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Jardiel creía en la permanencia de su obra.
Y así lo escribió, con firme convicción: «sé perfectamente que cuando yo desaparezca
de la esfera activa, hasta los que ahora los niegan con mayor cerrazón, estarán de
acuerdo en reconocer el ímpetu y la indelebilidad de esa influencia individual mía sobre
las letras españolas actuales» (Exceso de equipaje). Confirmación de la permanencia, en los días actuales, de
la literatura de Jardiel es el interés que suscita asiduamente en lectores, espectadores,
estudiosos, eruditos, directores de teatro, etc., así como las reediciones de sus novelas
y de sus comedias, acompañadas algunas de extensos prólogos y de profusión de
comentarios y notas. Y la celebración de congresos. Y la publicación de libros de
carácter biográfico y de monografías sobre sus obras. Trabajos tan distintos como
numerosos que coinciden en considerar y consagrar a este escritor, dicho con palabras
habituales, como un clásico de nuestra literatura, o, lo que debe ser lo mismo, como un
autor permanentemente vivo.
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