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Su espíritu militante y
comprometido, que cristalizaría en la guerra civil, despierta bajo la dictadura del
General Primo de Rivera (1923-1930). Alberti ve actuar los caballos de la dictadura en las
vísperas de la II República. Plasma el despertar de su conciencia cívica en Sobre
Los Ángeles, verdadero revulsivo y ajuste de cuentas con tintes
surrealistas. «Comprendí diría que la poesía que hacíamos no era válida,
que teníamos necesidad de otra cosa. No puedo tener las venas en un sitio y la sangre en
otro». Alberti fue precursor y antorcha de su generación en este compromiso. Escribe
entonces compulso «poesías como manifiestos» que pegaba en las paredes de las casas
madrileñas. «Eran poesías duras y anárquicas, plagadas de palabrotas y protestas»,
explicó. Nacía un espíritu rebelde que estallaría en su plenitud con el advenimiento
de la República y su ingreso en el Partido Comunista en 1931. Dos años antes había
conocido a María Teresa León, compañera inseparable y abnegada esposa en el exilio
hasta que la enfermedad minó sin remisión su salud. Contrajo matrimonio con ella en
1931. Pasa Alberti la guerra a pie de trinchera pero con ánimo atento a las musas. Su
personal llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, Verte y no verte,
aparece en 1935. Entretanto, se ocupa del secretariado de la Alianza de Intelectuales
Antifascistas, funda las revistas Mono Azul y Octubre...Es a partir de 1936 cuando decide intervenir en la campaña por el Frente Popular en España. Fue un hombre muy comprometido con la izquierda y en el transcurso de la guerra civil llegó a entrevistarse con Stalin en Moscú. Finalmente decidiría enrolarse en la aviación republicana. Pero incluso en plena guerra no podía Alberti olvidar su sentimiento artístico. Así, en el transcurso del asedio a Madrid participó en la evacuación de las obras del Museo del Prado, para evitar su destrucción bajo el bombardeo de la artillería nacional. El abismo del exilio se abre para Alberti y María Teresa como para tantos otros perdedores, durante 38 años en su caso, cerrado con una frase esperanzadora a su regreso: «Me fui con el puño cerrado y vuelvo con la mano abierta como símbolo de paz y fraternidad entre todos los españoles». Exilio difícil y fructífero de casi cuatro décadas que transcurrió por París, Roma y Buenos Aires. Veintitrés de estos años transcurrirían en la capital de la Argentina.
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