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Uno de los principios de la estética teatral
jardielesca, meta y fundamento de su teatro, declarado repetidas veces por el autor, fue
la aspiración a lo inverosímil. Desde su primera obra se nos aparece empeñado en romper
con las formas tradicionales de lo cómico en el teatro, atadas a lo verosímil y a la
realidad posible. Es esta aspiración, no siempre realizada, llena de claudicaciones y
concesiones a un público reacio a romper con la costumbre de una risa provocada por unos
mismos elementos y mecanismos de comicidad chiste lingüístico, equívoco,
deformación y exageración fundados en lo real verosímil, la que constituye la
más visible constante del teatro de Jardiel.
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