Por encima de otros aspectos
compositivos, dos círculos priman en el orden de
Gran Velvet, uno de ellos acaba convirtiéndose
en un cilindro de más de 22 metros que marca la
presencia del escenario y que sirve de signo de
localización de la posición del edificio desde
el exterior. El otro círculo, menor en su
altura, engloba una reproducción 1:1 del
corazón del primer Velvet, casi como si se
tratara de un caso de arqueología prematura.
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