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Rafael Alberti

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1902
1902

Una de las abuelas de Rafael AlbertiDurante la tormentosa madrugada del 16 de diciembre, en la localidad gaditana de El Puerto de Santa María, nace Rafael Alberti. Según el mismo poeta refirió, desciende de dos familias de estirpe italiana, los Alberti y los Merello: «Los Alberti son de origen toscano, y yo he oído hablar italiano en mi casa. Mi abuelo era florentino, y mi madre, aunque española, tenía su origen en la Liguria de Génova. Los hermanos de mi abuelo, aunque nacidos en España, hablaban el italiano, y también mi abuelo, don Carlos Alberti, al que recuerdo muy enfermo, poco antes de morirse, como un hombre muy viejo, y ya casi borrado en mi memoria presente». («Rafael Alberti: Nostalgias del mar de Cádiz», en Joaquín Soler Serrano, Personajes a fondo. Conversaciones con grandes figuras de nuestro tiempo, Barcelona, Planeta, 1987, pp. 191-192).

19031903

En Logroño, el 31 de octubre, nace la que será futura esposa de Alberti, María Teresa León. Ella misma será, en palabras del poeta, la memorialista de su trayectoria conjunta: «Mucho mejor que yo los pueda hoy contar, ciertos momentos, anécdotas o episodios de nuestra vida, los relata María Teresa en su Memoria de la melancolía; tal vez con la novela Juego limpio, su obra más viva y original, paralela a esta mi Arboleda perdida». (Rafael Alberti, La arboleda perdida. Libros III y IV de memorias, Barcelona, Seix Barral, 1987, p. 51).


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19121912

Ingresa en el Colegio de San Luis Gonzaga, regentado por la orden de los jesuitas. En el listado de antiguos alumnos de dicho centro figuran Fernando Villalón, Juan Ramón Jiménez y Pedro Muñoz Seca. Alberti es un mal estudiante, un muchacho indisciplinado que prefiere ocupar su tiempo pintando: «Yo iba lo menos posible. Era un colegio de internos (los ricos) y de externos. Los premios eran para los internos, y la división de clases era demasiado ostensible. Así es que me escapaba a estudiar los caracoles y cangrejos de la playa, a bañarme con mis amigos (...) Por otra parte, los textos que nos enseñaban eran poco claros, y las clases de álgebra y trigonometría eran ininteligibles. Los he leído de mayor y eran bastante disparatados para la edad que teníamos al estudiarlos». («Rafael Alberti: Nostalgias del mar de Cádiz», p. 193).

19171917

La hermana de Rafael AlbertiLa familia Alberti se traslada a Madrid. En la capital, va a manifestarse una de las vocaciones más duraderas del jovencísimo Rafael: la pintura. Sin duda, la primera visita al Museo del Prado es decisiva en esta dirección. En esa pinacoteca realiza copias de Zurbarán y de Goya. Asimismo, conoce a Daniel Vázquez Díaz y a Robert Delaunay. Al poco tiempo, el muchacho adquiere seguridad como pintor debutante y comienza a exhibir sus creaciones. Según dejó dicho, «Mi vida en Madrid en esos años fue dibujar y dibujar: el Casón del Buen Retiro y el Prado eran mis únicos objetivos. Todavía puedo dibujarle hoy todas las estatuas del Casón, y los cuadros que copiaba de Zurbarán, de Goya, del Greco, de Velázquez». («Rafael Alberti: Nostalgias del mar de Cádiz», p. 194).

19201920

El padre de Rafael, don Vicente Alberti, muere en Madrid: «La noche del velatorio fue larga, interrumpida a cada instante por el susurro y cuchicheo compungido de las visitas. Hacia las tres de la madrugada, enfundaron el cuerpo de mi padre en un hábito blanco de la Orden Dominicana de Predicadores, lo pasaron a un sencillo ataúd de color caoba y le encendieron cuatro cirios (...) parecía ese imponente lienzo de Zurbarán en donde el cuerpo yacente del papa San Buenaventura se alza con una plástica bañada de un poderoso escalofrío». (Rafael Alberti, La arboleda perdida. Libros I de memorias, Barcelona, Bruguera, 1980, p. 127).

La tragedia coincide en el tiempo con una satisfacción artística, pues el joven concurre con su obra al Salón Nacional de Otoño, en Madrid.

19211921

Si bien continúa formándose como pintor, alterna esa vocación con otra de estrategia y método similares: la poesía.

19221922

«A la pintura» (pulse sobre la imagen para leer el texto manuscrito de este soneto de Rafael Alberti)


Decidido a divulgar sus inquietudes líricas, Alberti publica sus primeros versos en las páginas de la revista Horizonte, dirigida por Pedro Garfias.

Aunque inaugura una exposición con sus cuadros en el Ateneo de Madrid, decide abandonar su carrera pictórica para entregarse de lleno al oficio literario.


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19231923

Su salud quebradiza motiva un traslado a la sierra de Guadarrama, un paisaje intenso, vivaz, donde elabora los versos de Mar y tierra, su primer poemario. Entre sus principales influencias figuran Gil Vicente y los cancioneros de los siglos XV y XVI.

19241924

Luis Buñuel y Rafael Alberti, en su madurez: una amistad duradera (pulse sobre la imagen para verla en detalle)Su visita a la Residencia de Estudiantes no puede ser más oportuna. De hecho, en esa institución traba algunas de las amistades que serán decisivas en su vida. Entre otros compañeros de fatigas artísticas, conoce a Federico García Lorca, Pedro Salinas, Jorge Guillén, José Moreno Villa, Pepín Bello, Salvador Dalí, Luis Buñuel, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, Dámaso Alonso y José Bergamín. Quien le presenta a Lorca es Gregorio Prieto: «Ya había leído algunos poemas de Lorca en una revista de Juan Ramón Jiménez que se llamaba Índice. Eran unos poemas mínimos que me habían gustado. Gregorio me trajo un librito de poemas, un libro que encontré desigual, al lado de cosas estupendas. Había por ejemplo una carta a doña Juana la Loca y cosas así. Pero en fin, Federico era muy joven, y todavía era un libro de tanteo en el que ya apuntaban cosas del Lorca que vendría después». («Rafael Alberti: Nostalgias del mar de Cádiz», p. 195).

Años después, evocará aquel periodo con emoción: «El periodo en que contaba veinticinco años sí me gustaba, porque yo vivía en la sierra de Guadarrama, acompañando a mi padre, y lo pasaba muy bien. Soy un poeta del campo, me gusta el campo. Allí escribí mis primeros poemas. Incluso escribí un poema dedicado a mi padre cuando éste murió. Para mí son aquellos unos años fundamentales». (Rafael Alberti entrevistado por Ángeles Caso en el programa Para que veas, emitido por Radio Nacional de España el 12 de septiembre de 1992).

La primera página de Mar y tierra cambia de rótulo, y el volumen pasa a titularse Marinero en tierra. Esa versión definitiva obtiene el Premio Nacional de Literatura. El jurado que concede el premio está formado por Antonio Machado, Carlos Arniches, Gabriel Miró, José Moreno Villa y Ramón Menéndez Pidal. El recuerdo de ese poemario será conservado íntimamente por el poeta: «Fue el libro de mis nostalgias de El Puerto, de la Bahía, de la luminosidad, de los azules, las calles, las arenas. Con todo eso, y el deseo constante de volver (pues siempre me consideré un marinero perdido en tierra), me salió este libro, que tiene una unidad grande, y que presenté a concurso por consejo de un escritor canario, Claudio de la Torre». («Rafael Alberti: Nostalgias del mar de Cádiz», p. 196).

19251925

Los lectores tienen la oportunidad de admirar la primera tirada de Marinero en tierra.

José Bergamín, uno de sus grandes amigos, comparte con Alberti confidencias y aventuras intelectuales.

19261926

Traba amistad con el torero y escritor Ignacio Sánchez Mejías, un hombre de genio, impulsor de la que más adelante se llamará Generación del 27: «Yo me acuerdo mucho, muchísimo, de Ignacio; muy a menudo hablo de él. Era un personaje fantástico, casi de leyenda, simpático, culto, guapo, inteligente, generoso. Fue nuestro mecenas por aquellos años del homenaje a Góngora en Sevilla. Era imposible no quererlo. Ignacio era casi un dios para nosotros; parecía que nunca le pudiera suceder nada malo. Recuerdo perfectamente cuando me dieron la noticia de su muerte, yo estaba fuera de España, y casi hoy me causa el mismo dolor... Lo único que pude hacer ya fue ponerme a escribir Verte y no verte, que le dediqué a La Argentinita, su gran amor durante los últimos años». (Declaraciones de Alberti en María Asunción Mateo, Rafael Alberti. De lo vivo y lejano, Madrid, Espasa-Calpe, 1996, p. 48).

Asimismo, conoce Alberti a poetas como Fernando Villalón y Luis Cernuda. Por las mismas fechas, empieza a colaborar con asiduidad en la Revista de Occidente, tan influyente en toda su generación, y escribe El alba del alhelí.

Pasa el invierno de este año en la localidad cordobesa de Rute.


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19271927

El músico Manuel de Falla pasa a formar parte de sus amistades. Asimismo, participa en el homenaje a Góngora que se celebra en Sevilla y que será el acto social más característico de la Generación del 27. «Fue algo que tuvo su importancia, eso no se puede negar. A partir de ese momento, la figura de Góngora volvió a recobrar el prestigio y la difusión que le correspondía, tras una injusta oscuridad. Aquello no fue ninguna tontería ni ninguna frivolidad nuestra ni un capricho puramente estético. Góngora era un maestro revolucionario del idioma y nosotros lo elegimos, precisamente, como un poeta verdaderamente convulso y rebelado contra toda la vulgaridad que pudiera encontrar en su época». (Rafael Alberti. De lo vivo y lejano, p. 51).

19281928

Una crisis existencial aleja brevemente al poeta de la escritura. En dicha crisis «confluyeron muchísimas circunstancias. en primer lugar, yo vivía una situación muy delicada con mi familia, y no por culpa de ella, sino mía, ya que lo que yo quería hacer era —desde el punto de vista de ganarse la vida— completamente inútil. Eso influyó mucho en que yo me sintiera mal, dependiendo como estaba siempre de mi familia a una edad en que —aún joven— otras gentes ya no eran tan dependientes de los suyos... Después, había unas situaciones amorosas, difíciles, confusas, mezcladas. También que empecé a tener conciencia de que los primeros libros que había hecho de canciones se me estaban quedando lejos, yo era una persona mucho más adulta; y me parecía que aquel ciclo se había ya cerrado». («Rafael Alberti: Nostalgias del mar de Cádiz», pp. 191-192).

Alberti prueba fortuna en el teatro y escribe Santa Casilda, pieza dramática compuesta en verso y estructurada en tres actos. En una edición no venal, una imprenta lanza una tirada de 150 ejemplares con los versos de El alba del alhelí.

19291929

Pone en circulación las primeras ediciones de Cal y canto y Sobre los ángeles, dos de sus poemarios más divulgados. Asimismo, escribe Con los zapatos puestos tengo que morir (Elegía cívica) y Sermones y moradas.

Hombre de carácter sociable, comunicativo, Alberti descubre una actividad en la que puede divulgar su palabra con una intensidad inesperada. Es así como inicia su longeva carrera de conferenciante, inaugurada el 10 de noviembre en el Lyceum Club Femenino con la disertación «Palomita y Galápago (No más artríticos)».


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19301930

María Teresa León con sus hijos Gonzalo y Enrique, habidos de su primer matrimonio, con Gonzalo de Sebastián (1920-1929) (pulse sobre la imagen para verla en detalle)
Estrecha sus lazos afectivos con María Teresa León, con quien se casa este año, y también intensifica su compromiso político, expresado en la Elegía cívica, que da a conocer en enero. Coincide esta toma de postura con dos hechos históricos de gran relevancia: el fin de la dictadura de Primo de Rivera y la sublevación de Jaca.

19311931

Se alza el telón para la representación de dos de sus primeras obras dramáticas: El hombre deshabitado y Fermín Galán. Esta última pieza rinde tributo a uno de los principales impulsores de la sublevación en Jaca, fusilado poco después. El hombre deshabitado se convierte en un instrumento de la oposición a Primo de Rivera. Fermín Galán, estrenada por Margarita Xirgu, también provoca un sonoro escándalo: «Cometí errores y excesos, tantos que tuvo que caer el telón metálico, porque yo saqué una imagen de la Virgen del Monasterio donde se habían refugiado las tropas de Fermín Galán, una Virgen que agarraba una bayoneta y se ponía al frente de las tropas republicanas, lo que resultó verdaderamente inaguantable para las gentes de todas las clases, y cuando vieron eso, no hubo más remedio que echar el telón metálico, ése que hay para los casos de incendio, porque el escándalo que se armó fue mayúsculo». («Rafael Alberti: Nostalgias del mar de Cádiz», p. 201).

En esta línea, la alianza entre creación literaria y actividad política cobran un nuevo sentido para Alberti cuando éste decide afiliarse al Partido Comunista.

Conoce a don Miguel de Unamuno y realiza un viaje a París, centro de la vanguardia artística y fuente de constantes sorpresas intelectuales. Oportunamente, la voz del viajero queda inmortalizada en una serie de artículos que publica en El Sol.

19321932

La Junta para Ampliación de Estudios concede a Rafael y a María Teresa León una beca con el propósito de que ambos estudien las novedades del movimiento teatral europeo.

El mismo año en que su amigo García Lorca pone en ruta el Teatro Universitario «La Barraca», Alberti dosifica su curiosidad trashumante en países como la Unión Soviética, Alemania, Holanda, Dinamarca, Noruega y Bélgica. Durante este viaje, conoce a Louis Aragon y a Elsa Triolet. A finales de año, en Berlín, conoce a «Erwin Piscator, gran director de escena, a Bertolt Brecht, ambos muy jóvenes aún, a Ernest Toller, dramaturgo, que se suicidó más tarde en Nueva York, y a muchos más artistas, escritores e intelectuales que el nazismo arrojó de Alemania, en donde ya, en aquel final de 1932 no se podía vivir. Un tremendo clima de violencia la sacudía en todas direcciones». (La arboleda perdida. Libros III y IV de memorias, p. 19).

En Almería, muere su madre, María Merello.

La antología Bosque sin horas, publicada por la editorial Plutarco, incluye su traducción de un texto original de Jules Supervielle.


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19331933

Tiene la oportunidad de conocer a Ilya Ehrenburg, a Pablo Neruda y a su admirada Dolores Ibárruri, la Pasionaria. Llegan al público los versos revolucionarios de Consignas y Un fantasma recorre Europa.

19341934

Salen de imprenta dos piezas de interés, Bazar de la providencia (Negocio) y Farsa de los Reyes Magos (Dos farsas revolucionarias).

Rafael Alberti y María Teresa León (pulse sobre la imagen para verla en detalle)María Teresa León lo acompaña en su nuevo proyecto: la fundación de la revista revolucionaria Octubre. Vinculado al proyecto ideológico que defiende esta cabecera, acude como invitado
al Primer Congreso de Escritores Soviéticos,
y ello le proporciona la oportunidad de viajar
por distintos rincones de la Unión Soviética.
Asimismo, tiene la ocasión de conocer a Gorki
y al cineasta Sergei Eisenstein. Conoce a André Malraux.

El nomadeo se prolonga en otras áreas. Así, el poeta llega a Roma, donde se hospeda en la casa que allí tiene Ramón María del Valle-Inclán, y también visita varios países americanos comisionado por el Socorro Rojo. Una oportunidad que aprovecha para dar conferencias y recitales poéticos a favor de las víctimas de la revolución de Asturias. Entrevistado en México en torno a esta cuestión, resume su parecer con las siguientes palabras: «Asturias es la expresión de la voluntad popular de España contra la reacción. La CEDA y Gil Robles representan para más de la mitad de los españoles esa sombra tétrica de la España clerical contra la que se lucha desde tantos años. Asturias, a través de sus partidos obreros unificados en las Alianzas Obreras, fue la que se lanzó heroicamente a impedir este triunfo. El valor de la epopeya asturiana ya no lo niega nadie. La repulsa por la represión que siguió ha alcanzado a todos los hombres de conciencia». (Robert Marrast, Rafael Alberti en México, Publicaciones La Isla de los Ratones, Sur Ediciones, 1985).

19351935

El conferenciante visita Nueva York y La Habana, donde conoce a Nicolás Guillén.

Su periplo iberoamericano cumple un ciclo de interés en México, donde Alberti pasará casi un año. Allí conoce a ilustres pintores y muralistas como José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros y Diego Rivera. En ese país se imprime la primera edición de Verte y no verte, una elegía que conmemora las virtudes del torero Ignacio Sánchez Mejías.

Su retorno a Madrid coincide con un nuevo lanzamiento editorial: gracias a su amigo José Bergamín, la revista Cruz y Raya distribuye el libro Poesía (1924-1930).

El gran amigo de Alberti, Federico, comparte con éste su periodo de ebullición creativa. Así lo recuerda Rafael: «Comenzaba el año 1935. Y comenzaba para Lorca en pleno éxito teatral: Yerma, tragedia de amor estéril, de la maternidad frustrada, que Margarita Xirgu le estrena en el Teatro Español, de Madrid. Federico ya no es ese joven autor, que pasea su obra de compañía en compañía recibiendo alabanzas y promesas que no se cumplirán nunca. Ahora puede estrenar donde quiere, hasta con actrices y actores que antes se habían mofado de su Romancero gitano». (Rafael Alberti, Federico García Lorca. Poeta y amigo, Biblioteca de la Cultura Andaluza, 1984, pp. 228-229).


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19361936

Activista a favor del Frente Popular, en julio Alberti se reencuentra con María Teresa León en Ibiza, isla donde les sorprende el inicio de la guerra y que no abandonarán hasta el mes de agosto.

Es elegido secretario de la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Asimismo, cumple las funciones de director de la revista El Mono Azul y es nombrado director de una de las instituciones madrileñas con mayor encanto, el Museo Romántico. Dicho en palabras del poeta, es éste un periodo de incesante actividad pública: «Por nuestra Alianza de Intelectuales pasaban no sólo los que llegaban a Madrid de todas las provincias, sino artistas, escritores, políticos del mundo entero, venidos a presenciar y a informar sobre nuestra popularísima guerra... Por allí llegaron un día, de Valencia, José Renau, Juan Gil-Albert, Pla y Beltrán. Con nosotros se hospedaban Emilio Prados, Luis Cernuda, el raro compositor Acario Cotapos y Juvencio Valle, ambos chilenos. También vivían allí Nicolás Guillén y Langston Hugues, los dos poetas de color, el primero de la isla de Cuba y el otro norteamericano». (La arboleda perdida. Libros III y IV de memorias, p. 81).

Es un año trágico para España, pero la ocupación literaria de Alberti tampoco cesa. Además de elaborar las páginas de Capital de la gloria y Nuestra diaria palabra, publica el poemario 13 bandas y 48 estrellas (Poema del mar Caribe). También se luce como dramaturgo cuando el Teatro de la Zarzuela de Madrid estrena su obra Los salvadores de España (ensaladilla en un acto).

19371937

La guerra civil dramatiza un enfrentamiento social e ideológico en el cual Rafael Alberti toma partido por la doctrina revolucionaria. Tras viajar a París, visita en Moscú al dictador José Stalin. Asimismo, figura entre los organizadores del II Congreso Internacional de Escritores y publica Numancia —adaptación del original cervantino— y El burro explosivo.

19381938

A tiempo que comienza a escribir su ciclo autobiográfico, La arboleda perdida, estrena la pieza Los salvadores de España. Radio Sevilla (cuadro flamenco). Este mismo año se alista en el Arma de Aviación republicana. Asimismo, publica los volúmenes Poesía (1924-1938) y Cantata de los héroes y la fraternidad de los pueblos. Participa en la puesta a salvo de los fondos del Museo del Prado.

19391939

La guerra civil toca a su fin con la derrota de las fuerzas republicanas. Como muchos otros españoles, Alberti y María Teresa León deben tomar el camino del exilio. En marzo, vuelan en una avioneta, camino de Orán.

En el primer trecho de este destierro, pasan un tiempo en la casa que Pablo Neruda y Delia del Carril tienen en París, en Quai de L’Horloge. En esa capital, el poeta gaditano y su esposa colaboran como locutores en Radio Paris-Mondiale. Por estas fechas, Alberti escribe uno de sus poemas más conocidos, Se equivocó la paloma.

 

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