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Acto I
En las cercanías de la catedral de San
Pablo en Londres, poco antes del amanecer Se oye el canto de los monjes dentro de la
catedral:
Junto a uno de sus muros, una lujosa
espada se encuentra clavada en un bloque de mármol. Merlín saluda el día de Navidad con la
petición de que Arthur (Arturo) sea coronado Rey de Inglaterra antes de que acabe el
día:
Nivian, una esclava sarracena que,
junto a sus hermanas, seduce a los Gnomos para que Merlín les arrebate su oro, le ruega a
éste que, en cuanto el rey sea coronado, cumpla su palabra y las libere. Merlín, sin
embargo, se niega. Nivian gime.
Caballeros, nobles y damas salen en
procesión de la iglesia. Al final, junto con el y el Arzobispo de Canterbury, monjes cantando:
Merlín aprovecha la reunión para
animar a los congregados a elegir un nuevo rey. Un grupo de hombres proclama el rumor de
la revelación por gracia divina del heredero al trono. El Arzobispo lee la inscripción de la
espada «Excálibur».Quien consiga arrancarla de la roca en que se halla incrustada,
será el nuevo rey:
El hada Morgana reclama para su hijo, de sangre real, la
corona, pero la multitud prefiere que sea
«Excálibur» la que dicte la sucesión. Primero prueba Gawain, a instancias de su
padre, el rey Lot, pero fracasa en el intento. Después hace lo propio Mordred, hijo de
Morgana, desoyendo sus advertencias en contra de la magia de Merlín. El Arzobispo manda
buscar nuevos candidatos. Merlín ordena que se monte guardia con objeto de proteger la
espada sagrada y se anuncia el torneo. Arthur, que pasea con Kay, confunde la espada
«Excálibur» con la suya propia, que creía haber perdido, y la arranca de su emplazamiento sin esfuerzo.
Tras jurar Ector y Pellinore por los Sagrados
Evangelios que fue Arthur quien logró extraer «Excálibur», Merlín revela a la
multitud que Arthur es hijo de la reina Igraine, quien, al morir, le entregó el bebé.
Él mismo dejó al recién nacido ante la puerta de Ector. Todos, con excepción de
Morgana y sus seguidores, que se enfrentan violentamente a los demás, proclaman majestuosamente a Arthur como
nuevo rey. |

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Acto IISalón del Trono del Castillo de Tintagil.
Arthur
y Merlín conversan sobre la guerra contra Morgana y sus vasallos, que acaba de concluir.
Ante las preguntas del mago, Arthur le confiesa su amor por Guenevere, pero Merlín le
advierte de los peligros de tal romance, lo que provoca el enfado del rey.
Los nobles vencedores entran en la sala para
proclamar su victoria y llevan consigo a los vencidos: Morgana, Mordred y Pellinore.
Arthur trata de averiguar por qué Morgana actuó tan despiadadamente contra su propio
hermano. Ella implora perdón ante la ira de Merlín, de la multitud y del caballero
Gawain, que vio morir a su padre de manos de Pellinore. Cuando Arthur proclama la paz
otorga el perdón a los prisioneros, que se arrodillan ante su rey. Todos ensalzan la
bondad del monarca, aunque Morgana y Mordred traman ya su venganza:
Morgana
vaticina la proclamación de Guenevere como reina consorte, lo que acabará por provocar
la destrucción de la corona por medio de un conjuro de la propia Morgana, aunque, sin
embargo, antes habrá de deshacerse de
Merlín, quien protege a Arthur con su magia. A continuación entra Nivian, que ruega
a Morgana que le ayude a conseguir su libertad. Morgana declara que la única manera de
vencer a Merlín es a través del engaño, al tiempo que le informa del poder de la varita
que porta Merlín y de la fragilidad de la roca que cubre la entrada de la gruta de los
Gnomos. Merlín ha de quedar prisionero en dicha caverna, engañado por las artes de
Nivian y por su codicia. Nivian acude al
encuentro de Merlín.
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Acto IIIEn el bosque, en plena floración de la primavera, se oye
la canción de mayo. Arthur, que dormía al pie de un haya, recuerda a Guenevere. Merlín
conversa con Arthur, quien le encarga que realice oficialmente la petición de la mano de
Guenevere. Merlín planea cómo conseguir
que Arthur se olvide de su amada, pues la consumación de este amor destruiría su
reino.
Antes ha de conseguir más oro de los Gnomos y
con este propósito llama a Nivian, que danza junto a
sus compañeras.
Los
Gnomos salen de su caverna persiguiendo a las doncellas y se pierden con ellas en el
bosque, desde donde se oye la risa placentera del amor. Un interludio orquestal describe
la puesta de sol mientras una ligera niebla cubre a Merlín y a Nivian. Al final del coro
de las doncellas, que desde la espesura del bosque cantan la magia de su amor, la escena
se ilumina con la fuerza de la luna llena. Nivian baila para Merlín mientras Morgana
merodea entre los árboles y, encandilándolo,
solicita un deseo: que le permita coger la varita que sostiene en sus manos.
Merlín se la da, sabedor de que así pierde todo
su poder. Nivian desaparece en el bosque, mientras Merlín, a solas, proclama que pronto
Nivian recibirá la libertad. Pero para ello ha de saquear de inmediato el tesoro de los
Gnomos. Antes de entrar en la gruta, Merlín se ríe de la posibilidad de que Nivian
averiguase que tiene en sus manos la única llave con la que podría soldar la entrada a
la cueva de los Gnomos y se encamina riendo hacia su interior. Nivian se acerca de nuevo,
ahora con la varita en la mano, proclamando e invocando al espíritu de la libertad.
Nivian golpea la roca con su arma mágica, que sirve para bloquear la entrada de la gruta,
mientras los Gnomos, advertidos por el estruendo, corren desordenadamente por encima de la
misma. Nivian arroja la varita y se aferra horrorizada a Morgana, cantando desesperadamente a la libertad
recién conseguida y desapareciendo en el bosque. Morgana, bañada totalmente por la
luz de la luna, realiza un conjuro:
«Que así sea, Princesa de los Infiernos»:
(Citas extraídas del libreto de
Francis Burdett Money-Coutts.
Traducción de Liliana Pastora) |
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