|
|
De verdadero acontecimiento se puede calificar la primera edición
integral discográfica de la obra vocal con piano de Isaac Albéniz, para el sello
«Calando». En efecto, aunque algunas de las canciones son ya conocidas en nuestro país
sobre todo las de juventud, y otras fueron interpretadas a principios de siglo
con relativa frecuencia en París, Bruselas y Londres, muchas de ellas permanecían sin
editar en manuscrito, esparcidas por medio mundo.
Se ha reunido aquí todo el corpus
vocal de sus melodías, trabajo que ha sido recientemente editado por el pianista Antón
Cardó y el musicólogo Jacinto Torres, para Tritó Ediciones. Aunque parezca increíble
como señalaba Ramón Barce en 1981, todavía no existe un catálogo completo
fiable de las obras de Albéniz, hecho que será finalmente enmendado por el exhaustivo
trabajo del mismo Torres, en curso de elaboración.
Estas canciones abarcan diversos
períodos creativos del compositor de Camprodón, desde las de influencia italianizante
belcantista escritas hacia los 23 años, o las Rimas de Bécquer de la
misma época de corte típicamente romántico schumanniano, pasando por una
etapa intermedia en lengua francesa bajo la influencia de los postfranckistas Fauré
y Dukas, sobre texto de Pierre Loti y la encantadora «Chanson de Barberine» sobre texto
de Alfred de Musset, hasta las últimas Four Songs de 1909
año de su muerte, en la línea de la suite Iberia, en cuanto a la
exuberante riqueza armónica, contrapuntística y rítmica de su construcción, dedicadas
a su gran amigo Gabriel Fauré, así como el bellísimo ciclo de seis canciones To
Nellie, de 1896. El gran pianista portugués José Vianna da Motta, veía en ellas un
conflicto estético entre el recalcitrante «españolismo» de Albéniz y su admiración
por el elaborado lenguaje armónico de Fauré y Dukas, y el impresionista Debussy,
resuelto maravillosamente. |

|
Un capítulo especial merecen las dieciséis canciones una de ellas
incompleta, sobre texto inglés, que integran el llamado «Pacto de Fausto», que
realizó Albéniz con el banquero inglés Francis Money Coutts, el libretista de Pepita
Jiménez y Henry Clifford, que consistía en que el compositor cediera la
exclusiva de la música en el género teatral para las obras literarias que el
banquero/poeta pudiera crear. El músico denominaba esto graciosamente «El pacto de
Fausto», tema sobre el que se ha escrito mucho abundando en conclusiones erróneas y que
ha sido aclarado de manera perfecta en un excelente estudio de Marta Falces Sierra, del
mismo título, editado por el Departamento de Publicaciones de la Universidad de Granada.En la obra musical de Isaac Albéniz predomina la
atención prestada a su innovadora y genial producción para piano. Es lógico, dada la
trascendental importancia de obras como Iberia, tanto en lo que se refiere a la
evolución de las posibilidades de instrumento como a su revolucionario lenguaje
armónico, cuyos límites de influencia están todavía por determinar.
Sin embargo hay capítulos de su extensa obra a
los cuales no se les ha prestado gran atención. Ése es el caso de su obra para voz y
piano, ciertamente no exenta de interés, sobre todo en el contexto de la canción
española de concierto, no tan sobrada en su repertorio de ejemplos de la relación Gran
música / Poema interesante de poeta reconocido, dado el carácter de predominio de la
música popular armonizada, al contrario que, por ejemplo, la música alemana o francesa. |

|
En Albéniz, podemos detectar a primera vista ejemplos notorios del maridaje de su música
con poemas salidos de la pluma de poetas tales como Gustavo Adolfo Bécquer, Pierre Loti ,
Alfred de Musset o Jean de la Fontaine en una canción que por desgracia no pudo
terminar y, aunque no puede afirmarse que su mecenas Francis B. Money Coutts
estuviera al nivel de los citados, algunos de sus poemas pueden ser considerados como
interesantes, sobre todo por la gran calidad de la música de Albéniz que los transfigura
y engrandece, como es el caso de las Four Songs, el ciclo To Nellie, o en
canciones sueltas como «Separated» O «Art Thou Gone For Ever, Elaine?». ¿Acaso todo
ello no nos recuerda a un cierto Franz Schubert en su relación musical con poetas de los
denominados «menores»? Su música siempre tiende
hacia un gran intimismo, introspectiva y alejada de exageraciones o manierismo
operísticos que atiendan a «over singing». Si bien en las Seis baladas pueden
detectarse influjos de la romanza de salón a lo Tosti, o de la romance francesa, y
en las Rimas de Bécquer
aletea el espíritu schumanniano, Albéniz, conducido por su intuición musical, recibe
influencias de los «postfranckistas» Henri Duparc, Paul Dukas, Gabriel Fauré y Claude
Debussy, que no empañan sin embargo su propia personalidad.
|

|
En su última producción, las Four Songs,
terminadas en el último año de su vida, extremadamente enfermo, se pueden observar ecos
de su Iberia, en la que también estaba trabajando en esa época. Su lenguaje ha
sido llevado al extremo de audacia, originalidad y complejidad, armónica, rítmica y
contrapuntística. ¿Cómo no reconocer en la parte de piano en general de estas cuatro
canciones: «In Sickness and Health», reminiscencias de «Evocación», con sus amadas
tonalidades ampliamente bemolizadas, o en el tema de la segunda canción, «Paradise
regained», o en los pasajes rítmicos de la cuarta canción: «Amor, summa injuria», un
mismo perfume español?Vocalmente, estas
melodías como afirma Josep María Llorens son muy difíciles de interpretar
por su dependencia del edificio armónico antes citado, con su escritura recargada de
alteraciones. El tema melódico, apenas iniciado, se pierde entre elaboradas modulaciones,
transiciones sonoras ásperas y violentas y ritmos impetuosos.
El estilo vocal está tratado salvo en las Seis Baladas y las Cinco Rimas de Bécquer,
en un parlando expresivo, con repeticiones de notas a la manera de Schumann,
alternando con momento cantabile, lo cual demuestra la preocupación del compositor
por poner de relieve el texto poético y seguirlo fielmente en su prosodia, consiguiendo
una gran eficacia en todas las lenguas en las que compuso; hecho que evidencia a su vez el
grado de conocimiento que poseía de las últimas tendencias compositivas del género lied
o mélodie. No olvidemos que dos grandes buques insignia de la vanguardia europea
de la época nacieron separados por apenas dos meses en el año 1860. Nos
referimos a Isaac Albéniz y a ... ¡Hugo Wolf!, precisamente el máximo exponente del
equilibrio texto/música, con un especial énfasis en la inteligibilidad del texto en sus
aspectos más descriptivos. |

|
Cinco rimas de Bécquer.
Melodías con recitado Es
la primera obra de Albéniz escrita para voz y piano. Nos hallamos en la órbita de la
«romanza sin palabras» con sabor schumanniano, en un marco dominado por la prosodia
intensamente romántica de Bécquer, envuelta voladamente por el delicado piano
albeniciano para poner de relieve el recitado poético.
Laplane indica al respecto: «La colección
brilla por su brevedad epigramática. El sol español es reflejado a trazos, mediante
acentos, tresillos agitados y acciacaturas, en plena afirmación del
romanticismo». |

|
Seis baladas para canto y piano Sobre
poemas en lengua italiana [*] de la marquesa de Bolaños,
son un homenaje a la lengua, al bel canto, de influjo belliniano, cultivan de lleno
el estilo de la romanza de salón de un Paolo Tosti, o de un Jules Massenet, lo cual puede
haber dado lugar a hablar de la influencia de Schumann. En efecto, Massenet cultivó un
estilo de mélodie cuya armonía, prosodia melódica y carácter cíclico le valió
al compositor el sobrenombre de «el Schumann francés». Para nosotros es muy evidente
que, a pesar de ciertos lejanos ecos del compositor de Zwickau, el romanticismo imperante
en ellas viene más por la vía de la romanza de salón, charmante, de corte
francés, Segundo Imperio.
|

|
Cuatro canciones en lengua francesa, más un fragmento«II en est de lamour»
correspondería a la «segunda manera» de la melodía albeniciana. Es una melodía de
vaga tonalidad sobre acordes sostenidos de color oriental. El contrapunto en sinuosos
cromatismos del período central de la canción demuestra la evolución estilística de su
lenguaje y su adaptación a la más brumosa atmósfera francesa, en una línea, podría
decirse, «postfranckista». La canción, por cierto, está dedicada a Madame Emest
Chausson, otra gran compositora de la estética citada, teñida de wagnerismo.
En el mismo
espíritu están los Deux
morceaux en prose de Pierre Loti: «Crepúsculo», es una
preciosa canción, donde la prosodia de Pierre Loti es magistralmente captada por
Albéniz, cuyo cromatismo musical nos sugiere una tornasolada atmósfera crepuscular a
tono con el sugerente texto. No hay aquí lugar para el exceso dramático. Es un drama de
tintes íntimos, donde toda la canción transcurre entre la dinámica «pp» y «ppp» con
un leve «sf».
«Tristesse», repleta de
flexibles tresillos e interminables síncopas, posee un cromatismo tortuoso de filiación
wagneriana, «quasi tristanesco» hasta el punto de ser bastante difícil situar
claramente la tonalidad en algunos compases, en el límite de su disolución pasado
por el tamiz de Duparc y Chausson, o del último Fauré de la «Chanson dEve».
«Chanson de Barberine».
Esta canción pertenece a la comedia de Alfred de Musset, Barberine. El texto es
del célebre poeta y dramaturgo francés Alfred de Musset (1810-1857), que ya desde sus
juveniles Contes dEspagne et dItalie, había mostrado cierta
predilección por temas españoles, reafirmada en sus Stances á la Malibran, la
célebre mezzosoprano María Felicia García, hija del famoso tenor Manuel García y
hermana de Paulina (García) Viardot, por quien sentía muy sincera admiración. El texto
de la «Chanson de
Barberine», que no tiene resonancias específicamente españolas, apareció impreso
por vez primera en la Quenouille de Barberine, comedia en dos actos publicada el 1
de agosto de 1835 en la Revue des Deux Mondes.
La canción manifiesta con toda claridad un punto
de vista femenino, por lo que resulta por completo inapropiada la decisión de los
editores anteriores de presentarla como obra para barítono. Eso sólo puede explicarse
por el hecho de que en el manuscrito citado la pauta de canto aparece escrita en clave de
Fa en cuarta línea, pero al parecer no tuvieron en cuenta (y nadie más, que sepamos) que
desde el inicio de la melodía hasta el compás 40, la pauta destinada al canto está
escrita en tiras de papel pegadas sobre una escritura anterior, originalmente en clave de
Sol en segunda línea, que también fue borrada en el primer compás y sustituida por la
de Fa. |

|
Canciones en lengua inglesa, sobre textos de Money-Coutts. To Nellie, ciclo de
seis canciones, adecuado para voz de tenor. Con esta magistral composición empieza la
puesta en música de poemas de su mecenas Francis B. Money-Coutts, poeta diletante de
cierto nivel. Es lo que se ha venido denominando «El pacto de Fausto».
To Nellie es
efectivamente una obra maestra por su riqueza musical, tratamiento de la voz, un piano
lleno de color maravillosamente escrito para el instrumento y el perfecto
equilibrio entre las dos partes, por supuesto de la misma importancia.
El ciclo tiene un gran componente lírico,
distinto de la tenue atmósfera pseudo-impresionista de las canciones francesas. Sin
perder su color intimista, tan amado por Albéniz, existen momentos más expansivos y un
piano tratado más impetuosamente con fuertes acentos hispánicos.
Compuesto en 1896, canta la metamorfosis de amor,
la muerte de la amada y la consolación sobre una armonía cromática, sinuosa de manera
especial en «A song of
consolation», cuyos semitonos cromáticos simultáneos en las voces interiores hacen
muy difícil mantener el sentido melódico vocal. Esta canción, es una auténtica cima
del género lied, comparable en su atmósfera a la mismísima «En sourdine» de un
querido amigo de Albéniz: Gabriel Fauré. |

|
Six Songs El
imbroglio de este posible ciclo nos lo aclara suficientemente Jacinto Torres en sus
notas. Las dos primeras canciones fueron publicadas como Two Songs, y son
probablemente compuestas en 1897.
«The Caterpillar» (La
oruga) encanta por su sencilla declamación sobre fondo gregoriano, con su fórmula
rítmica de pausa negra/6 corcheas/1 corchea con puntillo, muy típica del modo protus,
como indica Henri Collet.
«The Gifts of the Gods»
(Los dones de los dioses) es la más cercana a la estética impresionista, en
contraposición a la primera, de claro color británico en su clímax. Está repleta de
agitación en ritmo ternario. Albéniz patentiza aquí en fluido virtuosismo de su piano.
«Will you be mine?»
(¿Querrás ser mía?). Se trata de una canción diatónica de gran sencillez,
siempre en su querido ritmo sincopado toda ella en ostinato
corchea/negra/corchea, corchea/negra/corchea, en compás de cuatro. Figura en la
Biblioteca del Orfeó Cátala.
«Separated!»
(¡Separados!). Es otra pequeña maravilla de sensibilidad y gusto musical. El
piano lleva una figuración de seis corcheas seguidas, en compás de tres, en la voz
central, que alternan con el bajo, siempre y de nuevo en su querida figuración rítmica
sincopada. Es de destacar el denso e intenso cromatismo de la parte central, para ilustrar
la idea de separación o muerte, sin perder jamás su esquema rítmico y temático.
Gracias a la amabilidad del Dr. Samsó, podemos
disponer de otra auténtica joya liederística.
«Art Thou Gone for Ever, Elaine?»
(¿Te has ido para siempre, Elaine?) es una maravillosa canción, en su clima
de introspección y serenidad, de exquisita sensibilidad, genial lamento del amante ante
la pérdida para siempre de su amada. Escrita en la sombría tonalidad de Si bemol menor,
también en figuración sincopada. El profundo cromatismo se desliza ante nosotros como
algo fluido, en su matiz «pp» dolcissimo toda la melodía en pianissimo
obliga a los intérpretes a un prodigioso esfuerzo de contención expresiva, a la vez
repleta de intensidad emotiva, muy difícil de obtener. Sin duda yo situaría este
«lied» entre uno de los mejores escritos en la segunda mitad del siglo XIX.
El manuscrito original de esta canción lleva una
nota marginal de puño y letra de Vincent dIndy con la siguiente indicación: «celle-lá
est incontestablement la mei-lleure» (Ésta es, sin discusión posible, la
mejor). |

|
Four SongsFueron compuestas en 1908-1909, traducidas también al
francés por D. Calvocoressi. Las dedicó a su gran amigo Gabriel Fauré, el cual
agradeció dicha distinción dedicándole a su vez una de sus obras.
Estas canciones maravillosas son el resumen de
todas las experiencias de Albéniz en el terreno del lied.
Son canciones ampliamente desarrolladas, de gran
extensión, con un pathos equiparable al Duparc, sobre texto de Baudelaire. Como
afirma Paséale Saint-André: «Respiran el perfume del país de adopción: Francia.
Claridad, difuminado de los motivos, tonalidades escurridizas, notas pedal, sensibilidad
aristocrática muy faureana; ecos debussystas sobre la agitación de los bajos. Y, en el
corazón de esta música, tornasolado delicadamente, arde el fuego de su tierra natal;
vigor fuera de lo común, mordientes, apoyaturas inferiores y superiores, superposición
de armonías, modalidades alternadas de influencia oriental mayor/menor, enarmonías como
medio frecuente de modulación, reiteraciones de una misma nota, o tresillos raciales».
«In Sickness and Health»
(En la salud y en la enfermedad) es un sensible lamento del amante en tono
elegiaco sobre la enfermedad de la amada, proclamando su dolor a los cuatro vientos. Una
tonalidad de Fa menor suavemente velada, sobre un pedal que canta tristemente. El tema, de
seis notas, se desarrollará infinitamente en ricas tonalidades bemolizadas, pasando de la
voz al piano y viceversa, hasta desembocar súbitamente por enarmonía hacia un mayor
efímero. Destaca la parte melódica monótona y triste en el curso de toda la canción.
«Paradise Regained»
(Paraíso reencontrado) lleva un diseño de tresillos descendentes expresivos,
contrapunteado por el característico ritmo sincopado típico de Albéniz en movimiento
contrario, en un clima de gran serenidad y paz, hasta conducir a un momento de gran
lirismo... de nuevo de corte duparquiano. Después de audaces modulaciones al ... «And
there shall you be queen» (Y allí, tú reinarás). Al final del camino,
el largo postiudio guía el tema hacia el «paraíso reencontrado» en la región celeste,
en lo alto del piano.
«The Retreat» (El
retiro). Un tema de cuatro notas descendentes evoca con tristeza la autorrenuncia
del personaje al mundo más allá de mundanos placeres mediante su unión con
un obsesivo Do en nota pedal, implacable columna temática de toda la canción. Después
de ello la modulación al relativo Do mayor, al principio del postiudio pianístico,
conlleva un consuelo, una esperanza de encontrar la paz en la soledad. P. Saint-André
evoca una semejanza, por el lánguido cromatismo, al clímax de «La vie antérieure» de
Duparc/Baudelaire. Es interesante también observar cómo todas las estrofas del poema son
musicadas en forma anacrúsica.
«Amor, Summa Injuria» cierra
la colección. El piano, frenético y ampliamente utilizado en todos sus recursos
expresivos, domina la canción reflejando la desesperación del amante, autoculpándose de
la muerte de su amada y pidiéndole perdón, una vez muerta. La voz, en cortos y febriles
pasajes, siempre intercalados de pausas, en semiparlato, narra el poema por encima
del piano. Pasionales ritmos «hispánicos» pueden detectarse también aquí. Largas
progresiones anacrúsicas. Sin duda Albéniz capta aquí el clima general de esta
desesperación, más que detenerse en el detalle.
Según Henri Collet «es sin duda la mejor de
toda la colección, cuyo mérito armónico radica en la expresión del melos schumanniano
mediante un colorido impresionista a la manera de Dukas».
*
Traducción de los textos de las canciones que se adjuntan: M.ª Luisa Rodríguez Tapia,
Íñigo Sánchez Paños («Conseil tenu par les rats») y Marcos Cánovas («A Song», en Six
Songs). |
|
|
|

| Obra |
| Índice |
| Portada del CVC |
| Obras de referencia | Actos culturales | Foros | Aula de lengua | Oteador |
| Rinconete | El trujamán |
| Enviar comentarios |
Centro
Virtual Cervantes
© Instituto Cervantes (España), 2001-. Reservados todos los derechos.
|
|