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Rafael Alberti

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Rafael Alberti y María Teresa León, en su juventudSu espíritu militante y comprometido, que cristalizaría en la guerra civil, despierta bajo la dictadura del General Primo de Rivera (1923-1930). Alberti ve actuar los caballos de la dictadura en las vísperas de la II República. Plasma el despertar de su conciencia cívica en Sobre Los Ángeles, verdadero revulsivo y ajuste de cuentas con tintes surrealistas. «Comprendí —diría— que la poesía que hacíamos no era válida, que teníamos necesidad de otra cosa. No puedo tener las venas en un sitio y la sangre en otro». Alberti fue precursor y antorcha de su generación en este compromiso. Escribe entonces compulso «poesías como manifiestos» que pegaba en las paredes de las casas madrileñas. «Eran poesías duras y anárquicas, plagadas de palabrotas y protestas», explicó. Nacía un espíritu rebelde que estallaría en su plenitud con el advenimiento de la República y su ingreso en el Partido Comunista en 1931. Dos años antes había conocido a María Teresa León, compañera inseparable y abnegada esposa en el exilio hasta que la enfermedad minó sin remisión su salud. Contrajo matrimonio con ella en 1931. Pasa Alberti la guerra a pie de trinchera pero con ánimo atento a las musas. Su personal llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, Verte y no verte, aparece en 1935. Entretanto, se ocupa del secretariado de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, funda las revistas Mono Azul y Octubre...

Es a partir de 1936 cuando decide intervenir en la campaña por el Frente Popular en España. Fue un hombre muy comprometido con la izquierda y en el transcurso de la guerra civil llegó a entrevistarse con Stalin en Moscú. Finalmente decidiría enrolarse en la aviación republicana. Pero incluso en plena guerra no podía Alberti olvidar su sentimiento artístico. Así, en el transcurso del asedio a Madrid participó en la evacuación de las obras del Museo del Prado, para evitar su destrucción bajo el bombardeo de la artillería nacional.

El abismo del exilio se abre para Alberti y María Teresa como para tantos otros perdedores, durante 38 años en su caso, cerrado con una frase esperanzadora a su regreso: «Me fui con el puño cerrado y vuelvo con la mano abierta como símbolo de paz y fraternidad entre todos los españoles». Exilio difícil y fructífero de casi cuatro décadas que transcurrió por París, Roma y Buenos Aires. Veintitrés de estos años transcurrirían en la capital de la Argentina.

Rafal Alberti durante una alocución como invitado en un acto del PSUC (Partit Socialista Unificat de Catalunya - Partido Socialista Unificado de Cataluña)De vuelta a Europa se instala en Italia,
en el corazón del popular Trastévere romano.
Por su apartamento de vía Garibaldi pasaron legiones de amigos, entre ellos Ungaretti, Passolini, o Vittorio Gassman. Allí acumularía los tesoros de toda un vida. Una colección de manuscritos y recuerdos que a su vejez le costarían más de un dolor de cabeza. Hubo disputa con la diputación de Cádiz por el legado. Un triste pleito con final feliz para la fundación Alberti con el beneplácito del poeta. El 27 de abril de 1977 regresó a España: en junio de ese mismo año fue elegido diputado a Cortes del PCE por la provincia de Cádiz, pero poco después, en octubre de ese mismo año, renunció al escaño.

 

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