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Merlin: Orquesta sinfónica, cuatro agrupaciones
corales, once solistas y director, un total de casi trescientos artistas; tres ingenieros
de sonido, productor y nueve toneladas de equipo técnico; verano madrileño y unos
cuarenta grados de temperatura. Auditorio Nacional, julio de 1999.
Con estos
ingredientes, y el entusiasmo sin medida de todos los participantes, se puso en marcha la
grabación de la ópera Merlin de Isaac Albéniz. Más de un año de gestiones y
preparación culminaban durante los últimos días del mes de julio de 1999.
Cuando nos encontramos a pocas fechas de la
presentación discográfica de Merlin, los dos años que han pasado desde que la
Comunidad de Madrid decidiera acometer esta grabación nos hacen recordar las mil y una
anécdotas y tropiezos que en muchos momentos de esta gran aventura hicieron peligrar
seriamente el proyecto. Situaciones que «a toro pasado» nos hacen sonreír y convierten
este Merlin en algo entrañable para todos los que hemos tenido la suerte de
participar en su materialización discográfica.
El 20 de junio de 1998, Merlin se pudo
escuchar por primera vez en su versión original, gracias al trabajo y esfuerzo del
maestro José de Eusebio. Desde el momento en que finalizó el concierto y los allí
presentes pudimos recuperarnos del impacto absoluto que su audición había producido en
nosotros, estuvo claro en la mente de todos que había que dar a conocer esta magna obra
al gran público. Así, desde el 21 de junio de 1998, la Comunidad de Madrid se puso manos
a la obra.
Si la llegada del camión
desde Alemania con el material técnico no hubiese tenido prohibida la circulación por
Madrid; si después de instalado todo el equipo en el Auditorio Nacional la acometida
eléctrica alemana hubiese coincidido con la del Auditorio.
Si las plataformas de orquesta del escenario no
hubiesen crujido y por tanto no hubieran tenido que ser cubiertas con grandes tablones de
madera, amortiguados a su vez por grandes alfombras dos horas antes del comienzo de la
grabación; si, además, gran parte del coro no hubiese llegado con un importante retraso
por la caída de un puente sobre la carretera de La Coruña... |

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... Si las
botellas de agua mineral no hubieran fluido como el aire acondicionado que tenía que ser
apagado porque zumbaba demasiado; si las reparaciones, habituales durante los meses de
verano en el Auditorio no hubieran tenido que ser suspendidas temporalmente por los
ruidos; si uno de los fotógrafos no hubiera sufrido un grave accidente de circulación;
si el acceso al Auditorio, tanto de artistas como de medios de comunicación y otros, no
hubiese tenido que ser controlado diariamente; si algunos materiales de orquesta no
hubiesen tenido que ser confeccionados y enviados por mensajero desde Valencia durante las
sesiones de grabación; si no hubiese sido durante el mes de julio o en Madrid y todos los
participantes no hubiesen estado agotados después de una larga temporada de trabajo; si
más de un miembro de ese gran equipo no hubiese tenido que permanecer hasta catorce horas
al día en el Auditorio Nacional; si todo esto y muchas otras cosas no hubieran sucedido
durante la grabación, es indudable que todo habría resultado infinitamente más fácil. Pero
hoy, tiempo después, también podemos afirmar rotundamente que todas estas circunstancias
sólo fueron la sal y la pimienta de un gran proyecto que hoy es realidad y del que nos
sentimos profundamente orgullosos: Merlin, una obra que servirá para colocar la
figura de Isaac Albéniz en el lugar que le corresponde dentro de la lírica universal;
una grabación que, gracias al esfuerzo de muchos, servirá para que la puedan descubrir y
disfrutar todos los amantes de las emociones fuertes y de la buena música.
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