|
|
Quien trate de indagar sobre Isaac Albéniz como
compositor lírico se adentrará en un terreno donde impera el escepticismo. Salvo en el
campo pianístico, dentro del cual el genio de Albéniz resulta indiscutible, casi nadie
cree que el gran músico español haya aportado algo valioso a la ópera. Ni sus mejores
amigos confiaron en él como compositor lírico. Y sin embargo, el maestro de Camprodón
es autor de una treintena de canciones entre las cuales se hallan pequeñas joyas, de
cuatro óperas, dos de las cuales son auténticas obras maestras, y de una zarzuela no
menos hermosa.Por otra parte, en el
intrincado laberinto de su obra, solo comparable al de la peripecia existencial del
músico catalán, encontramos más de veinte intentos de piezas escénicas cuyo grado de
desarrollo desconocemos, bien porque se han perdido o por haberse quedado en meros
proyectos. En cualquier caso, aunque la realización de esas obras sea embrionaria,
fragmentaria y hasta completa en algún caso, no se ha publicado un catálogo descriptivo
que nos permita conocer su estado, cuáles son sus fuentes y su ubicación actual. Está a
punto de publicarse ese necesario catálogo, que ha elaborado el profesor Jacinto Torres. |

|
Sí tenemos ya en estos últimos años las siguientes publicaciones:
Vladimir Jankélévitch, La presencia lejana
(París, 1983), publicada este año en traducción de Lourdes Bigorra, (Ediciones del
Bronce, Barcelona).
Albéniz. Edición al cuidado de
Enrique Franco, Fundación Isaac Albéniz (Madrid, 1990).
Albéniz, Isaac, Impresiones y Diarios de viaje.
Prólogo de Enrique Franco, Fundación Isaac Albéniz (Madrid, 1990).
Cartas de Paul Dukas a Laura Albéniz.
Edición prólogo y notas de Mercedes Tricas Preckler, Universidad Autónoma de Barcelona
(Barcelona, 1983).
Imágenes de Isaac Albéniz.
Selección y notas de Enrique Franco, Fundación Isaac Albéniz (Madrid, l990).
Marta Falces Sierra, El pacto de Fausto.
Estudio lingüístico-documental de los lieder ingleses de Albéniz sobre poemas de
F .B. Money-Coutts, Universidad de Granada (Granada, 1993).
A ello habría que añadir escritos dispersos de
Jacinto Torres y Marta Falces, publicados en revistas, programas de mano, etc, una
biografía divulgativa de Montero Alonso, otra de Xosé Aviñoa...
Por lo que respecta al exterior, son destacables
dos trabajos en inglés:
Pola Baytelman, Isaac Albéniz. Chronological
List an Thematic Catalog of his Piano Works, Harmonie Park Press (Michigan, 1993).
Walter Aaron Clark, Isaac Albéniz . Portrait
of a Romantic, Oxford University Press.
|

|
Además de estos dos libros, Jacqueline Kalfa, el
citado Clark, John Robert Redford, Jean-Michel Nectoux y otros, han realizado novedosas
aportaciones.Es incesante, pues, el
reconocimiento y el interés por la figura y la obra de Albéniz, también en el plano
editorial y discográfico.
Recordemos ahora las ediciones de Iberia realizadas
recientemente por Antonio Iglesias y Guillermo González. Este último, además de la
revisión integral de la compleja partitura, ha publicado en facsímil los manuscritos de Iberia
con un estudio histórico-monumental a cargo de Jacinto Torres (Ed. Emec-Edems, Madrid,
1998). En edición de Antón Cardó y Jacinto Torres ha aparecido también la integral de
la obra para voz y piano (Ed. Tritó, Barcelona, 1988), con una nota preliminar de Rosina
Moya Albéniz, la nieta del compositor.
Por fin, la edición del ICCMU (Madrid, 1996) la
comedia lírica Pepita Jiménez, en revisión del compositor catalán Josep Soler,
que ha traducido y adaptado el libreto inglés de Money-Coutts al castellano.
Es evidente, pues, que la figura de Albéniz
sigue suscitando el interés de los estudiosos y las nuevas investigaciones van eliminando
tópicos e inexactitudes cometidos por sus primeros biógrafos; sin embargo no es este el
lugar para hacer la valoración de la vieja bibliografía albeniciana, cuyo repaso nos
proporcionaría la ocasión de reencontrarnos con excelentes aportaciones.
Ahora bien, retomando el hilo del tema que nos
ocupa, hemos de insistir en el hecho de que al gran público no ha trascendido todavía la
importancia de la música escénica del compositor gerundense. |

|
Cuando Albéniz llegó a Madrid el año 1894, traía
una considerable experiencia lírica, pues había compuesto y estrenado varias zarzuelas
en España, hoy perdidas, y una ópera en Londres afortunadamente conservada.Sin embargo, seguía negándosele capacidad en ese campo.
Su sobrino Víctor Ruiz Albéniz recoge en uno de sus escritos las palabras de
desconfianza de quien fue uno de los mejores amigos y ferviente admirador, de su tío,
Tomás Bretón. Este proponía a Isaac Albéniz hacerse cargo de la cátedra de
perfeccionamiento de piano del Conservatorio de Madrid el año 1894: «... Pero Isaac, con
esto, no se siente feliz. ¡Si fuera de Composición! Pero, ¿piano otra vez y a estas
alturas?». Don Tomás se hace cruces e insiste; porque Bretón es de los que creen que
Isaac no debe salirse de lo suyo y que lo suyo es el piano y su literatura. No cree en el
Albéniz polifacético, en el Albéniz autor de obras teatrales. A más le confiesa
con  reserva:
«Eso en Madrid, lo tienen acotado Chapí, Caballero, Nieto, Rubio, Valverde y Chueca, y
solo a él ¡y sabe Dios a costa de cuán largo y diario calvario! y alguna
vez a Jerónimo Jiménez les toleran asomarse a los escenarios de cuando en
cuando».
¿Ha cambiado la postura de la crítica o la
historiografía respecto a este tema más de un siglo después? Por supuesto que sí, pero
aun no tanto como merece el genio albeniciano. Ya Vladimir Jankélévitch en su libro de
ensayos La présence lointane (Ed. De Senil, París, 1983) intuyó la importancia
de las dos grandes óperas de Albéniz en estas afirmaciones: «Con Merlin tan brillante, por otro lado, y que dejaba
presentir algunos aspectos de Iberia, Albéniz escribió sin duda, de alguna
manera, su Gwendoline particular...». Jankélévitch ha reconocido que
«Albéniz tenía una vertiente de sentimentalismo romántico común con Chabrier», y que
su arte es más refinado que el del autor de Gwendoline y al mismo tiempo más
fastuoso. Poco después, a propósito de Pepita Jiménez, la otra ópera magistral
de Albéniz, dice: «... en la admirable La Vega de Albéniz, tan intensamente
poética y tan llena de misterio, aun se adivina el romanticismo, y Pepita Jiménez,
a pesar de su hispanidad, a veces aun a las efusiones líricas de la ópera, pero ¡qué
encanto tan cautivador posee este lirismo! Es evidente que no todo está al servicio de la
cantante, pues la originalidad modal de la armonización anuncia claramente el pianismo
revolucionario de Iberia». |

|
Mucho más reciente es la opinión de Enrique
Franco, maestro indiscutible de la crítica en España, que escribió a propósito del
estreno en Madrid, en versión de concierto, de la ópera Merlin: «Que la
genialidad de Isaac Albéniz alcanza la cima insuperable en la suite Iberia para
piano, es indudable, mas sería un error aberrante mantener olvidado al otro
Albéniz, compositor teatral que acaso culmina en Merlín...», añadiendo
al final de su crítica (El País, 22 de junio de 1998): «El conocimiento de Merlín
modifica no pocos supuestos sobre su autor. Sorprende su talento orquestal, excepcional en
la España de principios de siglo, y habrá que investigar mucho sobre las influencias que
pudo recibir. A quienes abusan del antecedente wagneriano les aconsejo trabajen en una
dirección: Paul Dukas». Creo que Enrique Franco acierta en sus planteamientos, como en él
es habitual, y resulta especialmente reveladora su afirmación de que se abusa del
antecedente wagneriano. Es cierto que, después de Parsifal, la ópera no podía
seguir siendo verdiana, y que se produjo un cambio sustancial en toda Europa, con la
aparición del verismo y el impresionismo. De hecho, el wagnerismo siguió imponiendo su
ley hasta bien entrado nuestro siglo (Palestrina, de Pfitzner es de 1917); pero las
grandes personalidades, sin escapar del todo a la influencia del genial sajón, mostraron
su propio estilo, bien a través de la armonía, bien por el tratamiento de las voces, en
la instrumentación o en un melodismo peculiar. Albéniz fue una de ellas y hoy estamos en
condiciones de asegurar que su nombre podrá figurar al lado de su más ilustres
contemporáneos: Giacomo Puccini (1858-1924), Pietro Mascagni (1863-1945), Leos Janácek (1854-1928), Jules Massenet
(1842-1912), Paul Dukas (1865-1935), Ernest Chausson (1855-1899) Claude Debussy
(1862-1918), Richard Strauss (1864-1949), Nikolai Rimsky-Korsakov (1844-1908), Antonin
Dvorak (1841-1904), Francesco Cilea (1866-1950), Ferrucio Busoni (1866-1924), Umberto
Giordamo (1867-1948) Vincent DIndy (1885-1931), Gabriel Fauré (1845-1924), Arthur
Sullivan (1842-1900), Serguei Rachmaninov (1873-1943), etc.
No podemos olvidar que Albéniz escribe sus obras
maestras Pepita Jiménez y Merlin, en 1895 y 1898 respectivamente. Ahora
daré unas cuantas fechas de óperas muy destacadas de
aquellos años.
La lista es elocuente y nos atreveríamos a decir
y se puede comprobar en la reciente grabación de Merlin que pocas de
estas obras pueden competir en belleza y expresividad con las de Albéniz. En cuanto a las
principales obras líricas de la época en España,
casi podría decirse otro tanto. |

|
Como se ve, y no cuento las obras de Isaac Albéniz, hay
mucho y bueno donde elegir, pero es evidente que la de Albéniz sobrepasa en importancia a
las aportaciones de estos autores pues, aunque en algunos casos sea más escasa y en otros
haya tenido peor acogida, en su conjunto excede, por belleza y ambición , a la de sus
connacionales contemporáneos. Sin embargo, Albéniz presenta una diferencia, acaso
desventajosa para su aceptación en España, respecto a sus colegas españoles y es que
sus cuatro aportaciones al campo de la ópera, se han hecho sobre libretos en lengua
inglesa.Como es sabido, desde 1889
Albéniz frecuentaba Londres, actuando como pianista en recitales o haciendo música de
cámara con el violinista húngaro Tivadar Nachéz. En la capital inglesa estableció
contacto con los empresarios Horace Sedger y Henry Lowenfeld, que administraban el Lyric
Theatre, erigido en la Shaftesbury Avenue n.º 29, en Westminster. Para ellos escribió
Albéniz su primera partitura lírica en inglés, la ópera cómica The Magic Opal, sobre
un libreto del actor y dramaturgo Arthur Law. La composición de esta obra fue un encargo
a Albéniz y a Enrique Fernández Arbós, pero el ilustre violinista, compositor y
finalmente director madrileño, apenas pudo iniciar el trabajo pues una desgracia familiar
le obligó a regresar a España.
La acción tiene lugar en Grecia y el título
alude a un anillo de ópalo que suscita sentimientos de amor a quienes lo poseen. Tras
numerosas y rocambolescas aventuras dará lugar a un doble enlace matrimonial. Se estrenó
The Magic Opal, también titulado The Magic Ring, el 19 de enero de l893,
reponiéndose en abril en el Prince of Wales Theatre. Con el título de La
sortija y en versión de Eusebio Sierra (1850-1922), comediógrafo santanderino que
llegaría a colaborar años después con Bretón y con Chapí, se presentó en el Teatro
de la Zarzuela el 23 de noviembre de 1894. Menos de un mes había transcurrido desde la
presentación en el Teatro Apolo de la zarzuela San Antonio de la Florida,
también con música de Albéniz y esta vez con libreto original del escritor cántabro,
el cual se llamaba realmente Eusebio Cuerno de la Centolla. Esta zarzuela cómica en un
acto y dos cuadros, se estrenó el 26 de octubre y es la única en este género que ha
llegado hasta nosotros, aunque existen referencias de tres anteriores, tituladas Catalanes
de Gracia; El canto de salvación, sobre un libreto del dramaturgo sevillano Rafael
Leopoldo Palomino de Guzmán, conocido entonces por su zarzuela Las hijas del tambor
mayor (música de Mangiagalli); y Cuanto más viejo, que llegó a
estrenarse en Bilbao. |

|
Desarrollando un tema emparentado con el mundo
goyesco, San Antonio de la Florida consta de nueve números musicales y,
pese a ser música más elaborada que las habituales en Apolo para obras en un acto, tuvo
cierto éxito, y obtuvo l5 representaciones tras el estreno y otras 5, veinte días más
tarde, en una reposición.Se ofreció San
Antonio en Barcelona, y también en el Théatre Royal de la Monnai de Bruselas con el
título de LErmitage fleuri. El estreno belga tuvo lugar, en
francés, el 3 de enero de l905. De San Antonio de la Florida se perdió la
partitura durante la Guerra Civil. Tan solo quedaban las partes de apuntar (canto y piano)
y la versión reorquestada que Sorozábal estrenó en el Teatro Fuencarral de Madrid
el 19 de noviembre de 1954.
Desde el año 1894, Lowenfeld quedaría fuera del
acuerdo, iniciando Albéniz la etapa llamada inapropiadamente «Pacto de Fausto». Y
empleamos este adverbio porque gracias a Money-Coutts, Albéniz produjo mucha y muy buena
música, cuya composición probablemente sin él no hubiera nacido. La correspondencia
entre ambos artistas pone de relieve la amistad profunda y recíproca, una verdadera
comunión estética y de ideales entre uno y otro, pese a ser hombres casados. Por parte
de Sir Francis se desprende un «amor filosófico» que llega al punto de expresar un
deseo «prohibido»: «Woud to God we were neither of us wedded!».
De hecho Money-Coutts llegó a separarse de su
esposa Helen, la Nellie que le inspiró amorosos y atormentados poemas a los que Albéniz
puso muy hermosa música.
Inspirada en la Guerra de las Dos Rosas, que
enfrentó en el siglo XV a las casas reales de Lancaster y de York, el texto
inglés de Money-Coutts para Henry Cifford se tradujo al italiano por
Arteaga y Pereira, estrenándose como Enrico Clifford en el Teatro del Liceo de
Barcelona el 8 de mayo de 1895. Pese a lo flojo del libreto, la obra obtuvo un moderado
éxito. El libreto estaba firmado por Mountjoy, pseudónimo de Francis B. Money-Coutts,
publicándose en una versión bilingüe italo-inglesa en Barcelona. |

|
Pepita Jiménez es la única ópera de Albéniz que logró algún éxito y renombre
internacional, muy por debajo, no obstante, de su valor, en nuestra opinión , inmenso.
Valera, viejo y desencantado, quiso disuadir a Albéniz de poner música a una obra
ascética, psicológica y mística, escasa en acción y falta de dramatismo. «Es como si
me propusieran guisarme perdiz con natillas o con tocino de cielo», escribió el ilustre
novelista y diplomático: «Albéniz, en mi sentir, estragaría sus natillas y yo mi
perdiz».Sin embargo, el compositor logró
sortear todas las dificultades y puso fin a una bellísima partitura que presagia las
genialidades de Iberia.
Pepita Jiménez se estrenó en el
Teatro del Liceo de Barcelona el 5 de enero de 1896, con su libreto inglés traducido al
italiano por Angelo Bignotti. Después se representó en numerosas ocasiones, algunas,
como la del Neues Deutsches Theater de Praga, en vida de Albéniz. Bruselas, París y
Madrid han visto también sobre la escena Pepita Jiménez, así como Perelada, en
cuyo festival de verano se representó. En Madrid, se vio en el Teatro de la Zarzuela el 6 de junio de 1964, protagonizada por la gran soprano desaparecida Pilar
Lorengar y por Alfredo Kraus en una bastante libre adaptación de Pablo Sorozábal. En
1997 volvió a representarse en el Teatro de la Zarzuela, protagonizada por María José
Montiel. La dirección corrió a cargo de Josep Pons, quien utilizó la revisión de la
partitura y la traducción al castellano de Josep Soler. El compositor barcelonés
aseguró que no había hecho sino «colorear, dar vida luminosa y deslumbrante a la
historia de Pepita».
Sin embargo, a quienes tenemos fe en la valía de
Albéniz como compositor sinfónico, nos gustaría conocer la primera versión, la de
Praga, publicada por Breitkopf un Härtel en Leipzig el año 1896, o, en todo caso, la que
resultó de las modificaciones de Albéniz para la escenificación de la obra el 3 de
enero de 1905 en el Théâtre de la Monnaie de Bruselas. En cualquier caso, y pese a las
vicisitudes sufridas por los materiales de orquesta (contadas con detalle por Jacinto
Torres en su muy completo artículo «La producción operística de Albéniz» [1]), ya tenemos una edición solvente que nos ha permitido
disfrutar de las bellezas de Pepita Jiménez. Existe también una suite de
concierto para soprano, tenor, coro de niños y orquesta de cámara, realizada por Josep
Soler, y que ha sido grabada en disco compacto bajo la dirección de Josep Pons. |

|
Y llegamos finalmente a Merlin, primera de las
óperas de una trilogía sobre el tema central de ciclo artúrico que llevaba el nombre de
King Arthur. Las otras dos llevan por título Launcelot y Guenevere,
es decir, Lanzarote y Ginebra. Money-Coutts publicó la trilogía en
Londres en 1987, pero Albéniz, cuya salud iba deteriorándose, solo pudo acabar con la
primera parte. De la segunda, Launcelot, sabemos que dejo al menos acabado el
primera acto en versión de canto y piano, y ciertos indicios nos permiten albergar
fundadas esperanzas en que pudiera haber ido más lejos, e incluso haber completado la
obra.De Guenevere solo parecen
haber quedado algunos apuntes sobre el ejemplar del texto de la trilogía que Money-Coutts
publicó en Londres con el título King Arthur.
De Merlin se han hecho hasta la
fecha tres audiciones públicas. La primera se celebró en Bruselas el 13 de febrero de
1905. Era simplemente una audición de la partitura para voz y piano, en la residencia de
los señores Tassel, cantada en francés según la traducción realizada por Maurice
Kufferath y con el título La Table Ronde. La segunda fue póstuma, pero es
el verdadero estreno. Tuvo lugar el 18 de diciembre de 1950 en el Teatro Tívoli de
Barcelona. Se hizo dentro de las sesiones operísticas que organizaba el Club de Fútbol
Junior. La organización general corrió a cargo de Teodoro Torné, quien encarnó el
papel protagonista que da título a la obra. Se cantó en castellano, versión de Manuel
Conde, el cual cantaba uno de los papeles, el de Kay, hijo de Sir Héctor, ocupándose
además de la escena. Es decir, se trataba de llevar a cabo una empresa de gran dificultad
con el mismo coste. La Orquesta Clásica de Barcelona, ampliada para la ocasión hasta
ochenta profesores, fue dirigida por el maestro Josep Sabater.
La tercera se celebró en Madrid el 20 de junio
de 1998 en la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional. La Orquesta Sinfónica de Madrid fue
dirigida por el maestro José De Eusebio, verdadero artífice de la recuperación de la
obra y responsable de su edición. Cantaron los papeles protagonistas el barítono Enrique
Baquerizo, el tenor John David de Haan, y las sopranos Inmaculada Egido y María José
Montiel, actuando el Coro Nacional, preparado por su titular Rainer Steubing-Negerborn, y
la Escolanía de Nuestra Señora del Recuerdo que dirige César Sánchez. |

|
A partir de los trabajos musicológicos sobre Albéniz del profesor Jacinto Torres,
primero en hallar y sobre todo en valorar, fragmentos de Merlin orquestados (había
una partitura para canto y piano editada en 1906). El maestro De Eusebio, pianista,
compositor y musicólogo formado en Estados Unidos y Europa, donde ha iniciado su carrera
directorial con señalados éxitos, comenzó una búsqueda afortunada. Encontró pruebas de impresión de la Mutuelle, editora parisiense
de Merlin, mucho más completas pero aún perdidos algunos fragmentos. El hallazgo
de los negativos de esas pruebas de imprenta completaron la totalidad de la obra
orquestada por Albéniz. Faltaban tan solo seis compases de los 3.131 de que consta la
ópera, pero no era difícil reconstruirlos por comparación con un pasaje inmediatamente
anterior, en otra tonalidad, pero con un diseño similar al que conducía a los compases
desaparecidos. De Eusebio trabajó durante ocho meses día y noche con cuanto estaba a su
alcance para preparar debidamente la partitura orquestal. Utilizó particellas de
voz, con traducciones al catalán incluso, corrigió erratas sin cuento introducidas por
el copista de la Mutuelle (Albéniz ya se quejó por carta de los mucho fallos contenidos
en las pruebas de imprenta, si bien su mala salud le impidió corregir todo y hay páginas
con más de 50 erratas), pero al final De Eusebio consiguió sacar del marasmo una obra
llena de bellezas, cuyo camino hacia el futuro pronosticamos feliz. El libreto de Merlin lo extrajo Money-Coutts de las
leyendas del ciclo artúrico, especialmente de los ocho poemas de Sir Thomas Malory, bardo
aventurero del siglo XV. Deseaba el poeta londinense crear un nuevo Anillo del
Nibelungo, esta vez con leyendas británicas, y aunque tenía a mano a gente
como Sir Arthur Sullivan, Sir Hubert Parry, Sir Charles Villiers Stanford, al joven Ralph
Vaughan Williams, recién llegado de Bayreuth en 1896, donde recibió el bautismo
wagneriano, y sobre todo al gran Edward Elgar en plenitud creadora (las Variaciones
Enigma son de 1899), prefirió confiar sus sueños al arte intenso y colorista de
Isaac Albéniz. Es curioso pero The Dream of Gerontius, el gran oratorio de
Elgar, tiene evidentes concomitancias con Merlin, pero Elgar lo compuso
entre 1899 y 1900, mientras Albéniz terminó el primer acto de su ópera en 1898.
En los últimos meses ha circulado la especie,
absolutamente infundada, de que la orquestación de Merlin no fue orquestada por
Albéniz sino por Manuel Ponce (1882-1948). Es cierto que la familia de Albéniz contactó
con él para que revisara la partitura, pero el maestro mexicano se limitó a examinar el
material fragmentario que obraba en poder de la familia, corregir algunas erratas y
elaborar una suite para orquesta, dada a conocer en 1929. Las planchas de imprenta estaban
en la BBC de Londres, donde se traspapelaron. Hoy se encuentra allí un manuscrito
completo del primer acto, aunque el autógrafo principal y numerosos bocetos con
anotaciones del propio Albéniz se conservan en el Museo de la Música de Barcelona. Uno y
otro son de la mano de Albéniz, así que puede afirmarse sin duda alguna que él
orquestó Merlin. |

|
La obra estaba acabada en 1902 y Ponce no había salido aún de México en esa fecha. En
la edición de canto y piano de Merlin de 1906, se indica en francés: «La
transcripción al piano del tercer acto está hecha por el señor J. M. de Orellana y las
del primero y el segundo hechas por el autor». Ello es probatorio de que los tres actos
estaban ya orquestados por Albéniz y que éste, enfermo, solo pudo realizar la reducción
pianística de los dos primeros. Ponce andaba por Italia y Alemania en 1906 y hasta 1925
no decidió ir a París a revisar su técnica con Paul Dukas. A propuesta de Vincent
DIndy, Albéniz pudo escuchar al menos el preludio de la obra en versión orquestal,
el 22 de enero de 1899 en Nancy, en un concierto dirigido por el eminente sinfonista Guy
Ropartz, a la sazón director del Conservatorio de la capital de Lorena. El propio
Albéniz interpretó la parte de teclado del Concierto núm. 5 de Brandemburgo, de
Bach; al piano, naturalmente.La versión
de concierto que dirigió José De Eusebio en el Auditorio Nacional a la OSM causó una
gran impresión a público y crítica, todavía mayor que la causada el 5 de noviembre de
1997, por la audición de concierto de Pepita Jiménez en revisión y traducción
de Josep Soler. La OSM estuvo dirigida en esta ocasión por Josep Pons y cantaron los
principales papeles María José Montiel, Joan Cabero, Soraya Chaves, Alfonso Echevarría,
Iñaki Fresán y Alfredo García. Intervino el Coro de RTVE dirigido por Alberto
Blancafort y la Escolanía de Nuestra Señora del Recuerdo. Pero Pepita Jiménez había
sido interpretada en el Teatro de la Zarzuela meses antes, y existía en disco la vieja
versión de Sorozábal. Los «entendidos» conocían ya Pepita Jiménez, pero no
podían imaginar la importancia, la madurez del Albéniz de Merlin. Una vez más,
el musicólogo, historiador y diplomático Rafael Mitjana acierta plenamente al considerar
esta ópera de Albéniz una obra maestra. El hecho de que haya momentos en los cuales
parecen percibirse, en la concepción melódica, elementos procedentes del piano, no resta
un ápice a su valor a la esplendorosa orquestación ni eficacia vocal de la partitura. La
de una ópera de admirable modernidad para su tiempo, en la cual Albéniz no solo adelanto
procedimientos e ideas de su revolucionaria Iberia, sino que ensayó moldes
formales insólitos. Por ejemplo, la de recurrir al canto gregoriano, cuya recuperación,
en su prístina pureza, iniciaban por entonces los monjes benedictinos de Solesmes
(Francia), de la mano de musicólogos como Dom Guéranger, Dom Pothier y Dom Mocquereau. |

|
Desde junio del 98, Merlin ha empezado a ser comidilla del mundo musical. Varios
teatros europeos y americanos han mostrado interés por la obra, que ya se ha presentado
en Alemania (23 de junio de 1999, en Saarbrücken) con la Orquesta de Rheinland-Pfalz y el
Coro Nacional de España bajo la dirección de José De Eusebio. Allí cantó el papel
protagonista Siegmund Nimsgern, un wagneriano de pro. Barbara Hilbert y María José
Montiel encarnaron los papeles de Nivian y Morgana.Como colofón y resultado de intensos esfuerzos ya tenemos la oportunidad de
disfrutar todos de Merlin en la grabación que ha efectuado el sello DECCA en
Madrid , bajo los auspicios de la Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid y del
INAEM. Entre el 20 y el 30 de julio de 1999 se realizó la grabación, con la OSM, el Coro
Nacional, el Coro de la Comunidad, el Grupo de Música Alfonso X el Sabio que dirige Luis
Lozano, todos bajo la dirección de José De Eusebio. Los solistas fueron Carlos Álvarez,
Plácido Domingo, Jane Henschel, Ana María Martínez, Carlos Chausson, Ángel Rodríguez,
José López Ferrero, Francisco Javier Franco, Christopher Maltman, Javier Roldán y
Felipe Bou. Intervino un pequeño coro de contratenores, en el rol de los gnomos. Quienes
realizaron la grabación, a cargo del productor Michael Haas, por parte inglesa y por
María Gil, por parte española, quedaron profundamente impresionados ante la música de
Albéniz y asombrados de que una obra de tal magnitud y belleza fuese desconocida por el
mundo. Pero los españoles sabemos que muchos de nuestros compositores han sufrido el
rigor y el amargo sentimiento de la injusticia. Confiemos en que, al resplandecer el genio
de Albéniz de nuevo, nos demos cuenta de que hay muchos desdenes y desvíos que reparar. |
|
|
|
|
|

| La obra escénica |
| Índice |
| Portada del CVC |
| Obras de referencia | Actos culturales | Foros | Aula de lengua | Oteador |
| Rinconete | El trujamán |
| Enviar comentarios |
Centro
Virtual Cervantes
© Instituto Cervantes (España), 2001-. Reservados todos los derechos.
|
|