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Rafael Alberti

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Por José Ramón Ripoll


Rafael Alberti: la vida, la naturaleza...Hay poetas sesudos, reflexivos, silenciosos, para los que la palabra más que un gesto es una afirmación, aunque sea de su duda. Hay otros que se dejan llevar por el rumor del propio verso que, surgiendo como una melodía detrás del horizonte, envuelven su conciencia y la retornan a aquello que llamamos tradición. Sin embargo, en ese trasiego de ida y vuelta, un intenso y personal latido queda en el aire para siempre. La poesía de Rafael Alberti participa de este movimiento cíclico de la naturaleza: como un bosque de juncos bañado por el mar, deja que el viento mezca sus ramajes más altos, transportando la vaina de sus cañas a lejanos lugares para esparcir la música y el verso. Esa es la poesía que resucita, no el universo entero, sino cada momento, los pequeños instantes que uno a uno constituyen la vida. Es el poeta quien juega como un niño a dar aliento a todo, a agitar la memoria, a pintar la mirada sin forma y rumbo fijo, vivificándola con las pequeñas cosas que acaban de mentarse, como si las palabras configurasen todo y cuanto somos en el paisaje natural de la existencia.

A cien años de su nacimiento, Rafael Alberti requiere otra lectura diferente de la habitual. Quién, después de haber disfrutado de su larga y sonora poesía no ha contemplado el mar de otra manera, no ha sentido los ángeles como un doble existir, como materia y halo del deseo, de la propia tragedia, del amor, del vacío o desde el cuerpo ligero y deshabitado, «dándose contra los quicios / contra los árboles (...)». Esos seres etéreos que en nuestro autor cobran el tacto de los hombres, son ángeles civiles que transforman la realidad en el instante de ser tocada por sus alas, porque son custodios de un conocimiento que se revela, no detrás de la muerte, sino de nuestra propia conciencia. Son metáforas de un ser que canta en nuestro interior y que no somos capaces de oírlo porque nos falta la condición del vuelo: vuelo hacia el interior, hacia el descubrimiento de nuestra soledad, del desierto de un alma ya perdida en los estadios de la nostalgia.

Alberti mira hacia la nostalgiaSobre los ángeles es el libro que permanece desde muchos años en la cabecera de mi cama. Por él conocí al Alberti que subyace debajo de toda la figura que su historia y sus versos han esculpido: búsqueda y tradición, música y dispersión de todos los sonidos ordenados para reconstruir desde la nada un tiempo que nos ayude a soportarnos frente a la historia y la costumbre. El ángel centenario dice ahora: «No, no te conocieron / las almas conocidas. Sí, la mía».

 

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