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Hay
poetas sesudos, reflexivos, silenciosos, para los que la palabra más que un gesto es una
afirmación, aunque sea de su duda. Hay otros que se dejan llevar por el rumor del propio
verso que, surgiendo como una melodía detrás del horizonte, envuelven su conciencia y la
retornan a aquello que llamamos tradición. Sin embargo, en ese trasiego de ida y vuelta,
un intenso y personal latido queda en el aire para siempre. La poesía de Rafael Alberti
participa de este movimiento cíclico de la naturaleza: como un bosque de juncos bañado
por el mar, deja que el viento mezca sus ramajes más altos, transportando la vaina de sus
cañas a lejanos lugares para esparcir la música y el verso. Esa es la poesía que
resucita, no el universo entero, sino cada momento, los pequeños instantes que uno a uno
constituyen la vida. Es el poeta quien juega como un niño a dar aliento a todo, a agitar
la memoria, a pintar la mirada sin forma y rumbo fijo, vivificándola con las pequeñas
cosas que acaban de mentarse, como si las palabras configurasen todo y cuanto somos en el
paisaje natural de la existencia.A cien años de su nacimiento, Rafael Alberti requiere otra lectura diferente de la habitual. Quién, después de haber disfrutado de su larga y sonora poesía no ha contemplado el mar de otra manera, no ha sentido los ángeles como un doble existir, como materia y halo del deseo, de la propia tragedia, del amor, del vacío o desde el cuerpo ligero y deshabitado, «dándose contra los quicios / contra los árboles (...)». Esos seres etéreos que en nuestro autor cobran el tacto de los hombres, son ángeles civiles que transforman la realidad en el instante de ser tocada por sus alas, porque son custodios de un conocimiento que se revela, no detrás de la muerte, sino de nuestra propia conciencia. Son metáforas de un ser que canta en nuestro interior y que no somos capaces de oírlo porque nos falta la condición del vuelo: vuelo hacia el interior, hacia el descubrimiento de nuestra soledad, del desierto de un alma ya perdida en los estadios de la nostalgia.
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