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La interpretación de la obra de Isaac Albéniz no
ha estado exenta de polémicas y controversias que, lejos de enturbiar el dinamismo de su
escritura, enriquecen su universo expresivo. La dificultad que supone su interpretación
no ha frenado el interés de los músicos que, a lo largo del siglo XX, se han
acercado a sus páginas con más o menos fortuna: unos, tratando de convertirse en fieles
transmisores de la técnica y estilo del autor, y otros, dispuestos a mostrarnos una
peculiar visión subjetiva de la obra. Por otra parte, el hecho de que la producción de
Albéniz pueda fragmentarse en piezas sueltas, logrando mantener su autonomía respecto a
la obra a la que pertenecen, ha propiciado su presencia en los repertorios más variados y
dispares. Entre versiones originales y arreglos para otros instrumentos, las grabaciones
que hoy podemos encontrar en el mercado son incontables. Como mera introducción básica
nos ceñiremos a aquellas que, por su calidad y personal aportación han contribuido a su
mejor deleite.Como muestra de rigor y
fidelidad a la obra magna de Albéniz Iberia debemos comenzar este
apresurado recuento por la interpretación de Esteban Sánchez que, fallecido en el mejor
momento de su carrera, nos privó de una de nuestras más valiosas fortunas. Potente y
ensoñadora al mismo tiempo, su interpretación se ajusta perfectamente al plantel
expresivo de la partitura original, otorgándole a cada pieza la fuerza y el lirismo que
se merecen (Ensayo, 1975). De absoluta referencia también son las dos grabaciones que de Iberia
hiciera Alicia de Larrocha, en 1962 y 1986, para los sellos Hispavox hoy
comercializada por Emi y Decca respectivamente. La más internacional de los
pianistas españoles nos ofrece un Albéniz elegante, enjundioso y dotado de una precisa
entidad rítmica, trazando casi un canon para los músicos venideros. En los dos trabajos
se puede apreciar la evolución de nuestra artista, tanto en el manejo de la técnica como
en su pensamiento musical.
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De las versiones integrales de Iberia, no
podemos dejar de mencionar la de Rafael Orozco, pianista de altos vuelos y prontamente
desaparecido, llena de viveza y naturalidad, donde podemos apreciar toda la gama armónica
de Albéniz como si estuviésemos ante un cristal transparente, desde donde todos los
elementos se ven y oyen al mismo tiempo (Auvidis Valois, Londres, 1992). La catalana Rosa
Sabater, víctima de un accidente aéreo en 1983, nos dejó una sutil e importante
versión de los Cuatro Cuadernos. Delicada y severa a la vez, la sensibilidad de
esta estupenda pianista nos invita a profundizar en la plasticidad de la obra (RCA, 1967).
Especial atención requiere la del pianista vasco Ricardo Requejo, que realizara Claves
en 1986 y que le valdría el prestigioso Diapasón de Oro del siguiente año. Se trata de
una inteligente y personalísima versión, llena de matices poéticos y guiños
contemporáneos que, de alguna manera, actualizan la lectura de nuestro compositor, en la
que se incluye también Cantos de España.
Varias han sido las
incursiones
que Guillermo González ha hecho
en la obra de Albéniz. En 1996 grabó en directo una salteada versión de Iberia
para RNE, y en 1997 lo hizo para la casa Naxos,
así como dos magníficos registros
de la Suite española número 2 y
la Suite española, Op. 47.
Entre los pianistas que, a través de su mirada,
han profundizado fragmentariamente en el mundo de nuestro autor citaremos al chileno
Claudio Arrau, que nos dejó los dos primeros cuadernos de Iberia (Arlecchino,
1950), y la del gaditano José Cubiles, realizada diez años más tarde en Radio Nacional
de España y recuperada por el sello RTVE en 1992. Las dos se caracterizan por su misterio
evocador, respondiendo la primera a la técnica magistral de un artista en las puertas de
su madurez, transparente y briosa, y la segunda a unas manos magistrales cultivadas en el
repertorio español de la época. Como ejemplo reciente, mencionaremos el primer cuaderno
de Iberia y las 12 Piezas características, Op. 92, de Miguel Baselga, joven
pianista español que nos anuncia con este volumen nada menos que la recopilación de toda
la obra pianística del maestro (Bis, 1999), y a Ana Vega Toscano, que con su creadora
resonancia nos invita a escuchar la Rapsodia cubana, Op. 66, obra poco difundida e
incluida en la monografía titulada El piano en el salón romántico (SEDEM,1999).
En una no muy lejana
entrevista le preguntaron a Daniel Barenboim cuándo iba a decidirse a grabar Iberia.
Su tajante respuesta fue que, tras muchísimos años de estudio y después de haber
escuchado la impecable versión de Esteban Sánchez, poco le quedaba por decir. Sin
embargo, nos acaba de sorprender con una soberbia y singular reflexión de los Cuadernos
I y II (Teldec, 2001).
Conocedor de cada problema interpretativo,
Barenboim nos invita a conocer un Albéniz contenido, sobrio y profundamente metafórico.
Como director, ya en 1987 grabó al frente de la Orquesta de París (Ensayo) la conocida
transcripción orquestal de algunas piezas de Iberia que en su momento hiciera
Enrique Fernández Arbós en los años 1910 y 1917. Naturalmente hay que remitirse a la
histórica versión original de nuestro arreglista con la Orquesta Sinfónica de Madrid,
en los años 20 (Vaia), y que más tarde grabaran Ataúlfo Argenta y Erns Ansermet
(Columbia y Decca). |

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El acontecimiento musical más relevante de la
discografía musical española ha sido sin duda el rescate y
grabación de Merlin, ópera en tres actos que nuestro compositor terminara
en 1902, sobre un libreto escrito en inglés de Francis Burdett Money Coutts. El trabajo
de revisión de los materiales se debe a José de Eusebio, quien al frente del Coro
Nacional de España, el Coro de la Comunidad de Madrid, el Grupo Alfonso X el Sabio y la
Orquesta Nacional, reúne a figuras como Carlos Álvarez, Plácido Domingo, Jane Henschel
y Ana María Martínez (Decca, 2000). Nombres como Blanca Uribe, Jesús López Cobos, Stokovski,
Cristóbal Halffter, Andrés Segovia, Víctor Pablo Pérez, Fruehbeck de Burgos, Enrique
Pérez de Guzmán
o los hermanos Romero han iluminado la obra de Albéniz desde sus respectivos
tratamientos, junto
a meritorios trabajos imposibles de mencionar en esta breve nota simplemente orientativa.
Está en el laboratorio la reciente grabación de
la obra para voz y piano, editada en España por Antón
Cardó y Jacinto Torres. Esta interpretación, que lanzará en breve el sello Calando,
corre a cargo del propio Antón Cardó al piano, y con las voces de Elena Gragera
(mezzosoprano) y Francesc Garrigosa (tenor). |