13 bandas y 48 estrellas. Poema del mar Caribe, publicado en 1936, dentro de un marco histórico preciso, es un libro que forma parte de la obra albertiana afectada en su núcleo por la postura política del poeta. Tan pronto predomina ese compromiso, hay analistas que eluden otras valoraciones. Pero lo cierto es que en páginas como éstas brillan, con gran colorido, la inteligencia y sensibilidad del creador, cuya intensidad expresiva puede ser admirada independientemente de la afinidad del lector con ese ideario afincado en la rebeldía. Según confirma el relato del propio Alberti, la génesis de este cantar tuvo su fecha en 1934, cuando regresaba en barco de un viaje a la Unión Soviética. Una parada en Atenas y otro breve hospedaje en París fueron las últimas estaciones del trecho europeo, pues el periplo amplió su cartografía de forma decisiva. El 2 de marzo de 1935, Alberti dejó atrás Cherburgo y se acomodó a un oleaje que lo llevó, a bordo del Bremen, hasta los Estados Unidos, y después a México, a Panamá, a Cuba y a otras islas del mar Caribe. Esa experiencia americana, abarcable en verso, fue organizada en un extenso poema antiimperialista, reseñado por nuestro escritor como el primero de esta naturaleza que se escribió en lengua castellana: 13 bandas y 48 estrellas. La primera tirada del volumen salió de la prensa de Manuel Altolaguirre el 20 de mayo de 1936. En la dedicatoria, quienes lo adquirieron pudieron leer un epígrafe A Juan Marinello y a todos los escritores antiimperialistas de América, que era además una declaración de intenciones. Primera floración de ese impulso contrario a la política exterior estadounidense, la obra antecede a otras muchas que fueron publicándose en años sucesivos. Pese a su aparente fragmentación, lo cierto es que resalta un código íntimo, que unifica las distintas tensiones de la pieza, con plena conciencia del mensaje que desea poner de manifiesto en cada estrofa. La posición investigadora ante la obra que comentamos suele incidir en su identidad iberoamericana, característica de José Martí y de otros maestros que fascinaron al escritor. Pero hay un linaje aún más evidente, subrayado por Aurora de Albornoz, quien alude a los cronistas de Indias como referencia en la recreación cronológica del viaje (Rafael Alberti, 13 bandas y 48 estrellas, edición anotada por el autor, Madrid, Espasa-Calpe, 1985, pp. 14-15). Sin duda, ese espíritu se desborda y enreda entre otras conexiones, cargadas en todo caso con energías sociales, etnológicas y, por supuesto, políticas. |
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