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Merlin, de Isaac Albéniz (1860-1909) está llamada
a instalarse en el gran repertorio de la lírica internacional. Desde que finalicé su
restauración no ha dejado de sorprender a cuantos se han acercado a su historia y a su
realización sonora.
Recuperar la mítica partitura de Merlin
era para mí, como director de orquesta, un deber profesional. Pero ¿por qué nadie,
desde el ámbito interpretativo, lo intentó con anterioridad si Merlin lleva
escrita más de cien años?, ¿por qué Merlin no se ha estrenado aún
escénicamente en su versión original en inglés?
Ignoro las respuestas. Ahora sólo importa
recuperar para la música universal este siglo perdido; valorar de manera efectiva, desde
una perspectiva de justicia histórica, su producción escénica y, por ende, su obra
completa (canciones y música sinfónica incluidas). Comencemos por su mayor y, ojalá,
penúltimo logro: Merlin.
El maestro Guillermo González (autor de la
primera edición urtext de Iberia), consiguió fijar en mi mente el mito del
hasta entonces desaparecido Merlin. Tras conocer sus ideas, inicié mis propias
investigaciones, primero torpemente, y más tarde con la ansiedad de quien se sabe en un
territorio no explorado. Contacté con el musicólogo Jacinto Torres, autor del primer catálogo científico de las obras de Albéniz.
El profesor Jacinto Torres había catalogado ciertos manuscritos incompletos de
la orquestación original de Merlin.
Más tarde conseguí localizar
un material inédito: las pruebas de impresión de la editorial Mutuelle, corregidas
parcialmente por el mismo Albéniz, y unos negativos de fecha posterior a estas pruebas.
La fase real de la reconstrucción coincidió
con el encargo entusiasta de la Comunidad de Madrid para que dirigiera el estreno de
Merlin, en versión de concierto.
Ponce, Merlin, y otros fantasmas de la
ópera
Merlin ha sido una excepción en muchos de
los ámbitos mencionados: se ha lanzado una grabación al máximo nivel de difusión
internacional, con una compañía como Decca que tiene el mayor de los prestigios en el
campo operístico. Se trata de un trabajo cuyo objetivo es ser absolutamente fiel al
original de Albéniz, desechando cualquier tipo de complejo en su interpretación. No
obstante, los únicos peros que se reprochan a Merlin y a su compositor siguen
viniendo del país anfitrión. Y eso sería lícito si se presentara algún documento o
hecho que permitiera contrastar científicamente opiniones; pero no es así. Se lanza un
rumor y aquí nos volvemos todos locos haciendo caso omiso de los documentos reales:
cartas, manuscritos, pruebas de impresión, fechas... Dicen que Merlin lo ha
orquestado Manuel Ponce (1882-1948). Es falso.
Vuelvo a presentar una prueba ya
reiterada en otros escritos míos. No es la única existente (las hay a decenas), pero sí
es la que tenía más a mano: no me interesa perder tiempo en demostrar la autoría de la
orquestación de Merlin sin que antes ésta se cuestione formalmente, por escrito.
Sería trabajar gratis para los demás. Las pruebas documentales son tantas que a uno le
aburre escoger la mejor y más clara.Veamos una de ellas, que ya he publicado con
anterioridad en diversos medios, y que considero extremadamente esclarecedora: |

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Albéniz se quejaba del trato recibido por su grabador y editor: además de no
cumplir los plazos, las pruebas de impresión enviadas al autor para su corrección eran
un rompecabezas (alteraciones mal puestas, claves incongruentes, la parte del corno
inglés aparecía en la primera flauta...). El 3 de julio de 1901 Albéniz escribe a
Rosina, su mujer, dando instrucciones para el Sr. Don Juan:
«Instrucciones para el Sr. Don Juan: irá Ud. á
[sic] l´Schola Cantorum, y preguntará por el Sr. Bordes. Le dirá que estoy menos
que satisfecho del paso que lleva el gravado [sic] de la partitura del Merlin. Le
suplicarás que delante de ti llame al gravador [sic] Monsieur Millet, y que dicho
señor os diga cómo lleva dicho trabajo, haciendole [sic] presente de lo asombrado
que estoy de que no haya contestado a mi última carta de principios de junio. De no haber
empezado el gravado [sic] del tercer acto, lo recogerás y te lo traerás para que
aquí puedan, en casa de Fiscowitch, sacar la copia de orquesta que no me ha de costar
nada y adelantaré tiempo. En caso de que dicho gravado [sic] del 3er. acto esté
empezado, y de que te hayas tú cerciorado de visu de que lo está, le darás prisa, para
que vaya mandándome las pruebas lo más deprisa posible, y que no me empreñe como lo
está haciendo, dirás a Monsieur Millet [...] que una vez estén sacados los papeles de
orquesta se lo volveré a mandar.»
E insistiendo el 8 de julio de 1901:
«Que le suplico no olvide los encargos que le
tengo hechos y sobre todo, el de la schola cantorum [sic], y que bajo ningún
concepto se venga sin todo el original.»
De esto se deduce que ya en 1901 no sólo estaba terminada
una primera orquestación de Merlin, sino que Albéniz hacía tiempo que esperaba
recibir de su editor las pruebas de impresión de la partitura y planeaba realizar las particelas
orquestales con premura. Además, el mexicano Ponce [1], en
1901, no había pisado Europa todavía, tenía 19 años, y no conocería a Dukas
hasta su llegada a París, donde vivió entre 1925 y 1933. Dukas fue quien sirvió de
contacto, muchos años después de la muerte de Albéniz, entre la familia Albéniz y
Ponce, cuando éstos intentaban localizar todo el Merlin.
La familia sí le encargó a Ponce, tras la
negativa de Dukas, una Suite de Merlin, y la posible corrección de las pruebas de
impresión que Albéniz no había podido corregir hasta el final. Trabajo muy parecido al
que yo he hecho, aunque Ponce, de realizarlo, nunca contó con los manuscritos y bocetos
que yo sí tuve en mis manos, datados y firmados. Según relata Torres, la viuda del
maestro Albéniz escribe a Ponce desde Barcelona, el 11 de julio de 1928, confirmándole
la recuperación de las planchas de impresión de las pruebas que la Mutuelle había
grabado como paso previo a su publicación, aunque afirma que el manuscrito se perdió
(manuscrito parcialmente recuperado en la actualidad). Estas planchas de que se habla,
corresponden a las pruebas de impresión que Albéniz reclama ya en 1901 en las dos cartas
antes citadas. Tanto las planchas, como las pruebas de impresión, como los manuscritos
(bocetos de Albéniz o copias finales de copista) cambiaron de país y de dueño en varias
ocasiones, llegando a pasar por manos tan pintorescas como las de la BBC inglesa. De ahí
la confusión. |

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Hay muchos más documentos que prueban que Albéniz fue el autor de la orquestación de Merlin.
Existen además manuscritos que prueban los pasos que siguió Albéniz en su
orquestación. Bocetos datados, cartas, diarios, pruebas de impresión de la partitura
orquestal corregidas y anotadas de su puño y letra (partitura que finalmente recibió de
la editorial Mutuelle, a quien iba dirigida la cita anterior)... Y no nos olvidemos,
Albéniz escribió otras obras sinfónicas y operísticas inmediatamente anteriores a Merlin
que muestran el camino y la evolución de su orquestación. El rumor se ha lanzado sin
aportar documentación alguna. Por otro lado, y a nivel personal, llevo esperando mucho
tiempo para ver publicado algo científico y documentado que avale la tesis de Ponce, pero
nadie da ese paso. Hasta entonces, no creo necesario publicar más datos o documentos que
certifiquen la autoría de la orquestación de Merlin. No sería justo para
Albéniz.En otro orden de cosas, a título
personal y, con riesgo a equivocarme, considero que Ponce nunca ha sido una gran figura de
la orquestación. Aunque sea un excelente y reconocido autor de obras para guitarra, no
dudo en situar su nombre muy por detrás del de Albéniz en cuanto a su técnica orquestal
y a la trascendentalidad de su obra. Sinceramente, no veo comparación posible entre él y
Albéniz, dicho esto con el mayor de los respetos hacia la obra de Ponce, y también con
la mayor de las coherencias en cuanto a la talla de Albéniz.
Sin embargo, tal y como dije antes, la actuación
institucional llevada a cabo con Merlin por la Comunidad de Madrid se sitúa
exactamente en el polo opuesto a lo anteriormente mencionado.
Se ha proyectado, realzado, y presentado por primera vez
una producción discográfica de nivel internacional, sin ahorrar ambiciones y expulsando
cuantos prejuicios a los que se podía haber recurrido como escapatoria de la
responsabilidad que se nos avecinaba.
La faceta interpretativa, que es el principal
objetivo de cualquier música, no debe eclipsar la labor anterior de denuncia y análisis
documental que otra faceta de la música, la musicología venía ya realizando: hace
tiempo que musicólogos españoles y no españoles vienen reclamando una mayor atención
para el resto de la obra albeniciana. |

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Recuperación física de MerlinLos cien años transcurridos desde la composición de Merlin
(ca.1898) hasta su estreno en versión de concierto, en su idioma original
(inglés), el 20 de junio de 1998 en Madrid, dan buena cuenta del retraso existente en la
valoración rigurosa e histórica de la obra de Albéniz. Cien años en los que Merlin
se convirtió en un mito que algunos musicólogos no dudaban en calificar de desaparecido.
Las causas: la dejadez y la confusión organizativa reinante en casa de los Albéniz,
incluso con él mismo a la cabeza; una curiosa serie de casualidades históricas; y, sobre
todo, una falta de interés por evaluar de manera completa la figura del compositor.
Una vez localizados los materiales de Merlin (los
manuscritos de las distintas fases de la composición, tanto de su propia mano como de
copista; las pruebas de impresión de la editorial Mutuelle; un juego de negativos de
éstas realizados después en España; la partitura de canto y piano publicada en 1906 y
otros materiales menores), comprobé si la partitura podía ser reconstruida en su
totalidad: no era posible. Faltaban seis compases por orquestar, lo que no es mucho si
tenemos en cuenta que el total es de 3 131. La suerte quiso que ese pequeño fragmento
fuera la repetición de otro anterior, en una tonalidad diferente. Esto me permitió
completar el pasaje con garantías de acierto.
Una vez microfilmados los materiales, comencé el
trabajo en mi estudio, cotejando todas las fuentes con los manuscritos para obtener un
texto original óptimo y utilizando como hilo conductor la versión de canto y piano,
publicada en vida de Albéniz con su aprobación y sus correcciones.
Debido a la inmensa cantidad de erratas detectada
en las pruebas de impresión de Mutuelle (hasta cincuenta en algunas de las casi
novecientas páginas) había que comprobar, nota por nota, la exactitud de lo escrito.
Faltaban alteraciones accidentales, había una enorme confusión con las claves de algunos
instrumentos, las articulaciones eran inconsistentes, las voces tenían errores en el
texto inglés... Finalmente, tras ocho meses de intenso trabajo, para obtener el material
definitivo, copié personalmente al ordenador la partitura de orquesta. Esto resultó ser
un trabajo obsesivo que me permitió un control total sobre la edición, además de un
conocimiento exhaustivo de la obra. De vital ayuda fue la Editorial Piles, el maestro
Blardony y el apoyo familiar durante esas largas noches en vela.
Para situar Merlin en el lugar que le corresponde
hay que completar el círculo. Además de su estreno en escena, y de su edición, preparo
un estudio completo de la obra analizando, tema por tema, el procedimiento formal de cuño
wagneriano utilizado por Albéniz: el leitmotiv. Intentaré, también, situar
históricamente sus hallazgos orquestales, precursores de tantos logros impresionistas.
Hay mucho de anticipación a su tiempo en la obra de Albéniz. Basta con ver el uso que
hace de los timbales cromáticos y de las trompetas, entre otros instrumentos, como
elementos tímbricos pre-impresionistas, así como la escritura avanzada y arriesgada de
la cuerda y del tratamiento nuevo y ambicioso de la voz.
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Canto gregoriano en CamelotMerlin utiliza el canto gregoriano de una manera prácticamente inédita
en el repertorio operístico: inserta un himno en su estado puro, sin acompañamiento
alguno, y lo cita expresamente. Este himno se ha interpretado en la presente grabación
con criterios de autenticidad histórica, según la transcripción del especialista en
canto llano, maestro Luis Lozano [2], que coincide casi al
cien por cien con la de Albéniz.
Hemos decidido incluir detalles como la
pronunciación del latín de los monjes ingleses en la Edad Media. Compuesto por San
Ambrosio (339-397) y en su versión reformada tras el Concilio de Trento por el Papa
Urbano VIII, el himno tenía como función litúrgica la celebración de la Navidad, que
es justamente el día en que comienza la acción de Merlin.
Ciertamente existen casos en el repertorio
operístico en los que aparece el canto llano acompañado, como cita argumental o como
cita insertada en el discurso vocal, pero nada comparable a la forma explícita y pura
utilizada por Albéniz. La trilogía de la que forma parte Merlin, de seguir el
libreto del banquero y mecenas Francis Burdett Money Coutts, hubiera incorporado canto
llano en las óperas Launcelot y Guenevere en varias ocasiones, llegando a
requerirse la participación de monjes e incluso monjas en su interpretación escénica.
La obra lírica de Isaac Albéniz espera su justo
emplazamiento en la historia. Títulos como Pepita Jiménez (aún por estrenar su
orquestación original y definitiva), Henry Clifford, The Magic Opal
(estrenada en Londres, donde el compositor siempre tuvo una calurosa recepción), San
Antonio de la Florida y, quién sabe si Launcelot, entre otros, necesitan una
valoración actualizada.
Este es un objetivo que, los que hemos trabajado de manera
entusiasta en la grabación de Merlin, nos hemos marcado como el cumplimiento de un
deber: ubicar la obra lírica de Albéniz en su contexto justo, descubrir la verdadera
dimensión histórica del compositor. Merlin tiene ahora un largo camino que
recorrer.
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| NOTAS: |
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1. Torres, Jacinto. «La producción escénica de Isaac
Albéniz» (Revista de Musicología, XIV, 1991). |
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2.
Ver su artículo al respecto, en estas páginas.  |
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