos El Occidental y Vigía y en las revistas Eos y Pan de Guadalajara, revista que él mismo fundará en 1945.

En 1943, publica en Eos su primer cuento Hizo el bien mientras vivió, (escrito en 1941) momento en el que ya empieza a reconocerse su trabajo, puesto que este relato es seleccionado para incluirse en una antología dirigida por José Mancisidor, Cuentos mexicanos de autores contemporáneos. No obstante entre 1939 y 1940 Arreola había escrito ya tres farsas en un acto: La sombra de la sombra; Rojo y Negro y Tierras de Caín, que nunca fueron publicadas, así como Sueño de Navidad y su casi desconocido Análisis de un sueño, editados por El Vigía.1

Ilustración «Las focas», de Héctor Xavier, para «Bestiario»En 1946 se edita Gunter Stapenhorst, que reúne el cuento del mismo nombre y «El fraude». Tres años más tarde, la editorial Fondo de Cultura Económica le publica Varia Invención y al año siguiente Confabulario, que recoge veinte cuentos de lo que probablemente sea su obra maestra. En 1953 recibe el Premio de Literatura Jalisco y dos años después el primer premio en el Festival Dramático del Instituto Nacional de Bellas Artes por su obra La hora de todos, despuntando ya como uno de los más relevantes escritores mexicanos de la época. En el año 1958 sale Bestiario con el título de Punta de plata, con dibujos de Héctor Xavier, y que fue editado por la Universidad Nacional Autónoma de México. En 1962 el Fondo de Cultura Económica publica Confabulario total que incluye Bestiario y su «Prosodia», textos breves cercanos a la poesía. Tiene algunos problemas con el Fondo de Cultura Económica —aunque años más tarde le seguirá reeditando— y es Joaquín Mortiz quien se ocupa de editar en 1963 su única novela La feria, (Premio Xavier Villaurrutia, 1963), novela escrita durante la convalecencia de una operación y en donde nos muestra una sensación de caos a través de una estructura fragmentada y poco novelesca, con un lenguaje muy sencillo pero enormemente cuidado. Es el retrato de una colectividad, Zapotlán, el pueblo donde nació Arreola. Entre los años 1971 y 1972, comienza a publicar sus obras completas: inicia la serie con Palindroma, quince relatos, casi todos satíricos, bajo el subtítulo de «Palindroma» y «Variaciones sintácticas». Se incorpora también en esta edición una farsa teatral llamada Tercera llamada ¡tercera! o empezamos sin usted y las «Doxografías», unas series de frases epigramáticas.

El cuento mexicano comienza a alcanzar su madurez a partir de la creación del Ateneo de la Juventud, que fundado en 1908 señala un momento de transición social y por tanto literaria que marcará el futuro de los escritores maduros, que alcanzarán hacia 1950 la consolidación de la narrativa mexicana. Entre los ateneístas se encuentra el precursor de Arreola, Julio Torri (1889-1970), que, como él, desdeña el exceso verbal y el énfasis. Arreola elabora prosas concentradas, poéticas, como él mismo afirma: «... Debo decir que fui afortunado autor de solapas, digo afortunado porque encontré en la brevedad de la solapa el camino de la concisión literaria. De las solapas del Fondo nace probablemente mi vocación de crear cuentos breves ...»2

Viñeta de Isidro Ocampo para «Gunther Stapenhorst»Arreola practica el microrrelato sobre todo en Bestiario (1958) y Palindroma (1971); en ellos fragmenta la realidad con talante caleidoscópico y su manejo del lenguaje no es en absoluto improvisado, ya que forma parte de un trabajo personal y de un don especial caracterizado por el gusto y la fuerza de la palabra oral y escrita. A estas características se añade el profundo conocimiento literario que posee sobre el Antiguo y Nuevo Testamento, y sobre escritores hispánicos como Cervantes, Fray Bernardino de Sahagún, San Juan de la Cruz, Góngora, Quevedo... o de Charles de Orleans, William Shakespeare, Gérard de Nerval, Papini, Kafka, Kierkegaard...; predomina en él la influencia de los escritores europeos frente a los americanos y es notable la huella de Kafka en casi toda su producción, especialmente, en relatos como Pueblerina, Homenaje a Otto Weininger o en El guardagujas, uno de sus cuentos más paradigmáticos y perfectos.

En la temática de sus relatos denuncia el comportamiento humano y lo deleznable de éste -la hiena es uno de los ejemplos más significativos— comportamiento que representa a través de su bestiario, metamorfoseando a los animales para hacernos llegar su repulsión hacia lo más execrable de la humanidad. Por otra parte, su marcada misoginia (con una enorme contradicción entre la atracción y el rechazo), nos muestra una imagen tradicional de la mujer desde sus primeros cuentos y del amor como objeto de deseo y abyección simultáneamente, enfrentando el tema de la pareja como un drama3, y de lo femenino -cada vez más abundante en su obra- desde una perspectiva negativa, así lo observamos en El encuentro, Duermevela o en Homenaje a Otto Weininger donde sus modelos son mujeres elefantas, mujeres vacas, mujeres asnas4... Como indica Saúl Yurkievich5, su comportamiento falócrata y el poder del macho sobre la hembra, convierte a la mujer en objeto sumiso. Por eso siempre escribe desde el punto de vista masculino, macho en celo permanente que describe una tipología femenina amplia y descarnada, desde la mujer sensual que atrae al hombre y lo potencia, hasta la casada infiel o la «víbora» que lanza al hombre a la agonía y la perdición, dando nota de todas las variantes amorosas, como ejemplo tomemos el cuento In memorian que habla del matrimonio como cruel castigo.

Por otra parte, en cuanto al nivel de la técnica, la fastuosidad formal en sus cuentos llama considerablemente la atención, sus textos tienen la estructura de diario, de relatos psicológicos o tradicionales, ensayo (filosófico, histórico, científico...) , fábula, lenguaje publicitario, monólogo interior, epístolas, recetas... y, como subgénero literario, hace uso de la sátira (desmitificación burlesca), parábolas, alegorías, anécdotas o artículos de costumbres, todo ellos con una sintaxis clara y una prosa elegante con las que Arreola modula cada uno de sus relatos.

Mezcla los géneros y sus recursos para además enfrentar a humanos y animales, humanizando a unos y animalizando a otros, y adopta la forma ensayística en muchos de sus textos —sobre todo para los temas científicos—, para tratar de superar la que sería una pura anécdota. También se beneficia del género periodístico como muestra del desequilibrio del mundo occidental, y es entonces cuando se nutre de la sátira. En definitiva, se sirve de una simbiosis entre la estructura del texto y la temática y así subrayar la condición humana y razonar acerca del estado descompuesto de la sociedad.

Los finales de sus cuentos, aunque no llegan a producir en algunos casos sorpresa al lector, sí que permiten desajustar ese final para modificar el contenido narrativo, y con ello proporcionan una nueva significación al texto; véanse así los finales de Alarma para el año 2000 u Hogares felices, en los que se descubre el devenir de la sustancia narrativa, que, en manos del lector, se convierte en materia poética nutrida de la discontinuidad a la que nos tiene acostumbrados Arreola con su carácter extrovertido, su sarcasmo mordaz y su tumulto interior; murmuramos acerca de un hombre que ve, un hombre que se afana, un hombre que «juega», un hombre que se burla, un hombre sabio.

 

Notas
 
  1. Véase la tesis doctoral de Sara Poot Herrera en Un giro en espiral. El proyecto literario de Juan José Arreola, Guadalajara (México): Editorial Universidad de Guadalajara, 1992, 1.ª edic., p. 33.

2. En Emmanuel Carballo, Diecinueve protagonistas de la literatura mexicana del siglo XX, México D.F.: Empresas Editoriales, 1965, p. 375.

3.  «Cada vez que el hombre y la mujer tratan de reconstruir el Arquetipo, componen un ser monstruoso: la pareja» De «Cláusulas» en Cantos de mal dolor (Bestiario).

4. En el breve prólogo a Bestiario puede leerse: «... Y ama a tu prójima que de repente se transforma a tu lado, y con piyama de vaca se pone a rumiar interminablemente los bolos pastosos de la rutina doméstica...» (En Bestiario, México D.F.: Joaquín Mortiz, 1989, 9.ª reimpres.).

5. Ver «Juan José Arreola: Los plurales poderes de la prosa», prólogo a Obras. México D.F.: Fondo de Cultura Económica, 1995, 1.ª edic. 

 

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