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EL DÍA EN QUE MURIÓ ROBERTO ARLT
Por Fernando Sorrentino
Empezaré
por declarar paladinamente que debo toda la información de este texto a la inteligente
investigación, «La muerte de Roberto Arlt en la prensa de la época» realizada por
Ángel Del Ré.
El hecho es que los diarios de Buenos Aires, en
su edición del 17 de julio de 1942, informaron, a sus respectivos públicos, sobre el
fallecimiento de Roberto Arlt, ocurrido el día anterior.
La Vanguardia, el diario socialista, tras
titular «Dejó de existir Roberto Arlt», califica de destacada su trayectoria literaria
y cita sus obras, entre las que destaca la importancia de las Aguafuertes porteñas.
La Prensa, diario conservador, dio la
noticia de manera aún más breve y en un tono formal y escueto: «Fallecimiento del
señor Roberto Arlt». En el texto, cuya estructura recuerda las biografías de los
diccionarios, se hace referencia a sus obras literarias. |
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La Nación, periódico de igual tendencia, ilustra la nota con una foto de Arlt en su
juventud. Su título es «Don Roberto Arlt. Falleció ayer en esta capital». Este texto,
al menos, pone de relieve el aire renovador que trajo El juguete rabioso en 1927 [sic
por 1926]. Elogia sus condiciones de narrador, de dramaturgo y de periodista. |

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En el momento de su muerte, Arlt trabajaba en El Mundo: desde el 14 de agosto de
1928 publicó diariamente sus populares Aguafuertes. La nota de este diario:
«Falleció ayer nuestro compañero Roberto Arlt» es más emotiva, pues refleja la idea
de pertenencia y de compañerismo: «es algo nuestro lo que perdemos». Se destaca la
capacidad de trabajo de Arlt, escribió Los siete locos en la redacción del
diario, aprovechando ratos libres; de esta novela se dice que introduce a sus personajes
en las «zonas profundas de la conciencia».En la misma edición se publica su última Aguafuerte, «El paisaje en las
nubes», con la advertencia de que «debe leerse con una emoción particular, pues
representa la última expresión de un espíritu excepcional, en quien todos veíamos un
hermano evidente».
«Es la historia de un escritor neoyorquino autor del best-seller
del año, un hijo de inmigrantes (como Arlt) que conduce un taxi y escribe cuando
podía (también como Arlt) y sufre el escarnio de los críticos (una vez más como
Arlt)», según escribe Ángel Del Ré. La conclusión es que, al menos en julio de 1942,
sus contemporáneos no tuvieron conciencia de quién era Arlt y qué representaba en la
narrativa argentina.
El denominador común de la prensa fue la poca
importancia que se dio a su muerte, dando a entender que, sin duda, Arlt no dejaba de ser
un meritorio periodista y, en el mejor de los casos, un literato de segundo orden. |
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