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Agotado y casi eclipsado, disminuido
por un bosque de espaldas, cuando mejor indiferentes, Enrique Jardiel Poncela entra hoy
por derecho propio en la Plaza Mayor del Recuerdo, ocupando con su mínimo volumen, el
caballo ecuestre de la estatua que le corresponde en la historia de nuestra literatura
española como el humorista más completo que nuestro siglo ha dado. |