Comenzarán
los periódicos, las revistas, la red, todos comenzaremos a escribir elegías y
panegíricos, a recordar sus obras, a rememorar su vida, a destacar su lugar dentro de la
historia de la literatura española, y las librerías llenarán los escaparates con sus
poemarios. Y es difícil resumir en unas páginas, aunque sean virtuales, la vida y los
trabajos de un poeta: desconocemos el significado de paloma, de alba,
o no nos preguntamos por qué alguien cuenta sílabas y decide regalarnos su forma de ver,
de sentir, de entender la realidad; y la poesía apenas parece tener espacio en los
inicios de este siglo y de milenio, sólo unos pocos desgranan ya con voz menuda un verso
y agradecen el universo creado en los libros, en los poemas.
No existirían las arboledas
perdidas sin Alberti, ni los ángeles, ni los marineros en tierra, ni la oda a Platko,
ni...
Rafael Alberti escribió: Si mi
voz muriera en tierra, llevadla al nivel del mar. Ahora su voz condecorada volverá al
mar, y sus palabras permanecerán ya y por siempre en la memoria poética de este país
que lo vio nacer.
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