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Características generales

 

Carlos III
Cambios en la política exterior
Carlos IV

Vista panorámica de la entrada del puerto de Mahón
 

Carlos III

Embarcado en la escuadra del marqués de la Victoria, Carlos III llegó a España procedente de Nápoles después de haber reinado allí veinticinco años (octubre de 1759). En política exterior, la postura inicial del Monarca fue continuista, pero la actitud nada neutral del Gobierno de Pitt, que fomentaba las agresiones británicas en las pesquerías de Terranova, los establecimientos comerciales en la costa de Honduras, el contrabando desde Jamaica, los ataques corsarios al comercio español y, por último, la falta de respuestas a las continuas reclamaciones hispanas, provocaron el acuerdo con Francia, muy necesitada de la intervención de Carlos III en la guerra de los Siete Años para paliar el derrotero muy adverso que llevaba la contienda para sus intereses. Por todo ello, a pesar de que España le convenía la paz se llegó al tercer Pacto de Familia (1761) que provocó la ruptura definitiva con la Gran Bretaña (2 de enero de 1762), ansiosa de anticiparse a los preparativos militares españoles.

En efecto, un ejercito británico al mando de Albemarle transportado por la escuadra de Pocock se apoderó de La Habana, a pesar de la resistencia opuesta por el capitán de navío Luis de Velasco en el castillo del Morro (29 de julio de 1762), mientras que otra escuadra al mando del almirante Cornish tomaba Manila en septiembre del mismo año. A todo esto, Pedro de Cevallos, gobernador de Buenos Aires, auxiliado por las fuerzas navales de Buenos Aires, rindió la Colonia de Sacramento (en el actual Uruguay) y rechazó el inmediato lusobritánico de recuperarla (noviembre de 1762). La paz de París (10 de febrero de 1763) permitió a España recuperar La Habana y Manila, a costa de devolver la Colonia de Sacramento y entregar La Florida a Gran Bretaña; en compensación, Francia cedió la Luisiana a España.

A partir de 1763 se abrió un período constructivo en que el Gobierno dedicó especial atención al fomento de la Armada y del comercio marítimo, plasmado en la apertura de los puertos de la Península al tráfico con América y Filipinas (1765). La paz sólo se vio turbada como consecuencia de la ocupación del archipiélago de las Malvinas por los británicos en 1765, que obligó a desalojarlos en 1770 por una escuadra al mando de Madariaga. La opción pacifista de Grimaldi y, sobre todo, la falta de apoyo de Francia, en contra de lo estipulado por el Pacto de Familia, evitaron la guerra, con la consiguiente evacuación de aquellas islas por parte española (1771). En 1777 se expulsó de nuevo a los portugueses de la Colonia de Sacramento por el general Cevallos, con la intervención de una escuadra al mando del marqués de Casa Tilly.





Cambios en la política exterior

La declaración de independencia de los Estados Unidos (4 de julio de 1776) y los nombramientos como secretario de Estado del conde de Floridablanca (1777) y de Marina en la persona de González de Castejón (1776-1783), cambiaron las relaciones exteriores de España, ya que, además de procurar el revanchismo para deshacer las ventajas británicas alcanzadas en el tratado de 1763, el realista y pragmático ministro persiguió como ejes de su política el acercamiento a Portugal, a Marruecos y Turquía y también mantener una cierta autonomía respecto a Francia. Para apoyar a los norteamericanos en su lucha contra la Gran Bretaña, las dos potencias borbónicas firmaron la convención de Aranjuez (1779), por lo cual Francia se comprometía a presionar para que España recuperase Gibraltar, Menorca, Florida y Belice. Abiertas las hostilidades y fracaso el intento de invadir la Gran Bretaña mediante una importante fuerza naval hispano-francesa (1779), las tropas españolas al mando del duque de Sotomayor y la escuadra de Barceló, apoyados por las fuerzas del duque de Crillón, pusieron sitio a la plaza de Gibraltar (1779), aunque la plaza, reabastecida por Rodney, que derrotó a Lángara en el cabo de Santa María (1780), prolongó las operaciones.

Un ejercito hispano-francés al mando de Crillón, con el auxilio de la escuadra de Buenaventura Moreno, recuperó Menorca (1782); finalizada la operación, se volvió a intentar de nuevo la conquista de Gibraltar, sometida a bloqueo por la escuadra de Luis de Córdova. Todos los medios empleados fracasaron ante la tenacidad de Lord Elliot, incluso las baterías flotantes de d'Arçon (1782), gracias también a los abastecimientos introducidos en la plaza por el almirante Howe, interceptado en su regreso por la escuadra combinada de Luis de Córdova en cabo Espartel con escasos resultados (noviembre de 1782); más éxito tuvo este general en el apresamiento de un gran convoy británico (1782).

En América, la acción conjunta de un ejército al mando de Gálvez y la escuadra de Solano, después marqués del Socorro, consiguió expulsar a los británicos de Florida, Honduras y Bahamas (1779-1782), lo cual aceleró el éxito de los norteamericanos en su lucha por la independencia. La paz se alcanzó en Versalles (3 de septiembre de 1783). España recuperaba Florida y Menorca, los británicos evacuaron Honduras, aunque se devolvían las Bahamas, y Gibraltar continuó bajo bandera de la Gran Bretaña; el tratado constituyó el primer fracaso de esta nación después de un siglo de éxitos. Los períodos de paz en el Atlántico fueron aprovechados en el Mediterráneo para hacer política propia de acercamiento al mundo islámico.

El primer tratado de paz y comercio con Marruecos se firmó en 1767, gracias a la labor diplomática de Jorge Juan, pero no tuvo efectividad hasta 1780, después del paréntesis de un año de guerra en que los marroquíes fracasaron en sus ataques a Melilla y Peñón de Vélez (1794), plazas sostenidas por las fuerzas navales destacadas desde Cádiz y Cartagena. También fracasó una tentativa española contra Argel con el ejercito al mando de O'Reilly, apoyado por la escuadra de González Castejón (1775). En 1782 se firmó un tratado de paz y comercio entre España y Turquía, lo que dio origen a la visita de Aristizábal a Constantinopla con una escuadra de navíos (1785). En Argel hubo que acudir a la fuerza por medio de bombardeos sucesivos de la escuadra de Barceló en 1783 y 1784, aunque no consiguieron el propósito de obtener una paz estable; sólo una tercera demostración, esta vez a cargo de Mazarredo (1785), forzó un tratado que a la larga tampoco fue ratificado, al no reconocer Argel la posesión de Orán por España.





Carlos IV

La muerte de Carlos III (14 de diciembre de 1788) y el inicio de la Revolución Francesa (1789) iban a trastocar el equilibrio europeo forjado a través de todo el siglo XVIII. Al ascender al trono el rey Carlos IV, mantuvo a Floridablanca en el poder hasta 1792, en que el conde de Aranda, tras unos meses en el poder, dio paso a Manuel Godoy para tomar las riendas del Gobierno (1793). La ejecución de Luis XVI provocó la guerra contra la Convención, que si bien fue favorable en sus inicios —invasión del Rosellón por Ricardos y ocupación temporal de Tolón por una escuadra hispanobritánica al mando de la invasión de España por Cataluña y el País Vasco (1793-1795)— durante la campaña actuó la escuadra de Gravina en apoyo del ejército de Cataluña. Firmando la Paz en Basilea (1795) se pasó, gracias al tratado de San Ildefonso (1796), al más absoluto entreguismo a los dictados de Francia, lo que provocó la guerra con Gran Bretaña (1796).

El estado de impreparación de la Armada a causa del favoritismo en la designación de los mandos y la ruina de la Hacienda, a pesar de los esfuerzos de Antonio Valdés, Secretario de Marina e Indias de 1783 a 1795, y de Juan de Lángara (1796-1799), son el origen del desastroso combate de San Vicente (14 de febrero de 1797) entre las escuadras de Jervis y José de Córdova. en Tenerife fracasó Nelson y en san Juan de Puerto Rico corrieron la misma suerte el almirante Harvey y el general Abercromby (1797), pero en el mismo año los británicos tomaron las islas de Trinidad y Menorca. La escuadra española del Océano, ya al mando de Mazarredo, quedó bloqueada en Cádiz (1798-1799) y después en Brest bajo el mando de Gravina (1799-1802), mientras una tentativa británica contra El Ferrol era rechazada (1800), paz precaria por la que Gran Bretaña devolvía Menorca, pero España perdía la isla de Trinidad. La actitud hostil británica, a causa del convenio de neutralidad firmado con Napoleón, provocó una nueva guerra iniciada tras el ataque que en plena paz sufrió una formación de cuatro fragatas al mando de Bustamante (1804).

 
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